LAS RESTRICCIONES MÁS DURAS, EN MANILA

Los últimos de Filipinas: "Ya no nos atrevemos a decir que somos españolas"

Unos 500 españoles han quedado atrapados en el país por la pandemia y desde Exteriores les recomiendan desplazarse a los aeropuertos internacionales mientras buscan una solución

Foto: Laura Aranda y Clara Terradas, en un aeropuerto de Bangkok poco antes de quedarse atrapadas en Filipinas.
Laura Aranda y Clara Terradas, en un aeropuerto de Bangkok poco antes de quedarse atrapadas en Filipinas.

El Gobierno está trabajando en la repatriación de alrededor de 500 españoles que se han quedado atrapados en Filipinas por la pandemia del coronavirus. Con Manila confinada y los extranjeros desplazándose a los aeropuertos internacionales del país, moverse de una isla a otra se ha convertido en una odisea: fallan las conexiones, los vuelos se cancelan a última hora, las aerolíneas disminuyen sus frecuencias... Las vacaciones por el sudeste asiático han dado paso a una carrera contrarreloj, emergencia que se ve agravada por los rumores que apuntan a que el gobierno filipino endurecerá esta semana las restricciones. "Estamos trabajando para que salgan todos cuanto antes. La situación es un poco complicada", reconocen desde el Ministerio de Exteriores.

Para Laura Aranda, de 28 años, y Clara Terradas, de 29, repasar los vuelos que salen de Filipinas se ha convertido en una rutina. Su viaje se vino abajo el 12 de marzo, cuando abandonaron Myanmar para poner rumbo a la India. "Nos pilló el cambio con esta locura y justo ese día prohibieron la entrada a los españoles en India. Entonces decidimos ir a Filipinas, que era nuestro siguiente destino, y llegamos a Manila. Ahí empezamos a escuchar que la ciudad se cerraba el día 15, el 'lock down', así que huimos para venir a Cebú". Ambas son de Barcelona y atienden a este diario desde un hostal de la isla, donde esperan una solución junto a otras dos amigas: "Vamos tomando decisiones según lo que creemos, pero ya la hemos cagado unas cuantas veces... Todo es incertidumbre".

Su temor pasa por que Filipinas endurezca las restricciones y la vuelta a España se torne imposible. "En Cebú ciudad ya han impuesto el toque de queda a las diez. Aunque el ambiente no es tan malo, el aeropuerto es caótico: gente que se queda sin dinero, turistas con bebés, una mujer llorando que dice que se le acaban las medicinas...". "En algunas zonas la cosa se está poniendo un poco tensa. Se cierran hostales, la gente filipina ya no te mira igual... Da un poco de miedo. Estamos notando un poco de racismo y la verdad es que no nos atrevemos a decir que somos españolas. Nos preguntan de dónde somos y no les decimos que somos españolas porque nos miran diferente. Nos tienen como miedo y nos cargan con la responsabilidad de que el turismo esté trayendo esto aquí".

Con las noticias cambiando a cada hora que pasa, ambas apuntan a que hablar con la embajada sirve de poco: "Hemos llamado al teléfono de emergencia del consulado y lo único que nos han dicho es, en pocas palabras, que elijamos el mejor sitio para estar. Si podemos salir, que salgamos, pero si no, que nos quedemos aquí. También nos dicen que tengamos en cuenta que si cogemos un vuelo igual nos quedamos tiradas en otro país". A la espera de un salvoconducto y con el virus extendiéndose por Filipinas, las catalanas tratan de buscar una salida por su cuenta, esperanzas que se centran por ahora en un vuelo que sale de Cebú la madrugada del 22 de marzo: "Hace escala en Seúl y luego llega a Fráncfort. Este miércoles los vuelos programados salían... Esperemos que siga así". Si España resulta inalcanzable, por lo menos llegar a Europa.

Alejandro Planells y su pareja, atrapados en Dumaguete.
Alejandro Planells y su pareja, atrapados en Dumaguete.

