La moda de los médicos que se meten con sus pacientes en redes sociales
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LOS LÍMITES DEONTOLÓGICOS

La moda de los médicos que se meten con sus pacientes en redes sociales

"Vivo con el miedo de ir a Urgencias y que el médico me ponga a parir en Twitter". ¿Dónde están los límites antes las quejas de profesionales sanitarios en las redes?

Foto: Un médico hace una foto de un bebé con deformidad facial antes de operarlo en Vietnam, 2014. (Reuters)
Un médico hace una foto de un bebé con deformidad facial antes de operarlo en Vietnam, 2014. (Reuters)

Aparecen, son retuiteados miles de veces y desaparecen, pero el daño está hecho. Los mensajes de profesionales sanitarios (enfermeros, médicos de Urgencias o intensivistas) que se quejan en las redes sociales de sus pacientes son cada vez más frecuentes. A menudo, estas quejas van acompañadas de información relativamente sensible sobre el objeto de su ira, incluso fotografías de los informes o datos médicos.

En el verano de la resaca del covid, la situación ha tocado techo. Desde el que se quejaba porque unos padres habían llevado a su hija a Urgencias “porque ha sangrado un poco por sus partes” y querían comprobar si se trataba del periodo a la que publicó una foto del informe de una paciente que había acudido a Urgencias por un “chupetón”. Como resumía jocosamente Mashi en la propia red social, “vivo con el miedo de ir a Urgencias y que un señor médico me ponga a parir en 'tuiter punto com”.

"Si no se identifica al paciente, no son datos personales ni están protegidos"

La gota que ha colmado el vaso ha sido un mensaje publicado en las ‘stories’ de Instagram del ‘influencer’ de alimentación Carlos Ríos, en que mostraba una conversación con un profesional sanitario que proporcionaba los niveles de triglicéridos de un paciente en la UCI, su edad, que padecía diabetes, fumaba y era bebedor ocasional. Como una discusión médica entre colegas, pero en una cuenta con cientos de miles de seguidores. Eso, y la muerte de Olatz Vázquez, que ha recordado la importancia de un diagnóstico a tiempo.

Una tendencia que plantea unas pocas preguntas legales y unas cuantas más de índole moral. Borja Adsuara, abogado experto en derecho digital, explica que si los datos presentados no pueden asociarse con una persona física concreta, no son datos personales ni están protegidos. “Son como los datos estadísticos, se dice el pecado, pero no el pecador”, explica. El criterio legal es ese, puesto que garantiza la posibilidad de intercambiar información médica que permita una mejor práctica.

“Los datos de una persona, una imagen, un informe o una radiografía son datos sanitarios vinculados al derecho a la intimidad, por eso son datos que merecen una especial protección, pero muchos profesionales posiblemente desconocedores de ello lo divulgan sin entender las consecuencias”, añade Chema Antequera, abogado de médicos y enfermeras. Todo profesional sanitario tiene el deber de guardar “sigilo” sobre los datos que conoce de sus pacientes, y el incumplimiento puede generar delito de revelación o descubrimiento de secretos. Otra cuestión es divulgar a través de estudios o artículos, casos en los que la ley regula cuándo puede accederse a las historias médicas.

No es tan difícil que un paciente (o su familia) se vea reflejado en uno de estos mensajes. Es lo que plantea Daniel Cuesta Lozano, enfermero que ha pasado por Atención Primaria, hospitales, Urgencias y ambulancias antes de recalar en la docencia en la Universidad de Alcalá de Henares. “Si no aparecen los datos, no rebasa ningún límite legal, pero no es tan difícil que en hospitales donde trabajan miles de personas alguien lo pueda reconocer, bien porque ha pasado por Urgencias, bien porque puede tener acceso a su caso clínico”, explica. “A mí me escandaliza cuando lo veo, porque son cosas que se viralizan de manera muy rápida”.

"Estas imágenes denigran no solo al paciente sino a la profesión en su conjunto"

Como recuerda Cuesta Lozano, el código deontológico anima a no hablar de esos casos morbosos o que generan enfado en el autobús u otros lugares públicos, rodeados de gente anónima. Menos aún en redes sociales, donde el éxito de estos tuits es casi inmediato y, a menudo, tan inesperado que termina saliéndose de madre y obligando a sus autores a borrarlos.

“Con la utilización de imágenes, aunque sean anónimas, se está haciendo mala praxis, porque siempre que se comparta información médica o científica tiene que haber un beneficio para el paciente”, añade por su parte José Antonio Trujillo, médico colegiado en Málaga y uno de los autores del ‘Manual sobre el buen uso de redes sociales’ del Consejo General de Médicos de España. “Si no hay un beneficio al menos docente, lo que proponemos es que nunca se usen este tipo de imágenes, que denigran no solo al paciente sino a la profesión en su conjunto, porque establecen un nivel muy bajo de discusión, se fijan más en la curiosidad malsana que en el interés por la persona enferma”.

¿#abusuarios?

Hace unos años, se popularizó el 'hashtag' #abusuarios para recopilar las protestas de algunos profesionales de las Urgencias que se quejaban del supuesto 'abuso' de los pacientes. Muchas de las quejas vistas en las redes sociales encajan en dicha categoría, aunque el término ya no se utilice: la lógica es que la sobrecarga pertinaz de los servicios de Urgencias es agravada por la mala utilización de muchos pacientes.

