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Génova impondrá su agenda y sus tiempos a los barones para sellar la unidad del PP
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COORDINACIÓN MÁXIMA CON LOS TERRITORIOS

Génova impondrá su agenda y sus tiempos a los barones para sellar la unidad del PP

La dirección nacional se coordinará con las estructuras autonómicas para aplicar la agenda de congresos que ha decidido, para desarrollar el programa de gobierno de Casado y para mostrar unidad con el líder

Foto: Pablo Casado da dos besos a Isabel Díaz Ayuso tras saludar al resto de barones del PP, este sábado, en Valencia. (EFE)
Pablo Casado da dos besos a Isabel Díaz Ayuso tras saludar al resto de barones del PP, este sábado, en Valencia. (EFE)
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A partir de la segunda quincena de octubre va a producirse una anomalía: el PSOE y el PP van a coincidir en algo. No es una ley. No es la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Es una estrategia. Socialistas y populares, en cuanto acaben el congreso federal y la convención nacional, respectivamente, van a activar una maquinaria enorme de estructuras territoriales para lograr la victoria en las elecciones generales de 2023.

La sede del PP en Madrid, en la calle Génova, no va a esperar mucho tiempo. El lunes, sin que hayan pasado 24 horas desde el discurso de clausura de Pablo Casado, va a desplegar el calendario de congresos autonómicos que restan, entre los que se encuentran algunos cargados de morbo ya desde mucho antes de que se celebren. El que más inquietud genera es el de Madrid porque Isabel Díaz Ayuso ha avanzado que en breve presentará su candidatura. La dirección nacional no se opone, pero ha transmitido al equipo de la presidenta madrileña que los plazos y las fechas serán los que fije Génova. No hay vuelta de hoja aquí, recalcan las fuentes de la cúpula de los populares que han hablado con El Confidencial.

Foto: Pablo Casado junto a los presidentes autonómicos del PP. (Tarek)

El malestar y el recelo han quedado enterrados en Valencia. A decir verdad, antes de la convención ya lo estaban. Ayuso, como era de prever, pues ella es quien ha protagonizado el último duelo con la dirección nacional por el control del PP madrileño, concitó una expectación desmesurada en la capital levantina. Su presencia arremolinó a decenas de periodistas y su entrada en el escenario atrajo todas las miradas. Afirmó que su meta es la presidencia de la comunidad y agradeció a Casado la apuesta por ella cuando era una desconocida y motivo de sarcasmos y mofas hasta en su propio partido.

placeholder Ayuso, antes de su participación en la convención del PP. (EFE)
Ayuso, antes de su participación en la convención del PP. (EFE)

La mesa de debate de los barones ilustró la prioridad de Génova en estos momentos: la unidad. Era una necesidad hasta este domingo. A partir del lunes, será una obligación. Por lo que dijeron, ni Alberto Núñez Feijóo, ni Juanma Moreno, ni Alfonso Fernández Mañueco, ni Fernando López Miras, ni la propia Ayuso pondrán palos en la rueda. Unidad, unidad y unidad, proclamaron. Casado, Casado, Casado, enfatizaron. Todos defendieron sus gestiones como contraposición a la del Gobierno de Pedro Sánchez y todos dejaron claro que Vox no entra en ecuaciones electorales. Interesa agrupar al centroderecha. Lo que resida más allá, está fuera de foco. Por ahora.

El uso del tiempo, desde Madrid

Que el PP de Madrid es la estructura territorial más poderosa del partido está fuera de toda duda. Es la más influyente. Dar impronta a este enorme operativo de intereses es un objetivo al que no renuncian en Sol, sede de la Presidencia autonómica, ni en Génova. La dirección nacional tiene más o menos asumido que si Ayuso da el paso, nadie la detendrá. Podrán restarle apoyo, para lo que podrían contar con Ana Camins antes que con José Luis Martínez-Almeida. Ella no tiene nada que perder, pero él sí, pues es el alcalde de la capital de España. Pero, efectivamente, sería casi imposible apartarla de su aspiración.

Camins, sin embargo, ha llevado a cabo a lo largo de las últimas semanas una agenda propia, muy pegada a Génova, en virtud de su cargo en la gestora que dirige a los populares madrileños desde hace tres años. Puede que se haya granjeado apoyos en municipios importantes. En cualquier caso, doblegar a Ayuso se antoja inviable por ahora, dado el capital de prestigio y crédito que la presidenta ha ganado tras el 4-M.

En lo que Génova no va a ceder es en el seguimiento del calendario. Se ha propuesto culminar la ronda de congresos en junio de 2022. El de Madrid es el último. Cargos afines a la presidenta madrileña se quejan de que sea así porque no han visto por ningún lado ningún acuerdo o pacto tácito al respecto. Estos mismos cargos han comunicado su deseo de que se haga mejor durante el primer trimestre del año que viene, a lo que la dirección nacional, comandada en estos menesteres por Teodoro García Egea, se ha negado. "No lo podemos aceptar porque no podemos trasmitir a otros territorios a los que hemos pedido que se ajusten al calendario fijado que este se puede cambiar solo si lo pide un territorio poderoso; todos iguales", resumen una de las fuentes consultadas, en la cúpula del PP.

Foto: Pablo Casado y Nicolás Sarkozy. (EFE)

Ayuso llegó a Valencia el sábado tras una semana de periplo por Estados Unidos. Han trascendido más sus declaraciones que sus reuniones; más los destinatarios de sus críticas que los interlocutores de sus encuentros de trabajo. La dirección nacional, indican las fuentes, ha asistido entre atónita y aliviada a la sucesión de afirmaciones de la presidenta madrileña, a su invectiva contra el indigenismo y a su reproche al Papa. Consideran que los debates itinerantes de la convención, previos al cierre de Valencia, no se han visto enturbiados, ni siquiera el del pasado miércoles en Madrid. Lo apremiante para Génova era la foto del sábado entre los barones y Pablo Casado. Misión cumplida.

