Los jóvenes vuelven a los sindicatos tras años de desidia: "Son sobre todo mujeres"
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Los jóvenes vuelven a los sindicatos tras años de desidia: "Son sobre todo mujeres"

A medida que aumenta la precariedad, los jóvenes han comenzado a plantearse su entrada en los sindicatos tradicionales. El perfil, mujeres del sector servicios o de cuidados

placeholder Foto: Ana González, secretaria general de la Federación de Servicios y Movilidad de Castillla-La Mancha. (Foto cedida)
Ana González, secretaria general de la Federación de Servicios y Movilidad de Castillla-La Mancha. (Foto cedida)

Ana González Palacios se afilió a UGT a los 18 años, recién incorporada al sector de la logística y los transportes. Una 'rara avis' en un entorno masculino, con una media de edad alta y, más importante, con una problemática laboral totalmente diferente. “Fueron las injusticias las que me llevaron al sindicato”, explica a El Confidencial. “Éramos los primeros que entrábamos por ETT y los que menos costaba despedir”. A los 21 años fue por primera vez delegada del comité de empresa y hoy, más de una década después, se acaba de convertir en la secretaria general de la Federación de Servicios y Movilidad de Castillla-La Mancha.

Su historia encarna a la perfección un perfil común entre los nuevos sindicalistas: mujer, joven, precarizada y que se ha fogueado en las manifestaciones del 8-M, que les han ayudado a tomar conciencia de la desigualdad en sus empresas. “Cuando las compañeras se acercan al sindicato vienen con la idea de que tienen que afiliarse porque las vamos a ayudar y defender, pero a los hombres les cuesta más y no sé por qué, porque se lo explicas igual y tenemos menos”, recuerda.

"Hay sectores donde los delegados de comité son superjóvenes, como logística"

El perfil estereotipado del viejo sindicalista está en vías de extinción. “Hay sectores donde los delegados de comité son superjóvenes, como logística, y otros donde no tanto, como el ferroviario”, recuerda. Precisamente, los entornos emergentes relacionados con el 'e-commerce', donde se concentra el trabajo más precario. Estos últimos días, hasta el ‘Financial Times’ preconizaba un retorno de los sindicatos tras la sindicación de los trabajadores de Amazon en un almacén de Alabama.

“Hay sectores donde hay muchas mujeres como el sector servicios, pero es que nuestros trabajos son siempre menos estables”, añade. “Si hay tres personas que compiten por un contrato indefinido y son dos mujeres y un hombre, ya sabes a quién se lo van a dar”. Quizá la diferencia respecto a los hombres sea precisamente esa conciencia de la injusticia, impulsada por el movimiento feminista. “Las mujeres que salen a las manifestaciones del 8-M, cuando vuelven al trabajo reivindican sus derechos, no solo de igualdad, sino como mujeres trabajadoras”, añade González.

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Eduardo Magaldi, portavoz de RUGE (Revolución Ugetista). (Foto cedida)

“Tú no necesitas un psicólogo, necesitas un sindicato”. Este eslogan repetido hasta la saciedad en redes sociales sintetiza una mayor predisposición hacia los movimientos sindicales entre los jóvenes, como forma de lucha colectiva frente a la individualización y fragmentación del mercado laboral. “Cuando acudimos a dar charlas a institutos, asociaciones, ONG o partidos políticos, los jóvenes están muy receptivos, profundizan, preguntan, esa dinámica no la veía desde hacía tiempo”, explica Eduardo Magaldi, cántabro de 31 años y portavoz de RUGE (Revolución Ugetista), la rama joven del sindicato.

Pero ¿se traduce eso en una mayor afiliación? “No varía tanto como se puede pensar, porque la afiliación está vinculada al mercado laboral: un joven no se afilia como joven, sino como trabajador”, añade. La precariedad es la pescadilla que se muerde la cola, una característica intrínseca al mercado laboral que sobre el papel debería acelerar la participación, pero, en la práctica, la frena. “Con esas dinámicas de expulsión del mercado y reincorporación, sin estabilidad laboral, puedes afiliarte, pero no vas a llevar a cabo acción sindical”. Donde sí se ha notado el crecimiento es entre las afiliadas: en RUGE, más de un 70% son mujeres, explica su portavoz.

Los sectores donde más crece la afiliación joven es enseñanza, sanidad y servicios

Jorge Maeso, responsable de Política Sindical contra la Precariedad y, ‘de facto’, encargado de la organización joven de CCOO Madrid, proporciona más datos. “Vamos bien, tenemos más afiliados menores de 30”, explica. 50.155, un 3,32% más que en el año anterior. Los sectores con mayor crecimiento, la enseñanza (un 9,32%), servicios (8,25%) y sanidad (7,87%). La industria es donde más decrece la afiliación, con un 5,27% menos. “El 43% de los jóvenes afiliados están en servicio al por menor, sanitarios y servicios de comida”, añade.