"No podemos culpar a la persona que busca atención porque nuestro trabajo es eso"

Estos son algunos de los mensajes englobados bajo la etiqueta: “Deberían recibir una sanción por el mal uso que hacen de los sistemas de Urgencias”; “Si hubiera un copago por consulta, se reducirían drásticamente tanto las Urgencias como las visitas a la Atención Primaria”; “Las Urgencias no deberían ser un atajo para saltarse citas programadas ni las ambulancias son el transporte alternativo del taxi”; “Una cosa es atender a personas cortas de luces y enseñarlas a distinguir lo urgente de lo que no lo es y otra muy distinta atender a #abusuarios que son los que van por tontichuminadas siempre que no sea Nochebuena, Nochevieja o haya un evento deportivo de primer orden”.

Algunos facultativos se suman a la queja. Otros recuerdan que en ningún caso debe culpabilizarse al paciente por querer buscar ayuda. Cuesta recuerda que bajo un aparente abuso puede haber una persona que termina falleciendo o sufriendo por pensar que sus síntomas no son tan importantes. Es lo que presenció cuando en el servicio de ambulancias “nos encontramos con un paciente con síntomas de infarto que casi perdemos porque no fue al médico porque no quería molestar”.

“No podemos culpar a la persona que busca atención porque nuestro trabajo también es hacernos cargo de esas situaciones”, prosigue. Las quejas no son un síntoma de que la población esté mal informada, sino más bien de que la sanidad pública y, en concreto, la Atención Primaria están bajo mínimos. En comunidades como Madrid, los servicios de Urgencias de la Atención Primaria no han funcionado desde el comienzo de la pandemia, lo que ha provocado, junto a los largos plazos para conseguir cita, que muchas personas acudan a Urgencias por no encontrar sitio en la primaria.

“Ridiculizar y banalizar las demandas del ciudadano sin conocer todos los elementos de juicio no ayuda a solucionar el problema”, coincide Trujillo. “Los problemas que son graves, como la mala utilización de los servicios públicos, necesitan un acercamiento serio e interdisciplinar, no banal que se pueda solucionar con un tuit, y eso nos perjudica como médicos”.

"Los médicos también tienen derecho a la libertad de expresión y pueden quejarse"

Antequera recuerda que los profesionales sanitarios también tienen derecho a la libertad de expresión siempre y cuando no atenten contra los derechos de sus pacientes. “Pueden quejarse en redes si quieren sobre un protocolo de dirección o sobre el comportamiento de un paciente, aunque el profesional debe entender que eso puede provocar un escrutinio no benevolente”, explica. “A veces veo mensajes en plan ‘me ha venido a la una de la mañana pidiendo que le atendiese’, y aunque yo no lo haría, no tiene por qué conllevar un reproche legal o disciplinario”. Además, el abogado recuerda que también es frecuente que los pacientes graben a los médicos durante su práctica o que se quejen de ellos en redes sociales. Al otro lado del espejo.

A patadas con el código deontológico

El ‘Manual sobre el buen uso de redes sociales’ se refiere en concreto a esta cuestión. “La formación más básica en bioética que recibimos en la Facultad de Medicina deja claro el no mencionar casos clínicos en el ascensor o la cafetería, tener cuidado de cerrar las historias en los ordenadores, no comentar en el ámbito personal a nuestros pacientes, etc. Son obligaciones elementales y su incumplimiento supondría una falta según el código de deontología”, explican.

"Una foto inocente puede romper todas las normas básicas de deontología médica"

Unos principios que también se aplican a las redes sociales, que aunque pueden servir para el intercambio de información, también facilitan el abuso. “Si bien utilizar una imagen médica, con el permiso del paciente, como caso clínico de interés en redes sociales es algo muy positivo, mostrar información sin un objetivo claro, sin permiso, exponiendo al paciente a ser reconocido y sin una ventaja para el paciente ni para el mundo científico, tiene un enorme riesgo y rompe normas deontológicas básicas”, señalan.

El diablo legal está en los detalles. Aunque en muchos casos el mensaje publicado parezca neutro e imposible de localizar, hay una gran cantidad de información que el perfil de usuario puede proporcionar, como la hora a que fue publicado o el centro u hospital en el que trabaja: “Una foto colgada de manera inocente puede romper las normas básicas de deontología médica”.

Incluso en el caso de que se publique para buscar una segunda opinión médica, hay que tener cuidado: “Aunque intentemos llevar estos temas con la máxima discreción, no siempre podemos contar con la confidencialidad de la otra parte”. Una costumbre que, poco a poco, se traslada a otros campos como el de la docencia. Pero ese es otro melón por abrir.

Aparecen, son retuiteados miles de veces y desaparecen, pero el daño está hecho. Los mensajes de profesionales sanitarios (enfermeros, médicos de Urgencias o intensivistas) que se quejan en las redes sociales de sus pacientes son cada vez más frecuentes. A menudo, estas quejas van acompañadas de información relativamente sensible sobre el objeto de su ira, incluso fotografías de los informes o datos médicos.

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