De implantar la bicefalia a frenar a Errejón: los retos del nuevo Podemos de Ione Belarra
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CIERRE DE CICLO TRAS LA SALIDA DE IGLESIAS

De implantar la bicefalia a frenar a Errejón: los retos del nuevo Podemos de Ione Belarra

Tras siete años de hiperliderazgo y un modelo de organización centralizado, Ione Belarra se pondrá al frente de Podemos. Analizamos sus desafíos, tanto organizativos como políticos

placeholder Foto: La candidata a la Secretaría General de Podemos, Ione Belarra. (EFE)
La candidata a la Secretaría General de Podemos, Ione Belarra. (EFE)

Podemos inicia nueva fase, sin Pablo Iglesias y de la mano de Ione Belarra, quien ocupará desde este domingo la secretaría general si, como todo indica, así se ratifica en la cuarta asamblea ciudadana del partido. Los retos a los que se enfrenta no son menores, tanto organizativos como políticos. Algunos, como la implantación de una bicefalia, autoimpuestos, otros sobrevenidos como la necesidad de recuperar impulso electoral y tratar de seguir siendo el actor hegemónico en el espacio a la izquierda del PSOE. La marcha de Iglesias, tras siete años de hiperliderazgo y un modelo de organización más centralizado de lo que les hubiese gustado a muchos líderes territoriales, deja un innegable vacío político y de liderazgo. Ocuparlo, legitimarse, ganar credibilidad y arrancar una nueva fase consciente de que se ha cerrado un ciclo será el primer desafío del equipo coral que la acompañará.

Retos organizativos

En el plano orgánico, las tareas son ingentes para revitalizar el proyecto, pero antes de ello se deberá transitar del hiperliderazgo a un liderazgo coral. No será sencillo por varios motivos. Primero, porque en el imaginario colectivo Podemos es Pablo Iglesias y Pablo Iglesias es Podemos. Para bien y para mal así es y, no en vano, el secretario general saliente levantaba tantas pasiones entre los suyos como odios viscerales entre los ajenos. No obstante, la ausencia de Iglesias en la cuarta asamblea ciudadana se argumenta para evitar que opaque a la nueva líder del partido. No será fácil dejar atrás esta imagen ni tampoco construir un modelo antagónico basado en los liderazgos corales. Primero porque la atención es limitada y los mensajes cada vez más simplificados. Se corre así el riesgo de que se diluyan los mensajes, se pierda la atención o, lo que sería todavía peor, se generase cacofonía.

La implantación de la bicefalia, esto es, de un liderazgo compartido, uno orgánico (Belarra) y otro electoral e institucional (Yolanda Díaz), añade todavía más dificultades al nuevo proyecto. La bicefalia ya es de por sí compleja y arriesgada si no funciona bien, y precisa de una organización bien engrasada, cohesionada y con mucha capacidad de escucha y coordinación. También de tiempo, de irse implantando a base de ensayo y error en lugar de hacer de golpe. Además, la potencial candidata electoral del espacio no milita en Podemos.

Tanto es así que Díaz no participará, ni siquiera estará presente en esta cuarta asamblea. Lo hará solamente a través de un video grabado. El modelo es el del PNV, pero no parece sencillo importarlo al tratarse de una organización con solo siete años de vida y sin las estructuras adaptadas para ello. Súmese que Podemos es más una federación de identidades que una comunidad cerrada.

Foto: La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra. (EFE)

La descentralización y la implantación territorial —con la construcción de liderazgos en cada uno de ellos— es el tercer gran reto para el nuevo Podemos. La principal carencia del partido siempre ha sido su deficiente implantación territorial y en los últimos años todavía se ha ido vaciando más al priorizar siempre lo urgente, lo electoral, sobre lo importante, la construcción por abajo de sus estructuras. Belarra y su equipo parten de cero.

De este congreso saldrá también su cuarta secretaría de Organización, después de que el actual responsable, Alberto Rodríguez, renunciase a seguir en el cargo. Si falla la apuesta por revertir el vaciamiento e impulsar la construcción territorial, deberá empezar prácticamente de cero. Primero, debería decidir a qué modelo se aspira, si federal o confederal, y de qué nuevos órganos se dota para desarrollar dicho modelo.

Retos políticos

Lo más inmediato que deberá hacer el nuevo equipo de dirección será redefinir sus prioridades políticas y estratégicas. Qué relación se quiere tener con el PSOE y qué papel jugar en el Gobierno como socio minoritario. Reevaluar o no el programa de coalición en función de los fondos europeos o sus plazos. Retos políticos que se complementarían no solo con los cambios en las distintas áreas de dirección internas, sino también en el grupo parlamentario, ya sea de nombres o de estrategias.

A medio plazo, el principal reto político pasa por ensanchar el espacio y tender puentes para reunificar a todos los sectores que, escisión tras escisión, se han ido quedando por el camino hasta conformar un archipiélago de formaciones y plataformas o, lo que es peor, desencantados. Reunificar el espacio y, se sobreentiende, manteniéndose Podemos como el actor hegemónico de este.

Reintegrar las confluencias y sobre todo cerrar el paso a la competencia del espacio verde, que pretende liderar en solitario el proyecto de Íñigo Errejón junto a Verdes Equo. Para marcar terreno en esta línea, se ha lanzado una marca verde bajo el paraguas de Unidas Podemos, el partido Alianza Verde impulsado por el diputado morado y exdirector de Greenpeace, Juan López de Uralde. Asimismo, Yolanda Díaz asistía este viernes por primera vez a la reunión de ministros verdes europeos. En definitiva, se trata de disputar la bandera verde y evitar que la fragmentación del espacio alternativo al PSOE lo vuelva testimonial, como Izquierda Unida antes de que el 15-M abriese este nuevo ciclo político multipartidista.

Foto: Ione Belarra. (EFE)

Podemos deberá decidir así qué quiere ser, cómo y con quién. O al menos a qué quiere aspirar. Si mantener su actual apuesta, en el marco del bibloquismo con extremos, ocupando el espacio más a la izquierda del PSOE e inevitablemente siendo su muleta, o volver a aspirar a la transversalidad. Apuesta estratégica para la que se debe partir del reconocimiento de un cierre de ciclo. Cierre de ciclo que se materializó con la salida de Iglesias, pero que comenzó a visualizarse desde el mismo momento en el que los morados se convirtieron en partido bisagra de los socialistas al entrar en minoría en el Gobierno de coalición. Renovarse o morir. Romper amarras y evitar la inercia, readaptándose para volver a ofrecer el aire fresco y la capacidad de conexión con la calle con la que irrumpieron en las instituciones.

Podemos inicia nueva fase, sin Pablo Iglesias y de la mano de Ione Belarra, quien ocupará desde este domingo la secretaría general si, como todo indica, así se ratifica en la cuarta asamblea ciudadana del partido. Los retos a los que se enfrenta no son menores, tanto organizativos como políticos. Algunos, como la implantación de una bicefalia, autoimpuestos, otros sobrevenidos como la necesidad de recuperar impulso electoral y tratar de seguir siendo el actor hegemónico en el espacio a la izquierda del PSOE. La marcha de Iglesias, tras siete años de hiperliderazgo y un modelo de organización más centralizado de lo que les hubiese gustado a muchos líderes territoriales, deja un innegable vacío político y de liderazgo. Ocuparlo, legitimarse, ganar credibilidad y arrancar una nueva fase consciente de que se ha cerrado un ciclo será el primer desafío del equipo coral que la acompañará.

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