"A esos que quieren resucitar los odios de la Guerra Civil los ponía yo en 1933 o en 1936"
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Entrevista a Alejandro Nieto

"A esos que quieren resucitar los odios de la Guerra Civil los ponía yo en 1933 o en 1936"

Noventa y un años lo contemplan con el ánimo, o desánimo, de toda una vida clamando contra el desierto de lo ineficiente, lo superfluo, lo artificial…

Foto: Entrevista a Alejandro Nieto. (Ana Beltrán)
Entrevista a Alejandro Nieto. (Ana Beltrán)

Cuando Alejandro Nieto se jubiló como catedrático, Eduardo García de Enterría, figura imponente de los juristas españoles, contó de él en un homenaje un rasgo definitorio de su personalidad. Al acabar la carrera de Derecho, varios catedráticos del momento rechazaron dirigirle la tesis doctoral porque —decía García de Enterría— "el Derecho Administrativo como tal no le interesaba especialmente, sino que lo que le acuciaba, con la pasión que ya entonces marcaba su carácter, era más bien la reforma de la Administración y de la burocracia en particular, de la que, vista desde dentro, dada su condición funcionarial, tenía la peor opinión". Desde entonces hasta la actualidad, lo que no ha cambiado ni un ápice en Alejandro Nieto es la pasión de su carácter disconforme, crítico hasta la acidez, con los desmanes del "desgobierno de lo público", que es su tesis reafirmada a lo largo de décadas.

Noventa y un años lo contemplan con el ánimo, o desánimo, de toda una vida clamando contra el desierto de lo ineficiente, lo superfluo, lo artificial… Catedrático Emérito de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid, Alejandro Nieto García (Valladolid, 1930) ha sido también presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y Premio Nacional de Literatura en la categoría de Ensayo, además de numerosas condecoraciones y reconocimientos. En su apacible descanso de jubilado, Alejandro Nieto sigue participando en conferencias y charlas y, cuando echa la vista atrás, lo desolador es que describe una pendiente de empeoramiento; esta pendiente por la que nos deslizamos.

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Foto: A. B.

PREGUNTA. Entonces, don Alejandro, a su juicio, ¿el desgobierno es una constante en la democracia española?

RESPUESTA. En los primeros años, al menos se intentaba gobernar, pero desgraciadamente se ha ido a peor. Cuando escribí 'El desgobierno de lo público' (Editorial Ariel, 2008), no podía sospechar que íbamos a caer todavía más. A veces, incluso añoro aquellos tiempos, fíjese… El deterioro ha sido progresivo. Se empezó bastante bien, con aquel espíritu de 'profundización de la democracia' que era la ilusión de solucionar muchas cosas que funcionaban mal. Pero no, en vez de profundizar en la democracia en lo que se ha profundizado es en un progresivo hundimiento.

P. Al desgobierno, según su tesis, se llega por una de las mayores perversiones que puede tener una democracia, la existencia de dos mundos paralelos, el oficial y el real. Si damos por bueno ese concepto, ¿quién estaría dentro del mundo real y quién fuera? Además de la clase política, ¿quién? Universidades, intelectuales, jueces, periodistas, empresarios, sindicatos…

R. Casi todos, pero le corrijo antes que la diferenciación entre mundo oficial y real no es mía; muchos autores lo han analizado desde principios del siglo pasado, por ejemplo, Ortega y Gasset. Quizá lo único que hice fue redescubrirlo, porque estaba olvidado. Pero bueno, a lo que me preguntaba. Las Universidades, en general, porque siempre hay excepciones, viven absolutamente en el mundo oficial, inventado por ellas, y del que se alimentan cada vez más beneficiados. ¿Los sindicatos? Dios mío, pero si da hasta vergüenza decirlo: los aparatos sindicales no se ocupan para nada de los problemas de los trabajadores, sino que se meten en aventuras políticas descabelladas olvidándose de que no son partidos políticos. Los jueces, por el contrario, quieran o no quieran, tienen que estar más en la realidad, porque les viene impuesta. Aunque les gustaría vivir en su mundo, los ciudadanos llevan al juzgado conflictos singulares que sí pertenecen al mundo real, que son el objeto de los pleitos. Con los empresarios ocurre tres cuartos de lo mismo. ¿Cómo no van a estar en la realidad si, como se descuiden un poco, se arruinan? Por eso se oponen, como ahora, a que le puedan subir una décima las cotizaciones, por las consecuencias que tiene en la viabilidad de los negocios.

