Lucas, el niño español que enfermó del covid como un adulto y lo describió en una carta
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el primer caso pediátrico grave en madrid

Lucas, el niño español que enfermó del covid como un adulto y lo describió en una carta

Es uno de los 62 menores de 19 años que han pasado por la UCI en España. Tiene 10 años y le están estudiando para saber por qué enfermó tanto con un virus que apenas afecta a los niños

Foto: Lucas, el niño español que enfermó del covid como un adulto y lo describió en una carta
Lucas, el niño español que enfermó del covid como un adulto y lo describió en una carta

Pasado el susto y revisando su historial, los pediatras del Hospital de La Paz (Madrid) le han bautizado 'Super Lucas’ porque tiene anticuerpos. A la madre, Elena, le dicen que su niño va a salir en todas las revistas científicas. Estos días les hacen preguntas, análisis, exploraciones, para intentar descifrar por qué se puso tan malo ante un virus que para la mayoría de los menores no llega ni a constipado. En marzo, se convirtió en el primer paciente de la UCI pediátrica a causa del coronavirus. Las estadísticas oficiales aseguran que, en toda España, tan solo 62 menores de 19 años han pasado por lo mismo. Siete no han salido con vida.

Pinche para leer la carta de Lucas.
Pinche para leer la carta de Lucas.

La mayoría de los menores que han acabado en cuidados intensivos por covid-19 son bebés o adolescentes. No como Lucas, que cumplió en el hospital 11 años, pocos días después de que su situación se agravase tanto que los médicos prepararon a sus padres para lo peor. Elena recuerda como lo más duro el momento en el que le anunciaron que se lo tenían que llevar a toda prisa a la UCI porque no dejaba de empeorar y el pulmón salía "blanco entero" en la placa.

“Era como si acabasen de entrar cuatro astronautas en la habitación, con sus trajes blancos. Dijeron que yo no lo podía acompañar mientras lo trasladaban y él se asustó mucho, pensó que ya no me iba a ver”, recuerda. “Una de las cosas que más le preocupaba es que había oído que los enfermos se quedan solos. Se derrumbó, se puso a llorar y le dio un ataque de tos que se me ahogaba. Le dije que confiase en los médicos, que le iban a ayudar. Según entró le dio otro ataque de tos y se le echaron encima siente médicos. Estuvieron a punto de intubarle. Yo no me atrevía a preguntar si se iba a morir. Les decía si estaba evolucionando tan mal como un adulto”.

Elena y su marido, Elías, dicen que han perdido mucho peso en las últimas semanas. “A mí además se me cae el pelo que, si sigo así, me quedo calva”, dice ella. “Yo estuve menos en el hospital y más en casa, pero te aseguro que no sé qué es peor si estar allí o solo en casa esperando una llamada, preocupado porque no responden a un mensaje... Fueron muchos días sin dormir ni un minuto”, dice él, que tiene menos memoria para las fechas, los modelos de respirador y los medicamentos, pero se emociona pensando en su hijo cada dos frases.

El niño primero me dijo que le dolía la tripa, un poco el pecho (...) Le dije que serían gases, que se tirase cuatro 'peos' y se olvidase

Lucas había tenido una broquiolitis cuando era un bebé y una neumonía hacía dos años. Por lo demás, era un niño perfectamente sano. Al revés, sus padres aseguran que es un crío fuerte y muy vigoroso. Empezó a sentirse mal el 17 de marzo por la tarde, cuando apenas había comenzado el confinamiento. “El niño primero me dijo que le dolía la tripa, un poco el pecho, pero llevábamos muchos días siguiendo las noticias, además tengo compañeros de trabajo en Milán y habíamos hablado mucho del coronavirus delante de él. No le di importancia. Le dije que serían gases, que se tirase cuatro 'peos' y se olvidase”.

Lucas, en la UCI.
Lucas, en la UCI.

