El 'sintecho' que lleva 3 semanas en prisión preventiva por saltarse el confinamiento
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VIVE EN PALMA Y ESTÁ A LA ESPERA DE JUICIO

El 'sintecho' que lleva 3 semanas en prisión preventiva por saltarse el confinamiento

L. G., de 48 años, no tiene hogar y ni siquiera está empadronado. Le gusta pasear cerca del mar, charlar con mayores y dormir en parques. Está en la cárcel desde el 25 de marzo

Foto: Vista de la prisión de Palma. (EFE)
Vista de la prisión de Palma. (EFE)

Él ha decidido vivir siempre como ha querido.

Una o dos semanas sí puede estar en la casa de algún familiar, pero luego se cansa.

Necesita volar, ir a su aire, mojarse los pies en el Mediterráneo. Y respirar libertad.

No tiene hogar, ni pareja ni hijos. Tampoco está empadronado en ningún lugar.

No tiene antecedentes penales… Y, a pesar de ello, está en la cárcel.

L. G. lleva desde el 25 de marzo en la prisión de Palma. ¿Presunto delito? Saltarse varias veces el confinamiento en el estado de alarma. ¿Adónde podría ir? A ningún sitio. Bueno, puede ir la Biblioteca Pública del Estado, donde carga el móvil y se pasa las horas leyendo libros de Historia, su última pasión, o biografías de directores o actores de cine. También podría ir a alguna plaza de la capital mallorquina, como la de los Delfines, o la de los Patines o la de España, donde suele hablar con mayores, tomarse un cafelito, y allí, cuando hace buen tiempo, se queda a dormir.

“Él nunca ha creado ningún problema y no desea el mal a nadie”, cuenta a El Confidencial un familiar. Esa familia que no quiere que se desvele su nombre ni sus apellidos, esa familia que lucha por saber algo de él. No pueden hablar con L. G. desde que ingresó en la cárcel. Lo han intentado, pero en el centro penitenciario de Palma solo les dicen que está bien, y algunos días, como ayer mismo (y el lunes y el martes pasados), ni siquiera le atienden al teléfono.

Cita frases de memoria de Sócrates y Descartes. Un hombre de formas exquisitas alejado de convenciones que acude a comedores sociales

Claro que a sus familiares les gustaría que L. G. tuviera “su casita y una vida normal”, pero L. G. es así: alguien con estudios no más allá de la EGB y que es culto. Ahora es la Historia, pero la Filosofía forma parte indispensable de su vida. Cita frases de memoria de Sócrates y Descartes. Un hombre de formas exquisitas alejado de convenciones que suele acudir a comedores sociales.

Este ameno conversador que "habla por los codos", cuenta una persona cercana, mira por los demás antes que por sí mismo. Le han ofrecido ir a albergues (no solo en esta situación de confinamiento) y lo ha descartado porque dice que hay personas que lo necesitan mucho más, que están más necesitadas.

Se crio en la playa de Palma y es un experto en tatuajes. Hace caricaturas, retratos y pinturas. Y el mar, siempre mirando el Mediterráneo palmesano andando todo el marítimo buscando su lugar en el mundo. Ahora, en el módulo preventivo de la cárcel de la carretera de Sóller, su familia cree que podrían hacerle un examen psicológico. “Me da la sensación de que le han podido coger como cabeza de turco”.

Foto: Lenin Antonio Rubio, uno de los sin hogar, en la vacía T4. (R. M.)

Las risas familiares de enero

El Confidencial contactó ayer con servicios sociales del centro penitenciario que remitieron a la subdirección de la cárcel y de ahí a la Secretaría de Instituciones Penitenciarias, que así contestó a este diario tras preguntarle por la situación de L. G.: “Todos los internos preventivos se encuentran a disposición de la autoridad judicial que ordenó su ingreso en prisión, y es esta autoridad judicial quien determina si habrá juicio o no en cada caso. Por lo tanto, no podemos darte la información solicitada porque nosotros la desconocemos”.

No entienden sus más cercanos por qué no hay un juicio. Creen que podría necesitar asistencia mental y que la soledad buscada de este hombre de 48 años la asociaba también con momentos de compartir emociones. Una de las últimas y de las que más disfrutó estuvo trufada de risas y de sus grabaciones de vídeo en el móvil. Fue en las pasadas fiestas de San Sebastián de enero, cuando ‘Ciutat’ ardía de ilusión, ajena a la pesadilla del Covid-19.

Justo ese fin de semana llovió y hacía frío. Aquel día, salió el sol en Palma. "Parecía que hubiera sido aposta; el tiempo nos dio una tregua para disfrutar en familia". Fue la última vez que tuvieron la oportunidad de estar en la compañía de L. G., el 'sintecho' que adora la libertad.

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