P. ¿Y los medios de comunicación?

R. Ay, los medios de comunicación… Pues deberían estar en la realidad, pero no ocurre así porque se obsesionan con determinadas cuestiones del mundo oficial, que no son de interés de los ciudadanos, y se asoman poco a la calle. Yo diría, en suma, que los medios de comunicación tienen un pie en la realidad de la calle y el otro pie en la realidad que se inventan.

"Yo diría, en suma, que los medios de comunicación tienen un pie en la realidad de la calle y el otro pie en la realidad que se inventan"

P. Usted avanzó lo del desgobierno de lo público en 2008. Ya habían pasado en España gobiernos del PP y del PSOE, con lo cual imagino que los haría corresponsables. Después vino Podemos y la contestación en la calle del 15-M… ¿Qué ha pasado?

R. Al PSOE y al PP los hago corresponsables, claro, por supuesto. Y en cuanto a la contestación en la calle, lo que digo es que fue mínima y, en todo caso, que, en su momento de mayor apogeo, en la Puerta del Sol y en otras muchas ciudades españolas, fue algo súbito que duró muy poco. Quitando a los activistas y a los profesionales de ocupar la calle, la participación ciudadana fue mínima. Que cien personas ocupen y corten una avenida principal no es una movilización ciudadana en una ciudad de varios millones de habitantes. No, no creo en ese supuesto poder de la calle, porque ni lo veo ni sé lo que significa; en lo que sí creo y veo es en una gigantesca manipulación que siempre ha existido pero que ahora es mucho más fácil. Por lo general, lo que veo es una sociedad bastante ignorante, además de acomodada y escandalosamente manipulada.

P. ¿Y no es paradójico que ahora, que disponemos de más posibilidades que nunca para acceder a la información, sea más fácil manipular a las masas?

R. Es que yo no estoy de acuerdo en que ahora estemos más informados; no creo que en estos tiempos tengamos más información reflexiva que en otros tiempos. Lo que tenemos es un chaparrón enorme de noticias que los destinatarios no pueden asimilar. Nos llegan las noticias, pero qué está sucediendo en realidad. ¿Qué pasó en Estados Unidos cuando asaltaron el Congreso? ¿Qué está pasando ahora en la frontera entre Bielorrusia y Polonia? ¿Por qué de repente sube de esta forma la electricidad? ¿Por qué tuvo esas consecuencias que España acogiera a Brahim Ghali, el líder del Frente Polisario? Tenemos fotos, declaraciones, estadísticas, pero la sustancia de todas esas noticias no la conocemos. Disponemos de millones de noticias, pero dudo que sepamos realmente lo que pasa. Ni idea.

P. ¿Todo esto configura en la sociedad un terreno abonado para el populismo?

R. Claro, claro. A ver, el populismo ha existido siempre, lo que ocurre es que ahora es tan descarado que se puede señalar fácilmente con el dedo. Uno de los primeros populismos de la historia es el de la maquinaria eclesiástica, por ejemplo: 'aguanten ustedes las penurias que están pasando que al final irán al cielo'. Lo de ahora es que basta con rascar un poco para detectarlo. De todas formas, el fenómeno no se da sólo en política, aunque ahí sean más evidentes los casos de populismo, sobre todo en la extrema izquierda y en la extrema derecha.

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Foto: A. B.

P. ¿Lo ocurrido en Cataluña es una expresión de populismo o también obedece a otras razones?

R. Las dos cosas. Y lo realmente sorprendente es que sucedió, como quien dice, de la noche a la mañana, aunque esa noche durase diez años. En aquellos años yo vivía en Cataluña y, de repente, personas con las que tenías trato a diario se convirtieron en independentistas. No lo habían sido nunca, pero sucedió: primero eran catalanistas, Pujol y los suyos en una maniobra habilísima los convirtió en nacionalistas y de ahí a independentistas. Y te decían: 'yo es que soy independentista porque he sido siempre catalán'. Oiga, y qué tendrá que ver una cosa con otra. Eso es lo extraordinario, gente que jamás había pensado en la independencia se sienten ahora independentistas. Ya veremos lo que les dura…

P. El presidente del Gobierno está convencido de haber encauzado el problema catalán. ¿Usted lo ve así? ¿Se ha pasado ya el riesgo del 'España se rompe'?