Al día siguiente, Lucas ya se quejó de que le dolía al respirar y ahí saltaron las alarmas. “En el mes de febrero yo volé a Portugal, mi jefe había estado en Milán… Lo podíamos tener todos. Llamé al centro de salud y me atendieron. Cuando llegué no tenían muchas medidas de protección todavía. Lo auscultaron y no oían nada. Paracetamol y a casa”. A las nueve de la noche la fiebre subió a 39,5, pero Elena no quiso darle ibuprofeno porque desde Francia se había extendido hasta España la idea de que podía ser contraproducente. “Le di paracetamol y me fui a Urgencias de La Paz. Estaba todo casi vacío, ellos con mascarilla, era fantasmagórico. El niño se pone nervioso y acaba vomitando en una papelera. La fiebre le había bajado mucho. Le vuelven a auscultar, un chute de metalgial y de nuevo para casa”.

Al día siguiente, Lucas ya no tenía tanta fiebre, pero sus padres notan que está empeorando. “Tenía un carita... Respiraba pero estaba agotado, con unas ojeras que te mueres. Decía que estaba muy cansado, no quería ni jugar a la PlayStation”, recuerda Elías.”Yo nunca lo había visto así, ni con la neumonía”, dice su madre. Sobre las 8 de la tarde se plantan de nuevo en Urgencias. El pediatra oye algo en el pulmón al auscultarlo y le hacen una placa. Al rato, vuelve con una radiografía que describe como “bastante fea”. A Lucas le meten un palito por la nariz y después le hacen una analítica. Al rato lo confirman: ha dado positivo. El diagnóstico posterior a Elena no se le va a olvidar en la vida: “neumonía bilateral con derrame pleural en el pulmón izquierdo”.

La noche del sábado la pasa en una habitación con su madre. Los pediatras y las enfermeras entran cada dos por tres a verlo, protegidos todavía con lo mínimo. El niño empeora por momentos y los médicos van cambiando el respirador por otro más grande, aumentando la asistencia mecánica paulatinamente. Empiezan con un antiviral que se llama kaletra, unas pastillas amargas que tienen que diluir con agua y azúcar para que las tolere. Aun así las vomita. “El domingo, a la una de la mañana, asoma el pediatra otra vez y me dice que el niño ha empeorado y que ha estado hablando con los intensivistas”, recuerda Elena. Ante la perspectiva de que siga evolucionando como los adultos, deciden bajarlo inmediatamente a la UCI.

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Elías se entera por teléfono. “Mi mujer me dice que el niño no reacciona a ninguna medicación. Cojo el coche y me voy a 200 por hora. Casi me mato por el camino varias veces. Al llegar, me encuentro a mi mujer destrozada en la puerta de la UCI. Nos sentamos con el médico y nos explica con mucha claridad las cosas. Nos dice que si está ahí es porque está muy mal. Lo hace con un tacto y una claridad increíbles. Si no has vivido una UCI es bastante impactante. Es como un hotel de cinco estrellas en el que vienen a verte cada pocos minutos para que estés bien”.

Dibujo que le mandó a Lucas su tío Rubén para animarle cuando entró en la UCI.
Dibujo que le mandó a Lucas su tío Rubén para animarle cuando entró en la UCI.

Elías y Elena se emocionan tanto hablando de su hijo como del personal sanitario. “El motivo por el que hemos querido contarlo es sobre todo para darles las gracias, para que se sepa lo que están haciendo. Ana, Elena, el doctor Meléndez... no puedo expresar lo que siento hacia ellos. Nos fuimos casi sin poder despedirnos porque va todo muy deprisa y estás en una nube, yo al final del cansancio no oía los pitidos…”, dice Elena. Recuerda haber escuchado una madrugada hablar a dos enfermeras que se estaban organizando para dormir en la misma casa y no poner en riesgo a las familias. “Es gente especial”.

En la UCI, Lucas no mejoraba. “Le pusieron un respirador de flujo rápido y bocabajo. El kaletra le empezó a dar mucha diarrea”. El martes por la noche les ofrecen probar un medicamento (remdesivir) que está dando buenos resultados con adultos. “Lo estaban trayendo de Estados Unidos y nos dicen que cuando llegue se lo pueden administrar, que es un medicamento que se usa con el ébola y está dando buenos resultados con coronavirus. Tuvimos que firmar un papel aceptando el tratamiento porque no estaba probado con niños. Me da miedo pero nos fiamos y lo firmamos”, recuerda Elena. Entre tanto van apareciendo otros pacientes y sus acompañantes, posibles contagios infantiles: un bebé de unos 20 meses, una niña...

