Aquellos días felices de Pedro y Óscar y el sueño cumplido de gobernar España
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CRÓNICA DE UNA LARGA AMISTAD

Aquellos días felices de Pedro y Óscar y el sueño cumplido de gobernar España

El presidente y su nuevo jefe de gabinete se conocen desde los 90. La relación se rompió tras el 1 de octubre de 2016. La han recuperado. También la de Antonio Hernando

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su jefe de gabinete, Óscar López.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su jefe de gabinete, Óscar López.

Hace exactamente 21 años, un 24 de julio de 2000, tres treintañeros acudieron a saludar a José Blanco cuando salía de la sede del PSOE en la calle Ferraz, en Madrid. El que le habló se llamaba Óscar López. Le preguntó si se acordaba de él tras ser asistente del grupo socialista en el Congreso de los Diputados. El recién nombrado responsable de Organización asintió. Luego le presentó a sus amigos: Pedro Sánchez y Antonio Hernando.

Los tres comenzaron a trabajar en el partido unos días más tarde. Óscar como coordinador del área del propio Blanco, Antonio como asistente de Consuelo Rumí en la secretaría de Inmigración y Pedro como asesor de Jordi Sevilla en el área económica. Era un PSOE en ebullición tras la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en el congreso federal que acabó un caluroso 23 de julio. Al día siguiente, el nuevo secretario general reunió a su equipo y asignó las funciones. A Blanco le tocó la puesta a punto de la organización. Primero, curar las heridas y ensamblar la maquinaria. Segundo, modernizar la estructura. Fue una tarea ímproba en la que participaron muchas personas, entre ellas tres chicos de 27, 28 y 33 años con "ganas de comerse el mundo", afirma a El Confidencial alguien que los conoció muy bien en aquella época.

Foto: Óscar López, portavoz del PSOE en el Senado (Efe).

Fueron días felices para los tres. Días enteros de trabajo, también días de fiesta. Durante cuatro años, desde 2000 a 2004, vivieron deprisa, sin descanso. Iban juntos a currar e iban juntos de vacaciones. Les unía un objetivo y decidieron compartir todo su tiempo en los despachos y en las salas de la sede, en los bares de los alrededores, de documento en documento y de caña en caña. Óscar, Pedro y Antonio forjaron un vínculo que solo el día más aciago de la historia reciente del PSOE pudo destruir. El 1 de octubre de 2016 acabó con la dimisión de Sánchez como secretario general de los socialistas tras un estruendoso y beligerante Comité Federal. Casi un mes después, el ya exlíder del partido renunciaba al escaño del Congreso. Sus amigos no le acompañaron. La relación se rompió.

El propio presidente del Gobierno, despacio, fue restaurando la relación durante estos últimos meses. No han vuelto a verse los tres juntos, informa una fuente al tanto de los contactos que pide anonimato, pero el diálogo se ha recuperado con fluidez y periodicidad. Cuando Sánchez comienza a meditar en junio la remodelación del Ejecutivo, perfila una idea que va tomando forma con el paso de los días. Su objetivo es la simbiosis entre las estructuras de Moncloa y de Ferraz y rodearse de perfiles políticos. Para la segunda mitad de la legislatura quiere ser más progresista, eminentemente socialista, y ve necesario que las voces que pregonen dichas políticas sean de pura cepa PSOE. Gente de partido para las medidas del Gobierno y gente del Gobierno para las medidas del partido. Entonces vuelve a aquella época en la que lo aprendió todo. Vuelve a los años junto a Óscar y Antonio.

Lecturas políticas

Las fuentes con las que ha hablado El Confidencial para este reportaje sacan una conclusión política en la reestructuración del Gobierno. "El cisma de los años 16 y 17 se ha superado. Al colocar a Óscar a su lado, al contar con personas como Pilar Alegría o Isabel Rodríguez para ministras, personas que además él conoce bien desde hace mucho tiempo, está enviando un mensaje: aquella época está terminada. No quedan secuelas. No hay rencillas. Pedro quiere al PSOE más unido que nunca, y lo ha llevado al extremo", explica un exdirigente socialista de la misma generación que el presidente.

