Qué ocurre cada día en España entre las 16 y las 18 h (y qué dice sobre nuestros horarios)
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LA JORNADA PARTIDA NOS DIVIDE

Qué ocurre cada día en España entre las 16 y las 18 h (y qué dice sobre nuestros horarios)

Un nuevo trabajo publicado en 'Time & Society' y realizado por investigadores españoles muestra cómo impacta la jornada continua y la jornada partida en nuestras costumbres

Foto: Foto: Reuters/Vincent West.
Foto: Reuters/Vincent West.

Es probable que, cuando lea este artículo, aún falte mucho para las cuatro de la tarde, especialmente si es de los que revisa la prensa por la mañana en la oficina. Es también posible que lo esté haciendo más tarde, disfrutando del descanso vespertino después de su jornada laboral. Piense en qué hace cada día entre las cuatro y las seis de la tarde, en qué hace el resto de su familia y conocidos, y quizá entienda un poco mejor por qué tenemos los horarios que tenemos, por qué las mujeres cargan con más trabajo y por qué nos terminamos acostando tan tarde cada día.

La horquilla que comprende entre las cuatro y las ocho de la tarde es el momento del día en el que más tiempo dedicamos los españoles a realizar tareas del hogar. Parece lógico. Es el momento de recoger a los niños del colegio, llevarlos a las clases extraescolares, bañarlos, hacer la cena u otra clase de actividades que se dejan para la tarde. Eso ya lo sabíamos gracias a la encuesta de empleo del tiempo del INE. Lo que no estaba tan claro era la letra pequeña. Durante esas horas, siguen siendo las mujeres las que llevan a cabo el trabajo del hogar, porque tienden a tener jornadas continuas con más frecuencia que los hombres, entre los que abundan las jornadas partidas.

El único momento del día en el que las mujeres dedican más tiempo al ocio que los hombres se encuentra entre las cuatro y las cinco de la tarde

Este es uno de los hallazgos de 'How the type of working day affects work-life balance and mealtime balance: a study based on the time use survey', un trabajo recién publicado en 'Time & Society' por un equipo de investigadores españoles liderados por Ángel Alonso Domínguez, sociólogo y profesor de la Universidad de Oviedo (los coautores son Javier Callejo y Cecilia Díaz-Méndez), que por primera vez se ha preguntado acerca de cómo influyen la jornada continua y la jornada partida, tan popular en España, en nuestros horarios diarios. La primera observación es previsible: la jornada continua ayuda a equilibrar el trabajo con la vida personal.

"La jornada partida está muy alejada de la conciliación, porque ocupa todo el día con esa pausa a mitad de jornada", explica el profesor a El Confidencial. "Los hombres con jornada continua dedican el mismo tiempo al hogar por las tardes que las mujeres, que es más que los que tienen jornada partida".

Porcentaje de hombres y mujeres trabajando a lo largo del día. Azul: hombres. Rojo: mujeres. (Fuente: Alonso Domínguez 'et al.' a partir de la encuesta de empleo del tiempo)
Porcentaje de hombres y mujeres trabajando a lo largo del día. Azul: hombres. Rojo: mujeres. (Fuente: Alonso Domínguez 'et al.' a partir de la encuesta de empleo del tiempo)

El problema se encuentra en que entre las cuatro y las seis de la tarde, horas críticas en el horario español, hay un tercio de hombres trabajando, mientras que el porcentaje se reduce entre las mujeres hasta el 25%, y no es hasta las ocho de la tarde cuando ambas líneas comienzan a coincidir. Es decir, como muestra el siguiente gráfico, la tarde es el imperio de las labores, que aún recaen en un alto grado entre las mujeres. La razón, los distintos tipos de jornadas.

Porcentaje de hombres y mujeres realizando trabajo en el hogar a lo largo del día. Azul: hombres. Rojo: mujeres. (Fuente: Alonso Domínguez 'et al.' a partir de la encuesta de empleo del tiempo)
Porcentaje de hombres y mujeres realizando trabajo en el hogar a lo largo del día. Azul: hombres. Rojo: mujeres. (Fuente: Alonso Domínguez 'et al.' a partir de la encuesta de empleo del tiempo)

No es solo una cuestión de tiempos. Como recuerda Alonso, "los varones, todos ellos, sea cual sea el tipo de trabajo, dedican menos tiempo a las labores del hogar a igualdad de tiempo de jornada". Por eso el sociólogo llama la atención sobre otra particularidad: mientras que el único momento del día en el que las mujeres dedican más tiempo al ocio que los hombres se encuentra entre las cuatro y las cinco de la tarde, ya que, se entiende, ellos aún están en el trabajo, en cuanto vuelven al hogar —de media, alrededor de las seis de la tarde—, los hombres dedican más tiempo al ocio y las mujeres a las labores del hogar. "Entre las cuatro y cinco el ocio tiene una intensidad más alta, pero solo en ese horario, porque a partir de esa hora la brecha se ensancha y no se cierra hasta las once de la noche, cuando se van a dormir".

Algo semejante ocurre por las mañanas. Como recuerda Alonso, da igual que se trate de una jornada continua o partida: las mujeres comienzan a realizar tareas mucho antes que los hombres, alrededor de las siete y media de la mañana, incluso aunque trabajen con jornada continua. Uno de los mitos que el trabajo desmonta: "Se suele explicar que las mujeres hacen más trabajo doméstico porque están más en el hogar, pero lo hemos desmontado porque mostramos que su trabajo es más intenso incluso antes de la jornada laboral, cuando están los dos en casa", recuerda el profesor.