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El miércoles por la mañana, otro susto. La Paz se está transformando a pasos agigantados en un hospital de campaña para atender el covid y necesitan la UCI pediátrica para los adultos, ya que los menores tan afectados como Lucas se cuentan con los dedos. “Los niños que no eran covid los suben a reanimación y a nosotros nos cambian a una habitación del fondo. Desenchufan a Lucas del respirador para moverlo y empezaba a ahogarse. Cuarenta metros, pero casi me desmayo. Empiezan a cambiar los protocolos, que si zona limpia, zona sucia. Un lío", recuerda Elena.

"Nos meten", continúa, "en una esquina, en una habitación acristalada pero más pequeña. Lucas está todo el tiempo bocabajo. Es como un hospital de guerra. Gente para arriba, para abajo, moviendo camas”. Su marido describe con fascinación el protocolo que tienen que seguir enfermeras y pediatras cada vez que entran a ver a Lucas. “Para ponerle un termómetro, para cualquier cosa, se tienen que poner de astronauta en blanco, las gafas como de esquiar, la pantalla esa y la releche. Tardaban una eternidad y el traje es un infierno. Salían empapados en sudor. Tiene que ser gente muy fuerte para soportar eso”.

Una amiga que trabaja en el Niño Jesús me dijo que estaban todos los pediatras de España mirando qué coño dar a Lucas

Elías habla esa noche con la hermana de un amigo, un alto cargo en la pediatría del Niño Jesús. “Me dice que están todos los pediatras de España mirando qué coño le pueden dar a Lucas, que me fíe, que está en buenas manos, en las mejores, que La Paz, como el Niño Jesús, tiene la mejor tecnología, los mejores profesionales, la mejor medicina…”. Pero Lucas pasa a toda prisa de grave a muy grave y después a crítico. Y esa noche todo hace pensar que la acabará sedado e intubado. “Leíamos que con los adultos el covid actúa así. Un deterioro muy rápido, te sedan y o te estabilizas o te mueres”, recuerda su madre.

Justo cuando parecía que no se podía evitar el trance de la intubación, llegan las buenas noticias. Elena y Elías están convencidos de que fue el remdesivir porque coincidió en cuestión de horas. “Al final no hizo falta intubarle y empezó a recuperarse tan rápido como había empeorado. El viernes estuve con él y se vio la grabación del Madrid-Atleti de la Champions. Fue tan rápido que no te das ni cuenta. Al día siguiente lo sacaron de la UCI”. Pasó después cuatro días en planta, en los que Elena no se levantó de la silla a su lado. “El martes, seis días después de tomar la nueva medicación, ya durmió en casa”.

Foto de familia de Lucas el día que llegó del hospital.
Foto de familia de Lucas el día que llegó del hospital.

Elías se ha hecho las pruebas serológicas y tiene anticuerpos. Recuerda haber tenido fiebre y tos las noches que pasó en vela con su hijo ingresado. “Te juro que ni pensaba en ello, me daba igual. Estaba demasiado preocupado por Lucas”. Elena no se ha hecho test, pero asume que lo ha pasado también, igual que su otra hija, algo mayor que Lucas. “Me eché tanto alcohol en las manos que no sé si los sabañones eran de eso o del virus. Tuve un dolor de cabeza brutal, ganas de vomitar, diarrea. Y el paracetamol no me quitaba el dolor de cabeza. Estuve ocho días mala, aunque algunos puede que fuese del nivel de estrés que llevaba encima”, dice, sin detenerse más de unos segundos. En el colegio de los niños, cerca del aeropuerto de Barajas, lo han pasado varios profesores, unos cuantos alumnos y algunos padres. Al menos un par de ellos han pasado por la UCI, dicen.

Lucas está apuntado a un programa para que la comunidad médica y científica pueda estudiar la enfermedad. “Nos preguntaron y dijimos que sí, sin dudarlo, lo que haga falta”, comenta Elena. “Venimos hoy del hospital y están estudiando unos 7.000 casos a nivel nacional. De todos los casos pediátricos que ha habido, 45 han pasado por La Paz. Le miran de todo: pediatría, analítica, ocho tubos de sangre le han sacado, nos piden información de alergias, estudian su genética. Hoy le han dilatado la pupila del ojo para ver las venillas, y revisar si puede haber alguna secuela o alguna derivación como esos casos de Alemania y Estados Unidos, pero está sano. Los pulmones los tiene como nuevos”. El padre confiesa que por primera vez hoy ha respirado tranquilo del todo. “Lo peor de este virus es lo traicionero que es. Yo vi la cara de mi hijo esa mañana y le hice caso a mi mujer. Si tardamos un día más, a lo mejor no lo cuenta”.