Pedro, por tanto, ofrece a su amigo Óscar la dirección del gabinete, de un mastodóntico y tecnocrático gabinete. Sánchez no quiere prescindir de ese grado de profesionalización que implantó Iván Redondo, pero sí quiere una visión totalmente política. Como recuerda otro exidirigente, López es más hábil en la lectura de las encuestas y de los contextos que el exasesor y ofrece un matiz importantísimo que el antecesor no tenía: en la estrategia prioriza la visión socialista antes que la personalista. Para la dirección del PSOE este viraje resulta crucial; la animadversión que profesaban al exjefe de gabinete era preocupante.

Antes de la lectura política, o por encima de ella, está sin embargo la personal. Y esta empieza hace mucho tiempo, en la escuela de verano de la Fundación Jaime Vera, a donde los jóvenes militantes del PSOE acuden con el sueño de ser, algún día, un alto cargo del partido.

Los días felices: la juventud

Pedro y Óscar se conocieron en la Jaime Vera y enseguida sintonizaron. López, por entonces, mediados de los 90, daba sus primeros pasos como asistente del grupo socialista en el Congreso. En 1997, para seguir creciendo, se va a Bruselas como asesor de la eurodiputada Carmen Cerdeira, ya fallecida. Un año más tarde desembarca Sánchez para trabajar junto a la también europarlamentaria Bárbara Dührkop, y más adelante, con el exministro Carlos Westendorp, con quien conoce la enorme complejidad de la guerra de los Balcanes. Estos dos-tres años en la capital belga, además de permitir que perfeccionen el francés y el inglés, les proporciona un acercamiento a la Unión Europea. Otro factor que une a los amigos: el europeísmo.

Cuando cambia el milenio, ambos vuelven a España. El PSOE está sumido en un profundo proceso de catarsis, como pueden comprobar en el congreso federal del año 2000. José Bono, José Luis Rodríguez Zapatero, Rosa Diez y Matilde Fernández se disputan el futuro del partido. Gana quien mejor encarna la renovación. El que luego acabaría siendo presidente, hasta ese año un discreto diputado leonés, reactiva la ilusión. Una nueva generación llama a las puertas del socialismo español y Óscar y Pedro intuyen, sienten, que ha llegado el momento de colocarse delante de esa puerta, muy cerca. Se les une Antonio Hernando. Y van a la puerta de Ferraz, de la que el 24 de julio de 2000, a la hora de comer, salió José Blanco.

placeholder El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)
El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)

"Son muy ambiciosos, eso se notó enseguida", cuenta un exdirigente que los conoció. Una de las cualidades que pronto observaron sus jefes fue esa precisamente, y en consecuencia, una incansable capacidad de trabajo. "Se entendían a las mil maravillas, se compenetraban", señala otra fuente consultada. López era entonces el mejor situado, al lado del todopoderoso José Blanco. En el equipo que formó el dirigente socialista, el hoy jefe de gabinete de Presidencia destacaba por su inteligencia y su cálculo. Hernando sobresalía por su solidez intelectual y Sánchez por su audacia. Los tres tenían una manera diferente de abordar los problemas; los tres siempre los terminaban superando.

Antonio, Pedro y Óscar participaron en todos los procesos que abordó la formación, aunque nunca en primer plano, eso llegaría después. Lo que hacían era pura y dura fontanería. Aprendieron rápido. Cuatro años después de haber entrado en Ferraz, López es incluido en la lista por Segovia para el Congreso, Hernando se incorpora a la de Madrid y Sánchez concurre a las elecciones municipales de la capital, en la candidatura de Trinidad Jiménez. Sucede algo que luego le resultaría familiar: al ocupar un puesto retrasado, no aterriza en el Ayuntamiento de primeras, sino que debe esperar a la renuncia de una edil de su partido. No tuvo que esperar mucho. En un año se convierte en figura clave de la jefa y conoce al dedillo la ciudad. Jiménez oficia su boda con Begoña Gómez.

