El independentismo pincha y se desinflan las movilizaciones, pero avisa: “Que se preparen para lo que vendrá”
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NUEVA EXCUSA PARA INCENDIAR LAS CALLES

El independentismo pincha y se desinflan las movilizaciones, pero avisa: “Que se preparen para lo que vendrá”

La Asamblea Nacional Catalana, que ha llegado a organizar manifestaciones de más de un millón de personas, solo logró reunir a entre 300 y 500 en su protesta contra Sánchez

placeholder Foto: Varias decenas de personas se han congregado ante el Teatre del Liceu de Barcelona para protestar por la presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
Varias decenas de personas se han congregado ante el Teatre del Liceu de Barcelona para protestar por la presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

El independentismo ha pinchado por segunda vez en menos de una semana. De hecho, el secesionismo catalán está de capa caída desde hace tiempo. Pero dos acontecimientos que hace unos años hubiesen llenado las calles de Cataluña certifican el bache: por un lado, la protesta contra el rey Felipe VI, que la pasada semana visitó Barcelona para asistir a las jornadas económicas del Cercle d’Economia. Por otro, la protesta contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que este lunes presentaba, en el Liceu de Barcelona, la hoja de ruta catalana del Ejecutivo español con los indultos como principal medida. Partidos políticos, asociaciones, plataformas y grupos secesionistas llamaron a la protesta en la calle, pero solo unos centenares de ciudadanos acudieron a la llamada. El radicalismo ya no moviliza a la gente.

La Asamblea Nacional Catalana (ANC), que ha llegado a organizar manifestaciones de más de un millón de personas, solo logró reunir a 150 descontentos por la visita del Rey. Y este lunes, con la ayuda de la CUP, de los Comités de Defensa de la República (CDR), de organizaciones juveniles, de Òmnium Cultural y de diferentes entidades secesionistas, solo entre 300 y 500 personas llegaron a La Rambla, frente al Liceu, para dejar oír su voz contra Pedro Sánchez.

La visita del Rey iba a ser la bombona de oxígeno necesaria para revitalizar un movimiento que languidece desde hace meses. Al menos eso era lo que parecía, porque desde algunos círculos aseguraban que, a partir de ahí, el independentismo reverdecería en las calles catalanas. Pero no fue así. La ANC convocó una quema ‘popular’ de fotos del Rey que fracasó. No dijo en cuántas localidades ni cuántas fotos se quemaron, pero fue una minoría. La movilización fue testimonial, a pesar de que toda la estructura territorial de la ANC se movilizó para que la protesta fuese un éxito.

El responsable de un foro soberanista lamentaba: “Será preciso otro día mucho más combativo y mucho más tumultuoso"

Además, la quema de fotos pretendía ser “la antesala” de una masiva manifestación de rechazo a la Corona el miércoles ante el hotel Vela, donde se celebraban las reuniones del Cercle. Pero el día de marras fue de nuevo otro gran fracaso. La ANC solo logró concentrar a 150 personas. Y ello, a pesar del intento del vicepresidente de la propia ANC, David Fernández, de incendiar el ambiente. Fernández denunció que, tras la quema de una gran fotografía del Rey en Barcelona, “he padecido la persecución e identificación de los Mossos, con la ayuda de una patrulla de la Guardia Urbana de Barcelona. Me han venido a buscar tres calles más allá del lugar de la concentración, y dentro de mi coche. Otros dos compañeros de la ANC también padecieron identificaciones indiscriminadas, lejos del lugar de la protesta, lo que es un ataque directo y premeditado contra nuestra entidad y nuestros asociados. Tomamos nota”. Para el dirigente independentista, las identificaciones de tráfico son “un intolerable ataque a la libertad de expresión y manifestación, un claro intento intimidatorio por parte de las autoridades”. Muchos aspavientos, pero poca movilización.

Con Pedro Sánchez ocurrió algo parecido: mucho ruido, pero pocas nueces. El responsable de uno de los principales foros soberanistas lamentaba después de que hubiese acabado el acto del presidente del Gobierno: “Será preciso otro día mucho más combativo y mucho más tumultuoso y persistente. El Primero de Octubre (si no antes)”. Se aproximan ahora varias semanas de reagrupamiento de las fuerzas y revisión de las estrategias para afrontar la Diada y el aniversario del 1-O.