El caso de Maeso es semejante al de sus compañeros: no solo tuvo que plantar cara a la empresa, sino a las generaciones anteriores de sindicalistas. “Hace 11 años que entré a trabajar en banca en el Santander, la selección sindical era muy potente y muy antigua, con compañeros ya entrados en años, así que, cuando me quejaba de las condiciones de los jóvenes, me decían que me presentase si quería cambiar las cosas”, explica. Les tomó la palabra, salió elegido y terminó convirtiéndose en el delegado sindical del sector en CCOO.

Atiende, joven, llega el sindicato

Los grandes sindicatos han tenido que afilar cierto ingenio en la búsqueda de fórmulas para rejuvenecer sus afiliados. Era eso o desaparecer: según los datos de la OCDE, la afiliación a los sindicatos llegó el año pasado a su punto mínimo desde 1990. RUGE es uno de los ejemplos más claros de cómo los sindicatos tradicionales se han puesto las pilas para captar a una generación con unas necesidades completamente distintas. Son, de hecho, una asociación juvenil vinculada a UGT.

placeholder Jorge Maeso, responsable de Política Sindical contra la Precariedad de CCOO. (Foto cedida)
Jorge Maeso, responsable de Política Sindical contra la Precariedad de CCOO. (Foto cedida)

“Antes teníamos un departamento de juventud que dependía de los nombramientos de la ejecutiva de turno, ahora hemos cambiado nuestro funcionamiento y la asamblea marca líneas de trabajo sobre prioridades que antes no eran tan fáciles de visibilizar”, explica Magaldi. “Nuestra agenda la marcan las preocupaciones de los propios jóvenes: hemos llevado a cabo una campaña de becarios, nos hemos infiltrado en algunas empresas, estamos trabajando en un estatuto de las prácticas no laborales…”. Por ejemplo, el documento #reiniciarsistema recoge algunas de las reivindicaciones poscovid recopiladas por la organización.

Aunque la rama juvenil de CCOO no tiene una entidad tan clara, también ha tomado cartas en el asunto para enfrentarse al problema de la afiliación en un grupo social, la juventud, donde el paro supera el 40% y el trabajo es eminentemente precario. “La imagen que mucha gente tiene de los sindicatos no es la mejor del mundo, así que hemos abierto canales para resolver consultas por WhatsApp aunque no estén afiliados”, explica Maeso. Otras campañas están relacionadas con el reparto de comida o las visitas a los centros comerciales, “donde más precariedad hay”. La sustitución del sistema de cuotas al de tramos económicos y para estudiantes también ha permitido cierta apertura.

"Los jóvenes perciben que CCOO y UGT son más parte del problema que de la solución"

Los que no han planteado hacer campañas son CGT. “Es raro que hagamos campañas de afiliación”, explica Tomás Rodríguez, secretario de Acción Sindical. “Lo mejor es estar ahí cuando tienen un problema, escucharles y ayudarles, esa es la mejor estrategia de captación”. Una de las razones se debe a que, al igual que ocurre con CNT, su perfil marca distancia con los sindicatos tradicionales y los acerca a los movimientos sociales. Los jóvenes y las mujeres abundan, especialmente en sectores donde el sindicato tiene una gran penetración, como el ‘telemarketing’ o las TIC.

“Están entrando nuevos sectores como el de cuidados y la economía social, la ayuda a domicilio o el trabajo en residencias, que son empleos ejercidos normalmente por mujeres”, añade Rodríguez. Como explica el sindicalista, es común es que los afiliados de CGT sean empleados más jóvenes, precarios y subcontratados por una empresa mayor, donde prevalece la estructura los sindicatos de clase: “CCOO y UGT son en muchos casos más parte del problema que de la solución, y así lo perciben los trabajadores y trabajadoras jóvenes”.

placeholder Unai Sordo y Pepe Álvarez participan en la concentración convocada en Toledo. (EFE)
Unai Sordo y Pepe Álvarez participan en la concentración convocada en Toledo. (EFE)

Una y otra vez, vuelve a salir en los discursos de los sindicalistas la fábrica, como estereotipo del viejo sindicalismo. “Cuando vamos a sus centros te cuentan cosas de todo tipo, problemas con la nómina, que no les pagan, que tienen problemas de salud laboral… Es necesario que nos vean como más modernos, no anclado a la fábrica”, explica Maeso. “La sociedad ha evolucionado, y la percepción de la clase trabajadora sobre el sindicalismo también”, añade Gómez. “Ya no estamos ante la SEAT, sino ante la SEAT y un conjunto de subcontratas con una mayor precarización y un nuevo público”.