R. España no se va a romper por la sencilla razón de que la independencia de Cataluña no depende ni de los catalanes ni de los españoles, es un problema internacional. Ya pueden ser independentistas el noventa y nueve por ciento de los catalanes, que no habrá independencia mientras exista el actual rechazo internacional. Ocurriría igual en sentido contrario: si internacionalmente interesara la pulverización de los Estados que componen la Unión Europea, de forma inmediata sería independiente Cataluña, al igual que Córcega y el norte de Italia, como Normandía y Bretaña… Y en el centro y en el Este de Europa, ni siquiera sabemos la cantidad de países que surgirían. Así que mientras que la comunidad internacional se mantenga en esta posición contraria a la independencia de Cataluña, ya pueden decir los catalanes lo que quieran.

P. Quizá ese es el principal error estratégico del independentismo, que siempre confió en un gran respaldo internacional.

R. Así es, y mira que lo han hecho bien. Han sabido extender su versión por todas partes, con muchos medios y mucho dinero, mientras que el Gobierno de España, lamentablemente, se quedaba de brazos cruzados. No ha habido embajada española capaz de contrarrestar la ofensiva independentista en el extranjero. De forma que ahora nos encontramos con que en Europa piensan que aquí la Policía está todo el día torturando catalanes y que los españoles, que son ajenos a Cataluña, los han invadido y ocupado. Lo venden muy bien, sí señor, y cuentan con que el Gobierno no ha movido ni un dedo para evitarlo.

"El independentismo ha sabido extender su versión, mientras que el Gobierno de España se quedaba de brazos cruzados"

P. La corrupción política también está en los orígenes del salto del catalanismo al independentismo, pero su visión es mucho más amplia. Usted sostiene que el primer agente de la corrupción en el sistema democrático son los partidos políticos, que "son corruptos de primera magnitud".

R. De hecho, mi impresión es que la corrupción sigue campante en España, solo que ahora es cauta. Ya sé que es una afirmación mía que no puedo demostrar, pero la magnitud de la corrupción es la misma. Me dirán, pues si no puede demostrarlo, cállese. Pues no me callo.

P. Una persona como usted, que ha dicho cosas como que "en las áreas del Poder no se piensa, se improvisa" o que "la administración se organiza con vistas a la mediocridad y la holganza", ¿podría considerarse un antisistema?

R. Si supiera lo que es un antisistema, sí. Pero como no lo sé me callo por prudencia y, además, veo por ahí a quien se declara antisistema… Pues entonces no, porque si voy de brazo de esos, mal asunto.

P. Pero sus reticencias con este modelo de democracia no han decrecido con el paso de los años.

R. Mi reticencia tiene que ver con que este sistema es partitocrático, no democrático. Aquí los votantes no pintamos nada. Mencionaba usted antes la mediocridad de la administración pública... Pues mire, ese es un asunto que yo hecho en falta en los medios de comunicación, que no se preocupen del desastre de la administración pública en España, y eso que antes no era gran cosa. Con el nuevo modelo de Estado, la administración se ha multiplicado y el resultado es que las cosas funcionan mal y con un coste para las arcas públicas muchísimo más elevado.

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Foto: A. B.

P. Antes hablábamos de los jueces en general, pero ¿qué opinión tiene de la cúpula judicial? Por ejemplo, de la reciente renovación del Tribunal Constitucional, aunque institucionalmente no pertenezca al Poder Judicial.

R. Donde ha producido un mayor escándalo la renovación del Tribunal Constitucional ha sido entre los juristas, que es donde se conoce mejor a esos señores. Que estuvieran escorados hacia un partido o hacia otro, ya se daba por supuesto, pero lo que más escándalo nos ha producido a los juristas es la categoría profesional. ¿Pero quiénes son estos señores? Si, aunque fueran descaradamente del PP, del PSOE o de Podemos, se tratara de juristas reconocidos, de gran prestigio, pues diríamos, "vale, bueno…". Pero es que no es así. El deterioro del Tribunal Constitucional no se produce por la politización de los nuevos miembros, sino porque cada vez tienen menos nivel profesional. Sin desconocer sus méritos, están a muchas leguas de la altura científica, jurídica y profesional de sus antecesores. En cada renovación del Tribunal Constitucional se ha ido bajando el nivel y a los de ahora los conocíamos por sus veleidades políticas, no por la calidad de su trabajo profesional.

