Los hosteleros gallegos sobre el pasaporte covid: "Es un cierre encubierto"
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ES OBLIGATORIO EN EL OCIO NOCTURNO

Los hosteleros gallegos sobre el pasaporte covid: "Es un cierre encubierto"

El sector aplica con resignación la medida. Demostrar que uno está vacunado o tiene una prueba negativa se extiende a cualquier bar y restaurante en 36 municipios de la región

placeholder Foto: Varias personas comen en la terraza de un bar de Orense. (EFE)
Varias personas comen en la terraza de un bar de Orense. (EFE)

Resignación y enfado son las dos palabras que mejor definen estos días el sentir de los hosteleros gallegos. Desde el pasado martes, si uno se quiere tomar una copa en la región o irse de discoteca debe acreditar para poder acceder al local contar con la pauta de vacunación completa o con un test para la detección del covid con resultado negativo. Ha sido la primera comunidad en implantar un salvoconducto que franquee las puertas a determinados establecimientos y aunque desde el sector denuncian la complejidad de implantar una medida así - ¿Por qué deben asumir los camareros el control?, ¿cómo comprueban la veracidad del documento?, ¿es necesario pedírselo también a alguien que solo quiere entrar al baño? -, ante la posibilidad de un cierre de los establecimientos, aceptan a regañadientes. Es una medida además sobre la que varios juristas han alertado que puede vulnerar la privacidad de los clientes o, incluso, suponer una restricción excesiva de la libertad de empresa.

Pero no solo el ocio nocturno, en la comunidad además, desde este sábado, se exige en 36 municipios -los que peores datos registran-, entre ellos, Vigo, Orense y Pontevedra, el certificado para acceder a cualquier local de hostelería. Da igual que sean las 10.00 y solo se quiera un café. Si el consumo es en el interior, previamente el camarero o el responsable del local han debido chequear que el cliente tiene la pauta vacunal completa o se ha hecho recientemente una prueba y no ha dado positivo.

placeholder Hostelería en Galicia. (EFE)
Hostelería en Galicia. (EFE)

“Si nos dicen que tenemos que bailar una sevillana en la puerta, pues la bailamos, pero que no nos cierren, ese es el objetivo”, ilustra César Sánchez Ballesteros, el presidente de la Asociación de Hostelería de Pontevedra. Al sector no le ha quedado más remedio que aceptar una medida que genera muchas dudas y recelos. “Cumpliremos con la normativa, pero vamos a necesitar una buena colaboración por parte de los clientes. Por ejemplo, en una cafetería grande, con dos o tres accesos, controlar las entradas va a ser muy difícil, a lo mejor el certificado se lo pides al cliente cuando ya se ha sentado. Y entonces qué haces si dudas, ¿le pides el DNI? Los camareros tendrían que estar a otras cosas”, sostiene.

Por eso, para evitar suspicacias y agilizar los procesos, el presidente de los hosteleros de Pontevedra defiende que lo más que lógico habría sido crear una aplicación institucional, un lector de códigos que le dijera al camarero en cuestión de segundos si ese certificado es válido o no. Sea como fuera, para Sánchez Ballesteros la medida es “desequilibrada”, “es como matar moscas a cañonazos”. “Se quieren frenar los contagios entre jóvenes, pero estos no son clientes de la hostelería tradicional. Y los que van a bares, ¿alguien cree que una vez que los cierran, se van a casa? No, buscan otros sitios para seguir con los amigos”.

Menos conciliador es Martín Zarauza, propietario del pub Lucille de Santiago de Compostela, y miembro de la Asociación de Bares, Pubs y Discotecas de la ciudad. En el tiempo que lleva vigente la obligatoriedad de acceder a su local con un salvoconducto ha visto como la facturación ha bajado un 70%. “Es una forma de propiciar un cierre encubierto”, resuelve. Zarauza ha hecho el cálculo y un cliente habitual se podría llegar a gastar entre 60 y 100 euros semanales en pruebas simplemente por el hecho de, al salir de trabajar, parar en algún sitio y beberse una cerveza, porque aunque la Xunta realice test gratuitos hay un límite por persona.

Foto: Control de temperatura en el acceso a una discoteca en Madrid. (EFE)

El hostelero considera que, una vez más, los políticos han señalado al sector como el foco de todos los males mientras no se implantan medidas más efectivas, como el control de los botellones. “Los turistas sí que traen su PCR, bueno, los extranjeros. Los visitantes nacionales optan por quedarse en la terraza, y la gente local es la que acaba por no poder tomarse su consumición. A veces no les ha llegado el resultado, ya han gastado su prueba gratuita… Y la vacunación no va tan adelantada, hay gente de 40 años que no tiene las dos dosis. Pues al final la clientela se limita a los turistas y a los que tiene 50 o 60 años”, lamenta.