Hace unos años, Beltrán Roca Martínez, sociólogo de la Universidad de Cádiz, publicó un interesante trabajo para la Fundación Alternativas en el que planteaba una salida a la crisis de los sindicatos, que pasaba por la democratización de las estructuras internas, el fortalecimiento de alianzas con otros actores de la sociedad civil y una revisión crítica de la política sindical de concertación, entre otras. "UGT y CCOO están detectando un mismo problema y soluciones distintas", valora Víctor Reloba, militante de base de CCOO. "Una que dice que, si los jóvenes no se acercan, una parte del sindicato debe convertirse en aquello a los que los jóvenes sí se acercan, con el riesgo de pérdida de nexo laboral y de nexo con el propio sindicato, y otra que es revertir la tendencia del sindicato a intervenir donde es más fuerte, en la empresa y ciertos sectores, y llevarlo donde es más débil". Reloba cita a Unai Sordo: "Lo que la empresa ha fragmentado que lo una el sindicato". "Mientras la empresa se hace más pequeña, el sindicato lleva recursos a esas zonas oscuras donde 'de facto' el derecho laboral no operaba, como la hostelería. Si son capaces de llevar a cabo esa territorialización, serán capaces de llegar a esas zonas oscuras". Ahí está la siguiente clave: en lo oscuro.

Sindicatos en la era de Glovo

Las organizaciones tradicionales tienen que enfrentarse a otra dinámica, que es la aparición de plataformas constituidas por sectores concretos para solucionar problemas muy determinados, como es el caso de Riders x Derechos. Estructuras a simple vista más ágiles y funcionales en los sectores emergentes donde los sindicatos generales no tienen presencia. ¿Les comen la tostada?

"Hay un colectivo que no es que no quiera sindicarse, es que no puede"

“A nosotros no nos afectan”, añade Tomás Gómez. “Es muy complicado entrar por su propia idiosincrasia, no es un centro de trabajo convencional, hay una dispersión terrible”. Y recuerda que en Madrid las denuncias se presentaron a través de CGT o en Valencia y Cataluña, a través de la intersindical. “Me ha venido muy bien, porque cuando empecé había cosas que me costaba que se entendieran en la organización y había más resistencias, y han ayudado al tema de modernización de estructuras”, explica Maeso. “Ahora colaboramos mucho con Riders x Derechos, les ofrecimos nuestros servicios jurídicos y estuvimos personados en la causa contra Glovo”.

Magaldi es más crítico. “A veces me da un poco de miedo estas cosas que emergen y estallan por sí solas, y que pueden tener un cierto recorrido, pero que únicamente sirven para ensalzar a una persona en concreto para que pegue el salto a política, movimientos que consiguen retuits, pero que no cambian la realidad”, valora, dejando que cada cual piense sus propios nombres. “En cuanto a sindicatos de sector, lo que más miedo me da es que se creen ‘lobbies’ dentro de las empresas que sirvan para mejorar ciertas profesiones, como enfermeros o médicos que solo reivindican lo suyo y les dé igual cómo está el celador, nosotros escalamos a sindicalismo de clase porque entendemos que las mejoras colectivas deben beneficiar a toda la sociedad”.

Foto: Un 'rider' de Deliveroo. (Reuters)

En el horizonte se encuentra una crisis económica cuyos límites aún se desconocen y la evolución hacia un modelo laboral que entra en conflicto con las costumbres del viejo sindicalismo. “Hay un colectivo muy notable de personas que no es que no quieran sindicarse, es que en la práctica es imposible”, recuerda Gómez. “En 2019 había 800.000 personas contratadas por ETT, con casi ocho millones de contratos. Por su duración les resulta imposible organizarse y sindicarse”. La precariedad moviliza, la precariedad paraliza.

Ana González Palacios se afilió a UGT a los 18 años, recién incorporada al sector de la logística y los transportes. Una 'rara avis' en un entorno masculino, con una media de edad alta y, más importante, con una problemática laboral totalmente diferente. “Fueron las injusticias las que me llevaron al sindicato”, explica a El Confidencial. “Éramos los primeros que entrábamos por ETT y los que menos costaba despedir”. A los 21 años fue por primera vez delegada del comité de empresa y hoy, más de una década después, se acaba de convertir en la secretaria general de la Federación de Servicios y Movilidad de Castillla-La Mancha.

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