El plan de masculinidades del ala dura de la CUP excluye al 30% de sus varones
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CURSILLOS DE "ENDAVANT"

El plan de masculinidades del ala dura de la CUP excluye al 30% de sus varones

En la plataforma se exige a los hombres una serie de criterios de masculinidad y a favor del feminismo; también trabaja en un protocolo de intervención si hay situaciones de acoso o abuso

Foto: El diputado de la CUP Albert Botran conversa con la ministra de Educación, Isabel Celaá, en el Congreso. (EFE)
El diputado de la CUP Albert Botran conversa con la ministra de Educación, Isabel Celaá, en el Congreso. (EFE)
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Todos los varones de Endavant, el núcleo duro de la CUP, están obligados a realizar los cursillos del ‘Plan de Masculinidad’ como requisito para entrar en la organización. Quien no los haga o quien incumpla una serie de compromisos, fuera. El programa, “más allá del trabajo personal de los hombres sobre sus comportamientos", supuso "un gran compromiso con la feminización de la organización”, dice un informe de este partido aprobado el pasado 22 de diciembre. A tenor del resultado, queda trabajo por hacer: un 30% de los aspirantes quedaron excluidos.

La pequeña organización radical afirma que el desarrollo del ‘Plan de masculinidades’, en el que sigue trabajando, “es una herramienta básica para la prevención de la violencia machista: mediante una profundización ideológica en la contradicción entre las masculinidades hegemónicas y un proyecto revolucionario, mediante la identificación de las violencias que los hombres reproducen en su vida diaria y analizando profundamente el impacto que estas violencias generan en su entorno, nuestra organización y nuestro proyecto político”.

El ‘Plan de masculinidades’ es, en esencia, cursillos feministas. “Este trabajo [el Plan de masculinidad] es un proceso que iniciamos en el 2018 y que ha consistido en una serie de ejercicios dirigidos a los hombres de la organización, centrados en la identificación de actitudes y comportamientos y en el impacto que esto genera en su entorno y en la organización; al mismo tiempo, también, en la contradicción que representa respecto a nuestro proyecto político revolucionario”.

En el marco de este trabajo, añade el informe, “se propusieron actividades grupales e individuales y se suspendió de militancia a todos los hombres que no realizaron estas tareas. Este proceso supuso la suspensión de casi un 30% de los hombres de la organización, hecho que muestra el camino que nos queda por recorrer y que esta es una apuesta central por la feminización de la organización”.

Once denuncias internas

El texto recoge otras medidas, al menos en proceso, como "una serie de debates de carácter técnico y político para crear un protocolo propio”. Con él, se pretende formar a la militancia y prevenir violencias machistas. “Al ser un proceso largo, estamos iniciándonos en los primeros debates, en lo que está implicada toda la militancia”. En la actualidad, Endavant se rige por un protocolo aprobado en 2018, mediante el que ha gestionado o está gestionando 11 denuncias internas. Respecto a ellas, se han tomado distintas medidas, “desde suspensión de militancia vinculada al reconocimiento y cambio hasta la limitación de responsabilidades en el seno de la organización, separación de espacios, y trabajos personales y de identificación. En términos temporales, las medidas han oscilado entre 1 año y, las más cortas, 2 meses”.

Según el protocolo de agresiones de 2018, las violencias tienen varios niveles y características. En cuanto a violencias físicas, el nivel 1 es “acusar con el dedo ante los ojos”, tocamientos no sexuales no deseados o retenciones momentáneas; el nivel 2 es hacer la zancadilla, pellizcar, hablar de cerca de forma intimidatoria, empujar, amenazar con el puño, coger con fuerza, coger del brazo, arrinconar o escupir; el nivel 3, estirar de los pelos, coger por el cuello, dar puñetazos, morder, dar patadas, perseguir, retener o encerrar, inmovilizar, lanzar objetos o agresiones físicas ‘sutiles’; y el nivel 4 es “intento de feminicidio”, "quemar o cortar intencionadamente”.

Hay un capítulo para las llamadas "violencias ambientales", estructurada en niveles: el 1 integra la cosificación, imponerse alzando la voz, dar portazos, generar ambiente hostil hacia una persona, hacerle el vacío o acaparar espacio; el 2 recoge esconder objetos personales, romper o lanzar objetos con ánimo intimidatorio o aislar a una persona en las conversaciones; y el nivel 3, dañar a mascotas o a personas cercanas.

Foto: Imagen compartida por Arran en su perfil de Twitter de la protesta contra el G20 en Hamburgo. (Arran)

En el plano de violencias económicas, se considera nivel 1 pagar menos a una mujer que a un hombre por el mismo trabajo, pedirle dinero y no devolverlo y protestar continuamente por el uso que hace del dinero; de nivel 2 es aprovechar la desigualdad económica para imponer un criterio, robar pequeñas cantidades de dinero, revisar el monedero continuamente o utilizar el chantaje económico; y de nivel 3, poner los bienes conjuntos a nombre de él, robar grandes cantidades de dinero, endeudarse o poner en riesgo de endeudamiento a la otra persona en beneficio propio, controlar y retener los ingresos económicos y obligar a dejar el trabajo remunerado.