Zarauza describe a que solución ha llegado en su local para supervisar los accesos: “Tengo dos puertas y parecen las Termópilas. Un camarero está en una puerta y yo en la otra, preocupados en los controles, mientras que mi mujer y otra camarera están dentro sirviendo lo poco que hay que servir. La situación no nos anima a trabajar, la verdad”. El hostelero zanja: “Yo creo que la rabia en este momento es lo que mantiene abierto a un gran porcentaje del ocio nocturno, el pataleo, él por mis narices abro, porque de otra forma es imposible”.

Limitada en el tiempo

Las dudas y críticas sobre este tipo de medidas no se circunscriben solo al sector gallego. Así, el secretario de Hostelería de España, Emilio Gallego, defiende que una restricción de estas características solo se debería aplicar en “casos muy concretos y limitados en el tiempo, en situaciones extremas y en aquellos municipios donde ya se han implantado otras medidas de carácter general”. Es decir, los profesionales no quieren volver a ser “señalados como el vector de transmisión”.

Pero la clave para la entidad, está en su “limitación”. “No aceptamos el enquistamiento de estas normas en el tiempo”, ahonda Gallego, marcando distancias precisamente con lo aprobado recientemente en Francia e Italia. En ambos países se extenderá el uso de los salvoconductos para el acceso a múltiples lugares públicos, ya sea bares, cines o incluso trenes o autobuses de largo recorrido. Un escenario que descarta por completo la Hostelería de España.

El incentivo Canario

Una de las preguntas que se plantean los hosteleros gallegos es por qué no se relajan los aforos si el control es exhaustivo y los clientes han demostrado estar vacunados o tener un test negativo. Una cuestión que si aborda la medida planteada por Canarias. A partir de este lunes, en aquellas islas con un nivel 4 – en este momento solo Tenerife se sitúa en ese umbral -, se exigirá un certificado para acceder a locales de hostelería, deportivos y culturales. Será un requisito que deberán cumplir todas las personas mayores de 18 años, pero la letra pequeña da cierto aire a bares y restaurantes porque las autoridades permiten ampliar aforos y retrasar el horario de cierre de seis de la tarde actuales a las doce de la noche.

Sobre la mesa

Valencia y Baleares también apuestan por solicitar un certificado para el acceso a bares, restaurantes u otros espacios ligados al ocio, la cultura o actividades turísticas. Pero estas dos comunidades, a diferencia de Galicia y Canarias, de momento no han dado el paso de implantarlo a la espera de obtener una respuesta del Gobierno central. De hecho, la ministra de Sanidad, Carolina Darías, aseguró en la rueda de prensa posterior a la última reunión del Consejo Interterritorial, que para extender el uso del pasaporte verde, el documento oficial que permite en la UE viajar de un país a otro sin necesidad de cuarentenas o pruebas PCR, hacía falta un informe sobre la legalidad de la medida.

Valencia fue la primera región en trasladar al Gobierno central la propuesta el pasado 14 de julio. Entonces, el secretario autonómico de Turismo, Francesc Colomer, defendió que la implantación de un salvoconducto sería una forma de “garantizar la tranquilidad de los usuarios y la seguridad de los establecimientos”. Una herramienta también, según sus defensores, para evitar la implantación de medidas más drásticas en un momento en el que España ha visto como se desbocaban los contagios entres jóvenes y, sobre todo, para salvaguardar parte de la actividad económica.

Y aunque Colomer explicó que la propuesta contaba con el respaldo del sector, desde la Federación Empresarial de Hostelería de Valencia no lo ven tan claro, si bien defienden que en determinados contextos el salvoconducto podría ser una herramienta muy útil. “Nosotros podríamos plantearnos una medida similar en eventos y banquetes, de forma que este tipo de acontecimientos se pudiesen celebrar como se hacía antes de la pandemia. Es decir, sin restricciones y permitiendo recuperar el aforo. También podría valer en el caso del ocio nocturno”, conceden las mismas fuentes, que condicionan la implantación de la propuesta en la comunidad a que el sector pueda recuperar la capacidad interior de los locales, en línea de lo aprobado en Canarias.

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