POR SER UNA INFRAESTRUCTURA CRÍTICA

"Volveremos. La T4 es nuestra casa": Barajas echa a 100 sin techo refugiados del Covid

La policía y la seguridad del aeropuerto expulsan de la T4 a personas sin hogar que se habían refugiado por el estado de alarma. Interior y Transportes explican que es una infraestructura crítica

Foto: Lenin Antonio Rubio, uno de los sin hogar, en la vacía T4. (R. M.)
Lenin Antonio Rubio, uno de los sin hogar, en la vacía T4. (R. M.)

Son los últimos de la T4. A los sin techo residentes habituales en el aeropuerto de Barajas se han unido decenas más que con el estado de alarma no pueden estar en la calle. Su estancia ya no pasa desapercibida, no se pueden camuflar entre los viajeros. En la fantasmagórica T4, prácticamente todos los que están sentados en los bancos tienen a su lado un carro lleno de bolsas de plástico prueba de una larga estancia. Tanto, que la policía y la seguridad del aeropuerto empezaron el jueves por la tarde a echarlos. Interior y Transportes, según fuentes conocedoras del procedimiento, consideran que al ser una infraestructura crítica solo pueden estar allí trabajadores y viajeros con tarjeta de embarque. "No puedo ir a la calle, no tengo nada. El metro cuesta cinco euros"; protestaba uno. "Al metro. El metro es gratuito", respondía un guardia. La expulsión de la instalación pública llega después de que Pablo Iglesias se saltara la cuarentena para anunciar medidas a favor de los sin hogar.

Lenin Antonio Rubio tiene una barba larga desaliñada, la mirada huidiza y unos pantalones destrozados. Lenin, guatemalteco de 32 años, cuenta que lleva un año viviendo en el aeropuerto de Barajas. "Ni me tumbo, me siento aquí y me echo un sueño", explica en un banco de la terminal, como diciendo que no hace mal a nadie. Lenin lleva un pómulo algo golpeado y dice que está intentando volver a su país, pero que no consigue el dinero y que una vez que logró un pasaje se lo robaron.

"Ni me tumbo, me siento aquí y me echo un sueño""; explica Lenin, un guatemalteco que lleva un año en el aeropuerto


Como él, decenas de personas sin hogar han hecho de Barajas su hogar. En condiciones normales, entre millones de pasajeros, solo el ojo experto los distingue. Pero hoy, en estado de alarma y con el país confinado, son prácticamente los únicos usuarios de la Terminal 4, la única que queda abierta en Madrid para los pocos vuelos que se mantienen.

Lenin es de los habituales, pero en los últimos días han venido más. Algunos van bien vestidos y no es fácil discernir si es uno de los pocos viajeros. Uno de ellos, un andaluz que pide no dar su nombre, lleva un pantalón de chándal y un forro polar azul. Solo las bolas de plástico en el carrito sirven de indicio. Cuenta que llegó hace un par de días después de unos años en la calle "desde que la cosa se torció". La T4, explica, es más acogedora y más libre que un albergue. Además, se han trasladado allí los residentes de las terminales 1, 2 y 3, hoy cerradas. Con el estado de alarma, las personas sin hogar no pueden estar en la calle, pero muchos habían encontrado en la terminal de Barajas un refugio. "Hay un centenar, han venido muchos", cuenta un guardia jurado. Otras fuentes explican que había contabilizados 82 y que la noche del jueves solo quedaban dos.

Gabi, un rumano de 42 años, con su perro Leo, abandona la terminal expulsado. (R. M.)
Gabi, un rumano de 42 años, con su perro Leo, abandona la terminal expulsado. (R. M.)

El aspecto de la Terminal 4 es muy extraño. Todos los bares cerrados, los pasillos vacíos, solo un mostrador abierto, las escaleras mecánicas mudas, los ascensores cerrados, y las pantallas de vuelos casi sin anuncios. Varios de los grandes edificios del 'parking' de la entrada están cerrados. La acumulación de sin techo ha generado algunos problemas. Los trabajadores han denunciado que la reunión de personas sin hogar y toxicómanos había aumentado la inseguridad y que había habido algún robo en las oficinas.

El jueves por la tarde, se cortó de raíz. Las autoridades —la Policía Nacional, del Ministerio del Interior, y la empresa pública AENA, dependiente de Transportes— decidieron que solo quien tuviera tarjeta de embarque podía entrar al edificio además de los empleados. Así lo transmitían a los sin hogar los agentes a la vez que los guardias comenzaron a preguntar en las puertas a los pasajeros, como confirman fuentes conocedoras de lo ocurrido. Los sin hogar abandonaban el lugar por las cintas mecánicas escoltados por los agentes. La policía y la seguridad del aeropuerto iban con mascarillas, pero ninguno de los expulsados llevaba.

La expulsión de la infraestructura pública llega después de que Iglesias se saltara la cuarentena para anunciar medidas para las personas sin hogar


Gabi, un rumano de 42 años que lleva en su carro a su perrito lanudo, llamado Leo, se queja de no tener un destino posible. "En el metro no puedo entrar con el perro, pero nos echan a la calle. Sin alternativa". Lo hacían policías nacionales y guardias de seguridad del aeropuerto que iban uno por uno, lo que generaba momentos de tensión. Alguno se rebelaba; otros agachaban la cabeza y recogían. En condiciones normales, Barajas tiene un convenio con el Samur para que se encargue cuando expulsa a un sin hogar. En los últimos días han pasado, sin éxito, para intentar convencerlos de que abandonen una infraestructura considerada crítica, según fuentes conocedoras de la situación.

Cuando echaban a Lenin, al rato volvía por otra puerta con las manos en los bolsillos de sus vaqueros destrozados. "El virus son ellos. Ayer salí y estuve caminando hasta las tres de la mañana, pero tuve que volver porque no encontré nada". En otro banco, una mujer afirma digna que ella solo estaba esperando un día a que vinieran a buscarla para ir a Valladolid y que acababa de llegar de Suiza.

El Gobierno ha aprobado medidas para las personas sin hogar. Es una de las competencias de la vicepresidencia de Pablo Iglesias durante el estado de alarma y así lo anunció en Moncloa en la rueda de prensa a la que acudió saltándose la cuarentena domiciliaria que él mismo había anunciado. Pero el jueves eran expulsados de Barajas sin alternativa. Ya en el exterior, Juan, uno de ellos, de larga barba blanca, resumía, mientras buscaba sin suerte una moneda olvidada en las máquinas de agua de la puerta, cómo lo veía. "Al Samur le han dado unos pabellones, pero yo no quiero ir. Que yo sepa, el aeropuerto sigue abierto, así que volveremos. Es nuestra casa".

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