¿Cómo ha acabado la izquierda saliendo en defensa del Papa cuando lo ataca la derecha?
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La situación viene de lejos

¿Cómo ha acabado la izquierda saliendo en defensa del Papa cuando lo ataca la derecha?

En lo que parece un mundo al revés, las palabras y acciones del Papa acaban suscitando los ataques de la derecha política, mientras que es la izquierda quien acude rauda en su defensa

Foto: El papa Francisco. (EFE)
El papa Francisco. (EFE)

La polémica entre Isabel Díaz Ayuso y Mónica García sobre la presunta petición de perdón del papa Francisco por la acción evangelizadora de la Iglesia católica —a la que no han tardado en sumarse Espinosa de los Monteros y Aznar— pone de nuevo de actualidad la situación paradójica que vive este pontificado. En lo que parece un mundo al revés, las palabras y acciones del Papa acaban suscitando los ataques de la derecha política, mientras que es la izquierda quien acude rauda en su defensa.

Repasemos los hechos. El miércoles, la presidenta de la Comunidad de Madrid —afiliada al PP, un partido que en sus estatutos defiende su inspiración en el “humanismo cristiano”— se mostraba “sorprendida” por la carta que el Papa ha dirigido a los mexicanos con motivo del 200 aniversario de su independencia. Ayuso no compartía “que un católico que habla español hable así a su vez de un legado como el nuestro, que fue llevar precisamente el español y, a través de las misiones, el catolicismo y, por tanto, la civilización y la libertad al continente americano”. La respuesta venía, poco después, desde la portavoz de Más Madrid —una plataforma política que en su “marco de referencia ideológico” incluye la “laicidad” como uno de sus principales valores—. Mónica García afirmaba en Twitter que “igual lo que le sorprende a Ayuso del Papa es que es humano, humilde y empático y no va insultando allá por donde pasa”. Y le recomendaba la “encíclica 2020 [sic]” —como si los documentos papales se renovaran cada temporada— en una clara referencia a la 'Fratelli tutti', de la que extractaba algunos de sus párrafos de contenido social.

A la polémica se sumaba el portavoz de Vox en el Congreso, al afirmar que no entiende "muy bien qué hace un Papa de nacionalidad argentina disculpándose en nombre de los demás", y ayer mismo el expresidente Aznar, en la convención del PP, terciaba en el asunto al afirmar: “No voy a engrosar las filas de los que piden perdón, no lo voy a hacer, lo diga quien lo diga”. Un conflicto que, en opinión de los obispos, parece no tener sentido, pues su portavoz, Luis Argüello, negaba la mayor al sostener que el Papa no pedía perdón en ese documento. Argüello recomendaba a los políticos que leyeran antes la carta ante “la perplejidad que provocan determinados titulares que dan pie luego a una cascada de declaraciones de personas que uno intuye que las hacen porque solo han leído un titular, y no una ‘cartita’ de un folio”.

De acuerdo a esta interpretación, la discusión no tendría sentido. El propio Argüello se negaba a “entrar” en si la polémica responde “a una estrategia de decir que este Papa nos gusta más o menos”, pero ya daba igual, el juego se había iniciado una vez más.

La situación viene de lejos. Aunque en un primer momento el nombramiento de Jorge Bergoglio fue acogido por la izquierda política con su habitual escepticismo, no tardaron mucho en mudar las posiciones. Apenas un año después, en 2014, Pablo Iglesias era uno de los primeros en jalear al pontífice en su visita al Parlamento Europeo. El entonces europarlamentario publicaba en Twitter una foto del pontífice durante su discurso con un texto que no dejaba lugar a dudas: “Interviene el Papa en la Eurocámara. Defiende los derechos humanos y sociales como base de la dignidad. Bravo”. Más tarde, remataba con un “¡Bien Bergoglio!” una de las frases de Francisco. Pablo Echenique, también entonces en la Eurocámara, le daba “un diez” al Papa, aunque criticaba su posición frente a los “derechos LGTBI y de las mujeres”. La fascinación pública de Iglesias por el pontífice ha ido creciendo hasta afirmar, en una entrevista en Antena 3, que estaba “a muerte con el papa Francisco, estoy de acuerdo con todo lo que dice” y llegar a situarse “en la misma barricada” que Francisco en unas declaraciones a 'Vanity Fair'.