P. Es decir, que a su juicio se ha pasado una 'línea roja'

R. La 'línea roja' es una elegante expresión de moda; en realidad se ha pasado la línea de la vergüenza. Hace tiempo que nos estábamos acercando, pero ahora se ha caído de bruces en la desvergüenza.

"En la Transición nos prometimos olvidarnos de todo, avanzar, y ahora llegan estos diciendo: no nos olvidamos de nada"

P. ¿Y la Ley de Memoria Democrática? Una persona como usted, de 91 años, ¿cómo recibe estas noticias para iniciar procesos penales sobre el franquismo y derogar la Ley de Amnistía de 1977?

R. Me provoca náuseas. Mire, por mi edad yo he vivido la tensión anterior a la Guerra Civil. Es verdad que ahora hay odio, pero lo que yo viví, y aún recuerdo, era terrible. Luego viví también el odio y la violencia de la Guerra Civil y de parte de la posguerra. Cuando llegó la Transición y la democracia, fue un respiro inmenso y un reconocimiento de que había que superar todo aquello, ni buenos ni malos. Poder iniciar una etapa nueva, en la que podíamos salir a la calle tranquilamente, fue un alivio inmenso para todos los que experimentamos el odio del año 36, del 40, del 50… Que vengan ahora diciendo que hay que establecer la división de buenos y malos, que los que cayeron en una provincia eran todos buenos, qué casualidad, y los que cayeron en otra, eran todos malos… A los que les pilló la guerra en Valladolid, eran todos fascistas malos, y a los que les pilló en Ciudad Real, eran todos republicanos buenos. Y los que nacieron en un año determinado, también son malos. En fin… Mire usted, los que se dedicaban a asesinar, lo hacían en una zona o en la otra, vestido de camisa azul o con el pañuelo rojo en el cuello, o el pañuelo rojo y negro. Que haya gente que quiera rescatar todo eso, pues vale, pero que se haga deliberadamente desde el Congreso de los Diputados es lo que me produce náuseas. A todos esos que quieren resucitar los odios de la Guerra Civil los ponía yo en 1933 o en 1936 para que se enterasen. En la Transición nos prometimos olvidarnos de todo, avanzar, y ahora llegan estos diciendo: no nos olvidamos de nada. Y todo es artificial porque los recuerdos personales de lo que ocurrió, de aquellos años terribles de odio y de violencia, ya los tenemos muy pocas personas por razones de edad, claro.

P. De la historia de su familia, ¿cuál es el recuerdo más vivo que tiene usted de aquellos años?

R. Cuando acabó la Guerra Civil yo tenía nueve años y lo normal es que, a esa edad, te olvides de muchas cosas, pero no de las que te provocaban un impacto tan grande como las de aquella época. Por eso me acuerdo de muchas cosas, por supuesto, porque no se borran de la mente. Mire, mi familia es muy numerosa y tengo experiencias, de un bando y de otro, repartidas por toda España. Nunca se me olvidará, por ejemplo, a un primo mío que le pilló el 18 de julio en Madrid y, naturalmente, fue enrolado en el Ejército Republicano. Me contó que cuando estaba en el frente, pegando tiros, sabía que en la trinchera de enfrente podía estar matando a alguno de sus hermanos, o de sus primos, porque el único que cayó en zona roja fue él. Y sobrevivía con esa carga, hasta que un día, en la batalla del Ebro, que fue horrible, lo golpearon con una piedra en la cabeza. Cayó al suelo inconsciente un largo rato y, al recobrar el conocimiento, se vio en medio de ese horror y, aún medio aturdido, se preguntó: 'pero Paco, qué haces tú aquí, que no sabes ni con quién luchas ni porqué luchas'. Así que volvió a tirarse al suelo hasta que se lo llevaron a la enfermería y desde entonces pasó por completo de la Guerra.

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