La aragonesa que recuperó a sus hijas entre los menores de Ceuta: "Aún me faltan tres"
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Historias de una crisis

La aragonesa que recuperó a sus hijas entre los menores de Ceuta: "Aún me faltan tres"

Marta María viajó desde Tarragona a El Tarajal a buscar a las menores, criadas en Marruecos. Sueña con reunir al resto de sus hijos, dados en acogida desde hace años

placeholder Foto: Marta, con sus dos hijas en su pueblo de Tarragona. (Alejandro Requeijo)
Marta, con sus dos hijas en su pueblo de Tarragona. (Alejandro Requeijo)

La vida le ha dado a Marta María de los Ángeles una segunda oportunidad. Es la mujer española que la semana pasada recorrió el país entero en coche, desde Tarragona a Ceuta, al enterarse de que sus hijas de 13 y 14 años estaban entre los cientos de menores que habían cruzado a nado la frontera. Las encontró en una nave industrial de El Tarajal junto a decenas de niños. A. estaba dormida y T. se había escondido debajo de una mesa, cubierta por una manta. "Estoy viva por ellas, pero no estamos todos, aún me faltan otros tres", dice.

Marta, de 49 años, y sus niñas encarnan una de tantas historias de la última crisis con Marruecos, en su caso, con final feliz. Una semana después, tratan de empezar una nueva vida juntas por segunda vez. Aunque las tres nacieron en Zaragoza, las pequeñas han vivido desde que tienen uso de razón en la ciudad marroquí de Castillejos con su padre y la familia de este. Entre ellas, hablan en árabe porque las pequeñas apenas saben español. "Pero son mañicas como yo", aclara su madre con un acento entre aragonés y rifeño.

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A. dice que apoya al Barça por Messi y que le gustaría ser piloto. T., que ejerce todo el tiempo de hermana mayor, prefiere el mundo de la moda o ser peluquera. Marta afirma que no les cortará las alas y que siempre respetará su voluntad, incluso si deciden regresar a Marruecos. "Cuando sean mayores de edad, antes no", zanja.

placeholder El pueblo en el que vive Marta con las niñas está a 30 km de la ciudad de Tarragona. (Alejandro Requeijo)
El pueblo en el que vive Marta con las niñas está a 30 km de la ciudad de Tarragona. (Alejandro Requeijo)

El nuevo hogar de estas niñas se encuentra en un escenario muy distinto a lo que estaban acostumbradas. Es un pueblo de apenas 500 habitantes escondido entre montañas. Lo parte en dos una vía ferroviaria donde los trenes pasan cada mucho. Desde Tarragona, se tarda unos 30 minutos en coche. Allí todos conocen a Marta y la llaman por su nombre. Saben su historia y la de sus hijos. "Marta, han llamado unos periodistas preguntando por ti, luego te comento", le dice con discreción el encargado de un restaurante que sirve berenjena rellena y longaniza como menú del día. Él les prepara pollo rebozado.

"Ahora estamos empezando a recomponer el puzle", celebra la madre con una sonrisa triste. Ese puzle es una foto de familia que se rompió hace mucho entre malos tratos de su pareja, problemas de adicción, centros de acogida, informes de los asuntos sociales y juzgados. "Dejé eso hace mucho tiempo", dice Marta con ánimo de pasar página. Pidió unos días para descansar antes de hablar con El Confidencial. El miércoles por la mañana fue a empadronar a sus hijas. Hasta ahora, las veía dos veces al año en Marruecos. Pero siempre volvía a España sin ellas porque su marido o su familia se lo impedían.

Marta tiene siete hijos y hasta la semana pasada vivía sola con su madre, dependiente y postrada en una cama. Los dos primeros son fruto de un matrimonio anterior. Residen en Zaragoza, pero dice que son su principal apoyo y que el domingo irán al pueblo a conocer a las niñas. Son dos chicos a los que tuvo al poco de cumplir 20 años, casi al tiempo de pasar una temporada buscando suerte en Alemania. De aquello le quedan algunas frases en alemán y el recuerdo de varios empleos en cadenas de comida rápida.

Foto: Un grupo de menores intentan cruzar a España a bordo de una barca cerca de la playa ceutí de El Tarajal. (EFE)

Su lucha ahora se centra en recuperar a los otros tres hijos de los cinco que tuvo con su "verdugo". Así describe al marroquí que conoció en Zaragoza. La mayor es V. y nació en 2006. La siguen A. y T. El cuarto es el único varón, D. A., nacido en 2009. La más pequeña, D., tendrá ahora nueve años. Los tres que le faltan están en familias de acogida en Cataluña, según su madre. Lamenta no tener mucha más información porque dice que las autoridades se la niegan. Sin embargo, sabe que la mayor "es patinadora". Tiene ya 15 años.

"Las palizas empezaron cuando nació V., le cogió celos", narra entre lágrimas Marta al hablar de su ex. "Vivíamos en la calle Pegaso de Zaragoza, de alquiler, y de la noche a la mañana desmontó la casa completa, lo metió todo en la furgoneta, dijo que en España empezaba la crisis y que en Marruecos sería la vida más barata". Lo que relata de su experiencia allí se asemeja más a un cautiverio que incluye encierros bajo llave. Aun así, logró escapar. Estaba embarazada del cuarto y solo pudo llevarse a la más mayor, de apenas tres años de edad.