“Que se preparen para lo que vendrá”

Para el futuro próximo, el radicalismo ha buscado nuevos acicates para convencer a la gente de salir a la calle a protestar contra España. Y los círculos más radicales ya tienen una nueva excusa: la condena a cinco años de cárcel de Marcel Vivet, un activista de la CUP y de su extremista rama juvenil que actúa bajo el nombre de La Forja, que lesionó a un 'mosso' al intentar reventar una manifestación de Jusapol y que atacó con pintura a los agentes de la Brigada Móvil (Brimo) que defendían el derecho de manifestación de aquella entidad policial.

Foto: Pedro Sánchez, en el acto. (Reuters)

La organización juvenil Arran, o sea, los cachorros de la CUP, han amenazado con incendiar de nuevo las calles si Vivet entra en prisión. El exportavoz de Mossos per la Independencia, Albert Donaire, que concurrió en las listas de JxCat el pasado 14-F, retuiteó la consigna de: “Puta España”, mientras que Arran se limitó a señalar: “Si la intención del Gobierno es aleccionarnos por el ‘Holinopasareu’ [la consigna que hicieron servir para lanzar botes de pintura a los antidisturbios], que se preparen para lo que vendrá como Marcel entre en prisión”. Una bravuconada que ya veremos cómo acaba.

La CUP ha puesto toda la carne en el asador y quiere que todos los partidos y todas las instituciones se comprometan en la defensa de su activista. El diputado Albert Botran, de la CUP, considera que es una ‘bestialidad’ la condena. “Y más bestia todavía pensar que es la pena que pedía la Generalitat, que no se ha retirado de la acusación. Es preciso apoyar a Marcel y estar en todas las acciones a las que nos convoquen”. En realidad, la Generalitat pedía cuatro años y medio, y ello porque el Govern está obligado por ley a presentarse como acusación si hay agresiones físicas a los funcionarios.

placeholder Protestas ante el Teatro del Liceu, en Barcelona, por el acto del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
Protestas ante el Teatro del Liceu, en Barcelona, por el acto del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Al hilo de esta condena, Ciudadanos presentó este jueves en la junta de portavoces del Parlament un texto para una declaración institucional de la cámara en defensa del agente lesionado. También señalaba que España es una democracia avanzada y mostraba respeto por las decisiones de cada institución. El texto fue rechazado con los votos de ERC, JxCat, CUP y comunes, pero la junta de portavoces sí aprobó otra declaración considerando la condena “desproporcionada”.

Desde hace semanas, los CDR y otros colectivos independentistas intentaron reanimar los cortes diarios de tráfico que se venían realizando desde otoño del 2019 (con el consiguiente parón por la pandemia) en la avenida Meridiana de Barcelona, a la altura de Fabra i Puig. En ese enclave, se paraliza el tráfico de entrada y salida hacia el norte. Los vecinos están hasta la coronilla y la Generalitat ha mirado hacia otro lado por no molestar a los radicales. Tras la desescalada de las restricciones, se ha intentado volver a situar esas acciones diarias en la agenda de los extremistas catalanes. Pero en la mayor parte de las ocasiones, el grupo de alborotadores no supera la decena de personas. La propia presidenta del Parlament, Laura Borràs, tras ser elegida para su nuevo cargo, se acercó al lugar una tarde para apoyar los cortes. Ni así se movilizó la gente.

El independentismo, pues, busca adrenalina para poder retomar sus constantes vitales. Los ‘gurús’ del separatismo, colectivos y partidos han agitado los fantasmas del pasado para volver a tener vida. Es la agonía de un sector separatista que cree que contra el Gobierno español se vive mejor y al que no le interesa iniciar una senda de diálogo ni la distensión de la situación. La crispación inducida desde las instituciones y los partidos es la última baza que le queda al separatismo antes de entrar en un coma irreversible.

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