Foto: El Papa, durante una visita a la Pontificia Universidad Lateranense, en Roma. (Reuters)

Mientras, desde la derecha política, la visión ha sido bien distinta. Desde España, Santiago Abascal se ha referido en varias ocasiones a él con un despectivo “ciudadano Bergoglio” a la vez que criticaba algunas de sus propuestas, como el “salario universal”. Sus discrepancias en Italia con Matteo Salvini fueron constantes y el exministro le llegó a acusar de promover la emigración ilegal tras una visita a un campo de refugiados. Y Marine Le Pen también rechazó algunas de sus declaraciones y lo envió a que “se ocupe de lo que ocurre en las iglesias”.

El mismo Papa ha alimentado estos posicionamientos. En su primera entrevista, se posicionaba políticamente con un “jamás he sido de derechas”. Y en sus audiencias a los altos mandatarios internacionales tampoco ha escondido sus preferencias. Mientras que al liberal Macri, como presidente de Argentina, solo lo recibió en dos ocasiones, en audiencias cortas, de apenas 20 minutos y siempre con gesto serio e incómodo, con Cristina Fernández de Kirchner se reunió en siete ocasiones, tanto en El Vaticano como aprovechado algunos viajes a Sudamérica y con un lenguaje no verbal muy diferente al que mostraba con el mandatario conservador. Similar interpretación se puede hacer de sus cordiales relaciones con Obama o Biden, frente a la tensa reunión que mantuvo con Trump.

Una situación que sorprende pues, más allá de los gestos y algunas declaraciones oportunas, la posición de Francisco en cuestiones prácticas no dista mucho de la que Benedicto XVI marcó a los políticos católicos en 2006. Para Ratzinger, la “protección de la vida en todas sus fases”, el “reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como unión entre un hombre y una mujer” y “la protección del derecho de los padres a educar a sus hijos” eran los tres “principios irrenunciables” de los que Bergoglio no parece haberse apeado. Solo hay que recordar su condena del aborto y la eutanasia hace unas semanas en la entrevista concedida a la COPE cuando se preguntaba de forma retórica: “¿Es correcto contratar a un sicario para matar una vida humana?”.

Foto: Un custodio cierra la puerta de la Capilla Sixtina en el Vaticano. (Reuters)

Entonces, ¿qué han visto en Francisco los políticos de izquierda para erigirse en sus defensores? ¿Por qué el corresponsal en El Vaticano de 'The Wall Street Journal' lo declaraba “líder de la izquierda global” tras la retirada de Obama y Hollande? Es probable que la respuesta pueda entenderse desde su antecesor, Benedicto XVI, y una inusual reunión que mantuvo en medio de los ejercicios espirituales que celebraba cada cuaresma con los cardenales de la curia vaticana. En medio de aquel ambiente de espiritualidad, Ratzinger le pidió al cardenal jubilado Giacomo Biffi que dedicara una tarde a explicar el valor profético de la novela ' El relato del Anticristo', del ruso Vladimir Soloviev.

No se asusten. No hablaron entonces del fin de los tiempos, ni de escenas más propias de una película de terror, sino de filosofía y teología. Biffi había profundizado en aquel relato en el que se presenta al Anticristo como una opción filosófica que “reduce el Cristianismo a una ideología, en vez de un encuentro personal con Cristo salvador”. Soloviev presenta al Anticristo como un “convencido espiritualista”, como un “asceta, un estudioso, un filántropo y también pacifista, ecologista y ecuménico”, pero que se negaba a hablar de Jesucristo. Un perfil que preocupaba al papa Benedicto XVI y que coincide, curiosamente, con el que los partidos de izquierda le han atribuido a su sucesor.

En esa línea, los párrafos de la encíclica 'Fratelli tutti' que Mónica García seleccionó para Díaz Ayuso y le recordó en Twitter presentan a un Papa social, preocupado por la paz mundial, ecologista y defensor de las mujeres y de sus derechos, pero no hacen ninguna referencia a su condición de líder espiritual. Como en las alabanzas de Iglesias o Echenique. Una figura papal construida a su medida y de la que se ha apropiado la izquierda política, para exasperación de la derecha, que había tenido en el pontífice, hasta la llegada de Francisco, un referente moral.

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