En cuando a violencias psicológicas, la escala es la siguiente: mentir o engañar, forzar celos, insultar, control de las relaciones, ridiculizar, menospreciar, manipular lo que ha dicho, hacerla sentir incompetente, acusar de infidelidad, ser paternalista, infantilizar, abusar de argumentos lógicos, hacerla dudar de lo que piensa, juzgar a la mujer por su apariencia física, juzgarla por su vida sexoafectiva, hacerle chantaje, ignorar o no escuchar, desautorizar o humillar. Todo esto forma el nivel 1. En el 2 se sitúa amenazar con hacerse mal para controlarla, difundir mensajes de ella sin su consentimiento, exigir obediencia, tomar decisiones unilaterales sobre la vida en común, imponer una manera de vestir o de comportarse, gritar y amenazar. Y en nivel 3 está “amenazar con suicidarse para controlarla”; y en nivel 4, amenazarla de muerte.

En cuanto a violencias sexuales, en el nivel 1 se sitúa la “mirada lasciva”, comentarios lascivos y el ser baboso. En el nivel 2, exhibicionismo sexual, hacer fotos o vídeos sin consentimiento, acoso sexual, presionarla para practicar sexo no seguro, explicar intimidades sexuales o realizar tocamientos sexuales no deseados. En el nivel 3, se sitúa la violación, el forzar prácticas sexuales no deseadas, tomar represalias si ella no accede a tener relaciones sexuales, difundir vídeos sexuales o imponer prácticas sexuales no seguras. En el último escalafón, el nivel 4, se ubica la violación con fuerza.

Escándalos escondidos

El 'modus operandi', cuando Endavant recibe una denuncia, es ponerse en contacto con los protagonistas del hecho. “Trabajamos en la denuncia de la agredida y su acompañamiento. Además, también intentamos trabajar con el denunciado, con el objetivo de que identifique y modifique sus comportamientos, garantizando así un espacio seguro para el conjunto de la militancia. A partir de aquí, nos regimos por el protocolo establecido para determinar las medidas a tomar. Realizamos un seguimiento del caso durante el periodo indicado por el protocolo”.

Uno de los principales debates ha sido la comunicación pública relacionada con las agresiones y violencia en el seno de la organización. De hecho, la CUP ha tenido fuertes escándalos internos, algunos de los cuales han salido a la luz años después de producirse. Uno de ellos tuvo como protagonista a una de las lideresas de la organización, Mireia Boya, que acabó admitiendo un episodio de 'mobbing' y acoso laboral por parte de otro de los dirigentes. En marzo de 2019, dejó la cúpula de la organización por la “agresión psicológica continuada”, dando a conocer el tema en un escrito que hizo público. “Marcho consciente de dejar el reto colectivo de mejorar la gestión de las agresiones machistas”, se quejaba.

Foto: Mireia Boya (CUP) deja la política (EFE)

Poco después, su presunto acosador, Xevi Generó, miembro también de la cúpula, dejaba sus cargos de responsabilidad y se dedicaba a su trabajo profesional como guarda de montaña, colgando los guantes políticos. Más recientemente, trascendió también el caso del exdiputado Quim Arrufat, quien fue denunciado dos veces, una por acoso sexual y otra por abusos sexuales en el otoño de 2014. La CUP mantuvo en secreto estas denuncias internas hasta que el pasado mes de octubre fueron filtradas.

El informe de Endavant señala, asimismo, que uno de los objetivos de la organización “es contribuir a transformar el conjunto de la sociedad, es decir, cambiar las relaciones sociales que se producen y, por tanto, transformar todas las personas y las estructuras de dominación que las determinen-condicionen”. Señala, al mismo tiempo, que “todas nuestras apuestas implican la autodefensa feminista, entendiéndola como la herramienta colectiva de la que nos dotamos como mujeres para defendernos ideológica, emocional, física y económicamente de todo el sistema patriarcal que nos violenta”.

Durante los últimos años, la organización ha promovido los Encuentros de Mujeres de Endavant, de donde han salido todas las propuestas que ahora condensa en sus informes. Estos encuentros “han sido una herramienta muy útil para fortalecer todavía más la apuesta feminista del conjunto de la organización. Han permitido avanzar en el proceso de feminización de la organización, especialmente en lo referente a la revisión de las dinámicas masculinizadas en las asambleas”.

Todos los varones de Endavant, el núcleo duro de la CUP, están obligados a realizar los cursillos del ‘Plan de Masculinidad’ como requisito para entrar en la organización. Quien no los haga o quien incumpla una serie de compromisos, fuera. El programa, “más allá del trabajo personal de los hombres sobre sus comportamientos", supuso "un gran compromiso con la feminización de la organización”, dice un informe de este partido aprobado el pasado 22 de diciembre. A tenor del resultado, queda trabajo por hacer: un 30% de los aspirantes quedaron excluidos.

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