La mañana que Lucas volvió al colegio por videoconferencia, sus compañeros de clase le dieron un aplauso larguísimo y él se emociona recordándolo. Elías dice que se están recuperando todos muy deprisa del susto. Elena va algo más lenta. “Hay noches que ella no duerme todavía”.

La carta de Lucas

Todo empezó un miércoles que me dolía mucho el pecho. Todos pensamos que eran gases pero no, y lo descubrimos al día siguiente cuando me subió la fiebre.

Fuimos al médico y nos dijeron que tenía que tomarme una medicina. Al día siguiente no tenía apenas fiebre pero sí estaba tan cansado que decidimos ir al hospital, donde allí me dieron otra medicina, aún más efectiva, por si me subía demasiado la fiebre tomármela.

Ya el sábado, después de haber ido al hospital, me levanté mareado y con ganas de vomitar. Me tomé la medicina y la vomité. Luego me tumbé en el sofá todo el día sin ni siquiera ver la tele porque pensaba que me iba a doler la cabeza y con la tiritona constantemente.

Me encontraba fatal, estaba cansado y sólo quería que todo acabase. Mis padres decidieron llevarme al hospital a hacerme una placa y a ver si era positivo en coronavirus. Y tras dos horas esperando los resultados de la placa, vieron que tenía neumonía. Eran como las dos de la madrugada y yo por fin pude acostarme pero esta vez no en mi cama sino en la del hospital. Exacto, me ingresaron.

Al día siguiente me desperté, al momento me dieron los resultados de coronavirus y efectivamente di positivo. Era la segunda vez que me ingresaban así que tampoco pensé que iba a ser para tanto hasta que llegó el día siguiente, que me metieron en la UCI.

Me costaba respirar, así que me tuve que poner bocabajo y con una máscara que me diese aire. La máscara era tan grande que tenía que estar con el cuello torcido. En esa posición tan incómoda solo pensaba en salir de ahí. También pensaba que mi cumple era en cinco días y que sí me iba a dar tiempo a estar en mi casa, como lo celebraría y muchas más cosas.

Al final todo el mundo me trataba bien y siempre me miraban por si había algún problema. Tras cuatro días en la UCI, ya estaba mucho mejor, apenas necesitaba el aire y ya me pude poner boca arriba. Los médicos me vieron y me dijeron que ya podían subirme a una habitación, que bueno, no cambiaba mucho la cosa porque era el único que había en la UCI, pero bueno, la habitación significaba que estaba mejor.

De vuelta a la a habitación, lo único que hacía era dormir, la tele y aburrirme. Hasta pensé que se me olvidaba algo y era que al día siguiente era mi cumple. De repente entró por la puerta otro niño, íbamos a compartir habitación. Suerte que los dos éramos del Madrid porque nos tiramos todo el día viendo partidos antiguos de fútbol. ¡Ya era mi cumple!

Muchísimos amigos y familiares me hicieron un video, felicitándome. ¡Incluso gente que no conocía! Por lo menos ese día estuve más entretenido. Hasta los médicos en la comida me ponían:

¡Feliz Cumpleaños!

Ese día mi compi de habitación ya se iba, estaba curado y yo estaba convencido de que pronto yo también lo estaría. Al día siguiente no hice nada especial, salvo una cosa, una videollamada con mis amigos. Estuvimos como una hora y se me pasó volando.

Y una de las pocas alegrías que me dieron fue al día siguiente cuando me dijeron que, si no hoy, mañana me daban el alta. Me hicieron una placa y todo estaba casi perfecto pero un día más necesitaba para terminar la medicina. Aquella noche solo pensaba en dormirme y despertarme tarde para no seguir mucho más tiempo allí. Y así fue, me desperté, desayuné, y me fui. Mi padre y mi hermana estaban esperando en la puerta. Al fin todo acabó. 

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