Después de los días felices: la madurez

Los treintañeros se van haciendo mayores. López y Hernando siguen explorando las profundidades del parlamentarismo con un portavoz de la entidad de Alfredo Pérez Rubalcaba. Sánchez está entretanto esculpiendo un nombre en el municipalismo madrileño, aunque, en la estela de sus amigos, ya tiene un ojo puesto en el Congreso. Su estreno en la Cámara se produce en 2009 tras esperar un año, otra vez esperando, la renuncia de alguien. Fue Pedro Solbes el que abandonó el escaño y el que, de pasó, involuntariamente, le brindó la oportunidad. Entró en las filas del grupo con ímpetu, quizá desmedido al principio. Le aconsejaron que se agazapara y fuera despacio, y lo hizo. Aprovechó la coyuntura para charlar con diputados/as y periodistas, escucharlos. Estaba radiografiando el terreno.

Eran los años de la sucesión de Zapatero, 2011-2012, a la que se postularon Rubalcaba y Carme Chacón. Óscar y Antonio atraviesan entonces una fase estrechamente vinculada con el partido. Sus trayectorias se han ido enraizando en los tejemanejes de Ferraz, pero no la de Pedro, que va dando saltos. No le ayudó nada que Tomás Gómez ganara a Trinidad Jiménez las primarias del PSM. Intentó colocarse en primera plana tras el congreso que el diputado cántabro vence a la diputada barcelonesa, pero no lo consigue. Estaba, además, sin escaño. Fue su segunda peor época. La primera llegaría después del 1 de octubre de 2016.

Foto: El ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos. (EFE)

López ayudó a Sánchez decisivamente al proponerle participar en la confección de la Conferencia Política que apadrina Rubalcaba. Hay una foto de noviembre de 2013 en la que ambos, junto a la murciana María González, cuentan en rueda de prensa el contenido del documento. Esta etapa es clave porque permite al próximo líder viajar por España y explorar la realidad de cada federación socialista. Trabaja, otra vez, en segundo plano, en la sombra, fontanería de pura cepa.

Por ello, cuando Rubalcaba anuncia su dimisión como secretario general del PSOE y se activa el congreso que debe allanar una nueva etapa, las miradas se detenían en López y en Hernando antes que en Sánchez. Sin embargo, solo uno dio el paso definitivo. El resto de la historia es conocida.

Esta es la época de la madurez personal y política. Una época de días no tan felices. El PSOE se está agrietando porque el adversario, el PP, cabalga a lomos de la mayoría absoluta. Las tensiones internas florecen. López sufre su peor momento con la moción de censura en Ponferrada, marzo de 2013, que propicia la llegada a la alcaldía del PSOE con el apoyo del exregidor, Ismael Álvarez, condenado por acoso a Nevenka Fernández. Urge una catarsis. Pedro, Óscar y Antonio lo saben. Están cerca.

"Amigos del alma"

En 2014, Pedro es el líder, Antonio el portavoz en el Congreso y Óscar el portavoz en el Senado. En 2017, Pedro vuelve a ser el líder. Ni Antonio ni Óscar están cerca. En 2018, Pedro es el presidente del Gobierno, Óscar es nombrado presidente de Paradores y Antonio trabaja en Acento, la consultora formada por José Blanco para asesoramiento de gestión a administraciones y empresas. En 2021, Pedro nombra a Óscar director de su gabinete. Antonio sigue en Acento.

No están juntos los tres, pero han vuelto a sentir que lo están, señala la fuente que pide no desvelar su identidad. Hablan a menudo ahora tras un tiempo en el que no se veían los nombres en el móvil. Es lógico pensar, añade esta persona, que si con 30 años vives con dos amigos, celebras cumpleaños con ellos, te vas de comida, de cena, de fin de semana y de vacaciones con ellos, surjan unos lazos de amistad que duren para siempre. "Por fortuna, creo, es lo que ha pasado", concluye. "Se consideran amigos del alma", apostilla.

La amistad entre Pedro y Óscar surgió por el sueño de cambiar el país, de mejorarlo. Ojalá su amistad esté bien restaurada y forjada porque justo eso, ni más ni menos que eso, es lo que tienen que hacer ahora.

Hace exactamente 21 años, un 24 de julio de 2000, tres treintañeros acudieron a saludar a José Blanco cuando salía de la sede del PSOE en la calle Ferraz, en Madrid. El que le habló se llamaba Óscar López. Le preguntó si se acordaba de él tras ser asistente del grupo socialista en el Congreso de los Diputados. El recién nombrado responsable de Organización asintió. Luego le presentó a sus amigos: Pedro Sánchez y Antonio Hernando.

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