CARAS DE LA GESTORA Y EL PRÓXIMO PARTIDO

El nuevo Ciudadanos, entre la renovación y el continuismo: ¿quién manda ahora?

En el partido descuentan una gestora continuista para cerrar la etapa actual y encajar los golpes que faltan. La renovación completa llegaría en marzo con el nuevo liderazgo

Foto: A la izquierda, José Manuel Villegas. En el centro, Albert Rivera. A la derecha, Inés Arrimadas. (EFE)
A la izquierda, José Manuel Villegas. En el centro, Albert Rivera. A la derecha, Inés Arrimadas. (EFE)

La dimisión de Albert Rivera como presidente de Ciudadanos supuso la disolución inmediata de la dirección ejecutiva. Desde el pasado lunes, la formación subsiste de la mano de sus principales referentes políticos e institucionales nacionales y autonómicos. El único órgano competente —en funciones— sigue siendo la ejecutiva permanente (el núcleo que gestiona el día a día del partido), con José Manuel Villegas al frente del bastón de mando. Todo a la espera de que una gestora tome las riendas.

La pregunta se repite: "¿Quién manda ahora?". La realidad es que el partido está en manos de un hombre —para muchos desconocido, a pesar de que siempre ha estado ahí—. Manuel García Bofill (en el partido todos le llaman "Manel") es el presidente del Consejo General —máximo órgano entre asambleas generales—, uno de los fundadores de Ciudadanos, e incluso secretario general durante dos años, en los inicios (de 2007 a 2009). Nunca ha ocupado cargos públicos ni ha ido en una lista electoral, pero siempre ha estado en las tripas de Ciudadanos. Es parte del aparato.

Bofill será quien elabore una lista cerrada de entre 10 y 15 miembros para que piloten el partido durante los próximos cuatro meses. El último fin de semana de noviembre los 125 componentes del Consejo General deberán dar luz verde a la propuesta por mayoría de dos tercios. Ciudadanos tendrá entonces la primera gestora de su historia. La teoría está clara, pero la práctica genera incertidumbre.

Albert Rivera en su despedida en la sede del partido. (EFE)
Albert Rivera en su despedida en la sede del partido. (EFE)

En la actual cúpula naranja dan por hecho que Bofill planteará una lista continuista, parecida a la ejecutiva permanente. Tendría sentido, explican, porque en estos momentos se necesitan personas que conozcan a la perfección el funcionamiento del partido para seguir gestionándolo hasta que en marzo haya una nueva dirección. "Es algo completamente transitorio y no es momento de hacer inventos", explican. Además, algunos apuntan a que los meses venideros aún serán duros para la formación: quedan golpes por encajar, un grupo parlamentario muy mermado y una campaña interna para asentar un nuevo liderazgo, todo apunta, el de Inés Arrimadas.

Lo lógico, presumen, es que la dirección saliente —y especialmente el aparato más cercano a Rivera— permanezca en el fin de esta etapa, mientras que la renovación más visible llegará en marzo. Es cierto que algunos dirigentes cuestionan que en la gestora continúen estando todas las personas de la máxima confianza de Rivera, el llamado 'núcleo catalán' al que se les atribuye la misma responsabilidad que al líder dimitido. Además de Villegas, en este sector están el secretario de Organización, Fran Hervías; el de Finanzas, Carlos Cuadrado; el de Acción Institucional, José María Espejo; y, por supuesto, el de Comunicación, Fernando de Páramo, que en estos días ha estado ausente.

En lo que hay consenso es en las personas que sí deben estar. Todos miran atentamente a José Manuel Villegas como parte indispensable, al menos, en este periodo de transición. Algunos ponen en duda que el secretario general quiera continuar después, pero están convencidos de que por ahora seguirá. "Le necesitamos", insisten, descontando que no solo estará en la gestora, sino que podría ocupar el puesto de mayor relevancia a pesar de que Bofill será el presidente (tal y como viene previsto en los estatutos).

Lo que parece claro es que en estos momentos conviven dos almas en el partido naranja que, aunque no están enfrentadas, marcarán el futuro del partido: la continuista y la renovadora. La primera, es la perteneciente al aparato. Los dirigentes cercanos a Rivera que, además, eran responsables de la campaña del 10-N que terminó en desastre electoral. En la segunda se encontrarán las personas clave de la próxima etapa. Algunas pertenecen a la actual ejecutiva permanente y son cercanas también a Arrimadas, como es el caso de Marta Rivera de la Cruz, Begoña Villacís o Melisa Rodríguez.


¿Quién más estará en la primera línea?

En la formación guardan prudencia, pero todos sus dirigentes insisten en que el proyecto tiene futuro más allá de Rivera, y que el espacio político de centro liberal seguirá siendo una opción. Con estos mimbres, el partido afronta una realidad que hasta ahora no había vivido en su empeño por evitar que existieran baronías. Ahora y desde mayo, en los territorios existen núcleos de poder más fuertes que la propia cúpula central, gracias a su pertenencia a gobiernos de coalición. Es previsible que los vicepresidentes autonómicos también tengan peso en la nueva dirección, coincidiendo además con que algunos, como el andaluz Juan Marín, apuesta claramente por Arrimadas.

El eurodiputado Luis Garicano también ganará peso, tras meses distanciado con la dirección a causa de la crisis interna vivida en junio y algunas incorporaciones como la de Marcos de Quinto. Garicano fue, junto al vicepresidente de Castilla y León, Francisco Igea, y otros como Toni Roldán (que dimitió), quien cuestionó el veto a Sánchez y la política de pactos. En la campaña sí protagonizó algunos actos junto a Rivera y desde la dimisión del presidente, es una de las cabezas visibles que piden a la jerezana dar un paso adelante.

Dirigentes de Ciudadanos aplauden a Rivera tras su discurso de despedida. (EFE)
Dirigentes de Ciudadanos aplauden a Rivera tras su discurso de despedida. (EFE)

Si uno de los últimos fichajes de Rivera va a tener peso de ahora en adelante, y en lo que podría ser el nuevo Ciudadanos, ese será Edmundo Bal. El abogado del Estado purgado por el Ejecutivo socialista se ha ganado un espacio consolidado (entre continuistas y renovadores) y es también desde hace tiempo una de las personas cercanas a Arrimadas. En el partido descuentan que Bal jugará un papel importante.

Además, quedan por encajar otras piezas veteranas del Congreso y del partido que se quedaron sin escaño como Nacho Prendes, Patricia Reyes, Miguel Gutiérrez, Sergio del Campo o Carina Mejías, y algunas como Marta Martín o Guillermo Díaz (ambos renuevan el acta por Alicante y Málaga), que probablemente continuarán. Sobre otros de los fichajes para el Congreso, que tampoco lograron sacar escaño, fuentes del partido apuntan a que siguen de cerca los movimientos en la gestora y las perspectivas de futuro que existan en el partido para decidir si continúan o se marchan.

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