Escapó de Marruecos

"Me fui con lo puesto y una bolsa de pañales", cuenta. Su destino era la casa de una tía, hermana de su madre. Recuerda que salió de Marruecos el 2 de septiembre de 2009 y al día siguiente rompió aguas en el tren. La llevaron al Hospital Joan XXIII de Tarragona y salió sin ninguno de sus hijos. Confirma su relato y las fechas el expediente consultado por este periódico con autorización de Marta. El mismo día que dio a luz, la Dirección General de Atención a la Infancia de la Generalitat dictó una "resolución de desamparo y retención hospitalaria". No le dieron la opción de ser escuchada "por razones obvias de urgencia".

placeholder Marta guarda fotos de cuando las niñas eran pequeñas.
Marta guarda fotos de cuando las niñas eran pequeñas.

Este departamento se hacía eco de que en el pasado su primera hija ya había estado "en estudio" por parte del Departamento de Servicios Sociales y Familia del Gobierno de Aragón. "Se cerró el expediente por abandono del país e incumplimiento de los acuerdos pactados". La última información que se tenía de aquel seguimiento es que la situación de Marta "era compleja", también la "mala relación" con su madre y abuela de los niños. Los familiares que referenció para quedarse con la pequeña de tres años rechazaron hacerse cargo. Los documentos también reflejan las denuncias por malos tratos en el hogar con la niña de testigo.

"Se desprende la existencia de una situación de desprotección grave para los menores", dice el documento, que aboga por una "actuación urgente y provisional de protección". El 14 de enero de 2010, el Departamento de Acción Social y Ciudadanía decretó el ingreso de su hija en el centro de acogida Llar Llevant. A Marta le permitieron visitar a su hija una hora a la semana.

Foto: Verónica Saldaña ha denunciado a su expareja por malos tratos.

En octubre de 2009, los servicios sociales de Valdefierro (Zaragoza) remitieron un informe a Tarragona para informar de lo que había sido su seguimiento a la pareja, antes y después de irse a Marruecos, ya que ella llamaba para alertar de su situación o realizaban visitas a España. El documento abunda en el riesgo de desamparo de los menores, pero concluye con una frase: "Marta entonces era una persona muy afectiva con sus hijas y buena cuidadora, cuando se encontraba bien".

Ella recurrió sin éxito a los tribunales, concretamente al Juzgado de Primera Instancia número 5 de Tarragona. Ahora también pleitea en los tribunales por tener acceso a comprar la casa en la que vive de okupa desde hace años. Según dice, nadie la reclama porque es del banco. Calcula su precio en 60.000 euros y afirma tener ahorrado para la entrada. Es una casa de dos plantas adosada en una hilera de viviendas cuya uniformidad contrasta con la estética del pueblo. Recibe una indemnización mensual por invalidez —también reflejada en los documentos— y la pensión de su madre.

placeholder Marta y sus hijas T. y A. comen en un restaurante cercano a su casa. (Alejandro Requeijo)
Marta y sus hijas T. y A. comen en un restaurante cercano a su casa. (Alejandro Requeijo)

Mantuvo contacto con su "verdugo" hasta que falleció en 2018. Él, que tenía otra familia en Marruecos, la seguía visitando en España y por eso tuvieron a su última hija: "Le cuidé hasta que falleció, a pesar de todo. Para que sus hijos nunca me pudiesen echar en cara que le dejé morir como un perro. Y le llevé para que fuese enterrado en su país". El siguiente capítulo en la vida de Marta fue la noticia de la entrada masiva de ciudadanos marroquíes en Ceuta la semana pasada. Alguien de la familia de su ex le avisó de que A. y T. habían cruzado la frontera. Ellas lo confirman, dicen que lo hicieron nadando y que apenas les costó.

Reencuentro en El Tarajal

Marta se subió a un coche con un amigo "que es como un hermano" y se presentó en la Jefatura Superior de Policía de la ciudad autónoma con los DNI de las niñas que les hizo cuando eran casi bebés y la partida de defunción del padre, según confirman fuentes policiales. Antes de llegar, en la comisaría le dijeron por teléfono que con eso bastaría para llevárselas a casa. Pero antes había que encontrarlas. Fue en una de las naves industriales donde las autoridades españolas habilitaron para alojar a los menores. Marta tuvo que gritar varias veces sus nombres antes de que se separaran del resto de niños y se fundieran en un abrazo. La Policía emitió un breve comunicado para informar del reencuentro.

Foto: Un soldado ayuda a un inmigrante a salir del agua. (EFE)

Esta madre no teme volver a perderlas. Afirma que ya se ha puesto en contacto con Asuntos Sociales y que le van a ayudar a buscar un colegio para el próximo curso. Este miércoles, A. y T. lucían el mismo vestido rojo que les compró su madre en Ceuta mientras los agentes cumplimentaban el papeleo con aviso a la Fiscalía de Menores. Marta no deja pasar un minuto sin controlar dónde están sus hijas. Cualquier presencia le inquieta. Si un coche aparca cerca donde las niñas están jugando, no le quita ojo hasta que lo identifica o se marcha.

Ellas parecen ajenas a todo. Son tímidas y a veces caminan cogidas de la mano. Actúan como las niñas de su edad. Piden el móvil para ver vídeos o se hacen un selfi comiendo un helado de postre y rompen a reír. Su madre las observa orgullosa, dice que son "bravas". Intenta traducirles lo que está diciendo de ellas: "Ay, no me acuerdo cómo se dice valiente en árabe".

Ceuta
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