Porcentaje de hombres y mujeres dedicados al ocio a lo largo del día. Azul: hombres. Rojo: mujeres. (Fuente: Alonso Domínguez 'et al.' a partir de la encuesta de empleo del tiempo)
Porcentaje de hombres y mujeres dedicados al ocio a lo largo del día. Azul: hombres. Rojo: mujeres. (Fuente: Alonso Domínguez 'et al.' a partir de la encuesta de empleo del tiempo)

Hay un momento muy particular a lo largo del día: las once de la mañana. Es el otro gran pico de trabajo doméstico, la hora de hacer la compra, preparar la cocina o limpiar; de nuevo, más acentuado entre las mujeres que entre los hombres. La explicación de los autores es llamativa. Se trata, sobre todo, de mujeres con empleos a tiempo parcial, algo más común entre ellas (18,7% en jornada continua y 4,2% en parcial) y casi inexistente entre ellos (3,4% en continua y 0,9% en parcial). ¿Qué clase de empleos? Si se echa un vistazo a los portales de empleo, la mayoría de estas ofertas son de empleada del hogar, administrativa, secretaria o recepcionista.

La hora de la comida es sagrada

Otra observación de los autores: el único momento en el que toda la familia se sincroniza, en cuanto a horarios, es en la comida y la cena. "Encontramos una escasa interferencia entre el tiempo laboral y el alimentario", recuerda Alonso. "Las personas con el mismo tipo de jornada intentan coincidir para comer, y no importa si es continua o partida; si es partida comen a las 14:00 y si es continua a las 14:00 o más cerca de las 15:00".

Foto: Dos menús con las reivindicaciones de los ganaderos y agricultores españoles el pasado 5 de febrero. (Reuters)

Lo llamativo es que "la población trabajadora española hace un esfuerzo importante para compartir la comida, independientemente de si su jornada es partida o continua, y las diferencias de género son irrelevantes". En otras palabras, aún estamos muy lejos de la igualdad en otros aspectos, pero la comida es sagrada. Y se puede asegurar que, hasta cierto punto, ese carácter sagrado de la comida es uno de los factores que contribuyen, junto a la popular jornada partida, a que nuestros días sean tan largos. Es decir, a que nos despertemos al mismo tiempo, pero nos acostemos más tarde que en otros países europeos.

"En muchos países europeos, sobre todo del norte de Europa, la comida es mucho más breve, una pequeña alimentación rápida incluso en el centro de trabajo, donde no hay reunión con personas del ámbito familiar", recuerda Alonso. "Aquí intentamos sincronizar los tiempos para hacer una comida más copiosa que procure la reunión familiar, y eso es una cuestión cultural. Aunque lleves el táper a la oficina, procuras reunirte con los compañeros".

"La jornada laboral empieza a la vez que en otros países europeos, pero la terminamos mucho más tarde por la jornada partida"

Una diferencia que termina influyendo en las horas posteriores. "Si analizamos los datos, vemos que la jornada laboral comienza a la misma hora, empezamos la jornada temprano, pero la terminamos mucho después", valora el sociólogo. "En esto está muy implicada la jornada partida que existe en muchos sectores, con una pausa muy larga, hasta de dos horas, entre el final de la jornada de la mañana y la tarde. Eso implica que no terminemos a las cinco o seis, sino a las siete, ocho o incluso nueve. Eso retrasa horarios, las cenas, e incluso el 'prime time'". Según los datos de la encuesta, la mayoría de la población (42,4%) cena entre las ocho y las nueve y media, aunque un 36,8% lo hace después de esa hora.

La cabra tira al monte (presencialista)

En 2012, la jornada partida aún seguía implantada en alrededor de un 45% de empresas españolas, uno de los porcentajes más altos de toda Europa. Esto se traduce en una caída de la actividad entre las dos y las tres del mediodía y un segundo pico de trabajo a las cinco de la tarde (en otros países como EEUU el segundo pico de actividad se sitúa a las dos del mediodía). Sin embargo, esta diferencia significa que son las mujeres las que se siguen ocupando de las labores del hogar en esas horas en las que el hombre no está en casa (aunque, como recuerda el trabajo, también lo harían en caso de que estuviese).

Foto: Foto: EFE.

"El contexto institucional y social tiene un rol importante en la feminización de las tareas", concluye Alonso. "Se está haciendo un gran esfuerzo con la conciliación, pero no se superan las barreras culturales, ni las de las personas ni las de las empresas. Podríamos decir que se ha conseguido la conciliación alimentaria, pero no así la laboral. Parece que la comida principal, larga, resulta clave para la preservación de esa cultura, y se consigue sin tener que adaptarse al horario europeo".

La hipótesis que manejan los autores se reduce a una cuestión de incentivos. Hablando en plata, la conciliación es posible si se ataja a través del placer. En este caso, el estómago. "No podemos demostrarlo por los datos del tiempo en sí, pero parece que la comida en nuestra cultura es una actividad placentera y la conciliación exige un esfuerzo no remunerado y más difícil de aceptar en el caso de los hombres". Comer juntos, cenar juntos, enfrentarse a marrones por separado.

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