Fernando López Miras, Alberto Núñez Feijóo, Juanma Moreno, Alfonso Fernández Mañueco, Juan Jesús Vivas y la propia Ayuso acudieron a Valencia y dijeron a Casado lo que sabían todos que iban a decir. Pero había que solemnizarlo. El PP es la casa del centroderecha y de la moderación; es una visión de Estado y una garantía de gestión. El presidente de la formación transmitió en Salamanca a sus dirigentes autonómicos, a finales de julio, que sus perfiles y 'modus operandi' serán para él un ejemplo a seguir, así como un recordatorio constante de lo que supone el Partido Popular. Al mismo tiempo, pidió sintonía en los mensajes y unidad. Las fuentes indican que, a pesar de la amistad que les une desde hace 20 años, ya no confía tanto en la presidenta madrileña. Habrá que comprobar si en Valencia han cicatrizado todas las heridas.

Porque, con la batuta de su jefe de Gabinete, Díaz Ayuso ha demostrado que el mapa de carreteras que está usando es completamente diferente. "No lo podemos permitir; está en juego es el Gobierno de España", concluyen las fuentes.

El programa de gobierno

Génova, en cuanto acabe la convención, va a impulsar un gigantesco y pausado debate interno sobre cómo convertir las premisas del cónclave de Valencia en medidas propias de un plan de gobierno. Casado irá con esas medidas al congreso nacional del PP que se celebrará previsiblemente en el otoño de 2022. Todo el partido va a estar trabajando para un mismo fin: llegar a la Moncloa.

Para que la coordinación sea perfecta, las direcciones autonómicas han remarcado a la dirección nacional, y en algunos casos los propios presidentes de las autonomías a Casado, que las injerencias sean mínimas. O que, si las hay, sean con afán constructivo. Quieren evitar distorsiones provocadas por los controles de determinadas provincias (Sevilla) o de tiempos (Galicia), incluso injerencias en decisiones políticas de primer nivel. En Génova no se oculta que interesa que las elecciones andaluzas sean más pronto que tarde. A Juanma Moreno, sin embargo, le interesa un tempo diferente: un camino que aposente su gestión para la recuperación económica.

Foto: Reunión de Moreno y López Miras. (EFE)

En Castilla y León la tónica es parecida. Génova no ve nada mal un adelanto para dejar atrás los problemas internos que, dicen, crea a menudo Francisco Igea. Pero Mañueco ha solicitado que le dejen decidir. Casado será informado, por supuesto, el primero, pero que decidan ellos.

Andalucía y Castilla y León son dos territorios esenciales para la cúpula nacional, al igual que Comunidad Valenciana, aunque con una particularidad. En el territorio levantino no gobiernan. Después de una odisea de corrupción y escándalos judiciales, el PP se está empezando a encontrar mejor de la mano de Carlos Mazón. Es el nombre elegido por la dirección nacional para devolver el brío a una formación que llegó a forjar una especie de nueva identidad valenciana. Es cierto que una identidad que bebía de una visión urbanística particular, así como de una descontrolada gestión de lo público, pero Valencia fue clave para Mariano Rajoy hasta el punto de que Francisco Camps llegó a sonar como sucesor. Cuánto y qué rápido cambian los tiempos. Sin embargo, a García Egea y a su equipo les ha quedado claro que para facilitar el viaje de Casado a Moncloa hay que estar fuerte en la comunidad.

Unidad en torno a Casado

Castilla-La Mancha con Francisco Núñez, elegido a finales de 2018, o Baleares con Marga Prohens son dos territorios que Génova ha renovado con entusiasmo. Confían en ambos para alcanzar sendas presidencias autonómicas. Mazón, Núñez y Prohens se ajustan al prototipo de líder regional que quiere el equipo de Casado. Habrán de buscar uno o una similar en Aragón, que preocupa mucho por el estancamiento de su actual cúpula. El alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón, disfruta de una excelente consideración, a la par, incluso, que la de Almeida. El tirón en la capital aragonesa está asegurado, y no es poco, ya que la ciudad agrupa a más de la mitad de la población de la comunidad. Ahora bien, no basta con el carisma zaragozano de Azcón y en Génova piensan en el recambio y en el modelo: una persona como presidente-candidato o dos personas para presidente y candidato.

Extremadura, Cantabria y La Rioja son otras comunidades que urge refrescar para poner a punto el partido, así como País Vasco y Cataluña. Para que los engranajes entre municipios, provincias y autonomías funcionen a la perfección, Génova pedirá a todas las áreas no solo más trabajo para diseñar el programa de gobierno, sino mucho más trabajo para ir calle a calle contándolo. El mensaje debe quedar perfecto. Debe llegar a todo volumen y con nitidez.

Porque el cierre de filas con el líder no puede dejar ninguna fisura. El PSOE de Pedro Sánchez va a moverse por todo el territorio con la potencia que da una estructura orgánica diversificada y renovada y que garantiza el BOE. Los socialistas parten con ventaja porque Moncloa lleva su sello. De ahí que Génova pretenda apretar el doble. La convención de Valencia es solo un comienzo.

A partir de la segunda quincena de octubre va a producirse una anomalía: el PSOE y el PP van a coincidir en algo. No es una ley. No es la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Es una estrategia. Socialistas y populares, en cuanto acaben el congreso federal y la convención nacional, respectivamente, van a activar una maquinaria enorme de estructuras territoriales para lograr la victoria en las elecciones generales de 2023.

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