A unos 168 kilómetros, en Dumaguete, Alejandro Planells sufre un encierro similar. De 24 años y nacido en Ibiza, llegó a Filipinas el 25 de febrero junto a su novia: "Nos confiamos. Lo teníamos todo cogido y no podíamos tirar para atrás". Nada más enterarse de que la capital se cerraba el 15 de marzo, la pareja compró un billete de Dumaguete a Manila y desde allí a Dubái, pero el primer vuelo se canceló. "Me puse en contacto con la embajada y me dijeron que me moviese a los aeropuertos de Clark o Cebú, que tienen conexiones internacionales". El cambio de ciudad, sin embargo, les resultó imposible, por lo que a día de hoy se encuentran en una casa alquilada en Dumaguete: "Estoy con mi pareja y su madre. Residen en España desde hace 10 o 15 años, pero al ser de Filipinas, saben moverse por aquí. El asustado un poco soy yo, más que nada porque si la situación se reproduce como en España, no tendría una sanidad garantizada".

Aunque Alejandro tiene un vuelo de Manila a Singapur el día 26, desconfía de ese trayecto: ni puede llegar a Manila ni parece que desde Singapur vaya a despegar su avión. "Todo esto me lleva a pensar que voy a tener que pasarme un mes más en Filipinas. Con todo lo que está pasando, tan alejado de mi familia... Cuando le dije a mi madre que no podíamos volver, se le caían las lágrimas a chorros. Esa es la frustración más grande. Le decía: 'Mamá, no te preocupes, estamos bien. Sois vosotros los que tenéis que cuidaros mucho'. Seguimos con dinero por ahora, que no nos falta, pero a ver en un mes". El ibicenco explica además que las autoridades filipinas han obligado a su suegra, de 43 años, a cumplir cuarentena durante siete días, medida que se debe a su paso por la capital en las últimas semanas: "Le llamaron este lunes por la mañana. Por cada aeropuerto o puerto que pasas te hacen rellenar unos formularios y ella estuvo hace poco en Manila, por lo que han ordenado estar aislamiento".

Mientras los españoles tratan de desplazarse a los aeropuertos internacionales, las restricciones más duras se viven en Manila. A diez minutos en coche de la capital se encuentra Alberto B., un español de 32 años que se mudó a Filipinas el pasado noviembre con su pareja e hijo, de diez meses. "Aquí han tomado más precauciones. Cuando se confirmaron los primeros casos, confinaron a diez o doce personas a unos 20 kilómetros de Manila y la gente está muy concienciada". "Desde el domingo hay controles militares y de policía rodeando la zona metropolitana de Manila, entonces los que trabajan allí tienen que mostrar su tarjeta identificativa. Manila está cerrada por completo, solo hay farmacias, hospitales, supermercados... Y también están patrullando algunas calles. Si no cumples las medidas, te llevan directamente al Barangay Hall, que es como el ayuntamiento, y de ahí a la cárcel. Aquí no se andan con tonterías: las medidas hay que cumplirlas a rajatabla".

Teniendo en cuenta la situación en España, Alberto no se plantea volver por el momento: "Visto lo visto, mejor aquí. Hay pocos casos y se han tomado las medidas oportunas para que no vaya a más". Con esta decisión, el toledano se desmarca de los alrededor de 500 españoles que están intentando salir de Filipinas, entre los que ya se han montado grupos de WhatsApp para buscar soluciones "Hay una mujer que se está moviendo para conseguir un charter de Cebú a Barcelona. Necesita 450 personas para llenarlo y que salga. La gente le está mandando correos con los datos. Creo que tiene un contacto con alguien que tiene un charter privado", avisaban el mediodía de este miércoles por uno de los chats. Veinte minutos después, esta opción quedaba descartada: "El contacto ha dicho al final que lo del vuelo es muy complicado y no se puede hacer. La única vía es a través de las embajadas".

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