LE HABÍA DENUNCIADO POR VIOLENCIA DE GÉNERO

El descuartizador de Valdemoro, a su exnovia: "Baja al sótano, aquí está el cadáver"

Celia logró satisfacer su curiosidad, pero en su interior creció un nuevo terror: si el descuartizador se enteraba de que había hablado con Belén, seguro que la mataba

Foto: El supuesto descuartizador, detenido el pasado viernes.
El supuesto descuartizador, detenido el pasado viernes.

Leonardo trataba mal a las mujeres. Su penúltima novia, Belén, una joven de Majadahonda (Madrid), le denunció en enero de 2018 por violencia de género. Un juez vio peligro real y le concedió una orden de alejamiento. Al juicio por las agresiones no le quedaba mucho para celebrarse. En ese momento, Celia decide escribirla. El relato que sigue es el testimonio de la joven.

Belén recibe el mensaje mencionado. La desconocida se identificó como Celia, una joven española de 26 años. La chica le confesó que era la última novia del descuartizador de Valdemoro, se interesó por ella y le preguntó por los detalles de la agresión. Las dos chicas se intercambiaron mensajes y se hicieron confidencias. Celia le contó que la había agredido sexualmente y Belén que Leonardo, a pesar de la orden de alejamiento, la había estado siguiendo y acechando. Le tenía pánico.

Celia, con algún problema mental diagnosticado, logró satisfacer su curiosidad, pero en su interior creció un nuevo terror: si el descuartizador se enteraba de que había hablado con Belén, seguro que la mataba. Leonardo odiaba a Belén hasta el paroxismo y era capaz de cualquier cosa.

El pasado martes por la mañana, acudió al cuartel de la Guardia Civil a denunciar. A los agentes les dijo que pensaba que Leonardo podía matarla, les contó lo de los mensajes con Belén y el miedo que él desprendía. Los agentes le preguntaron que si la había agredido, insultado o menospreciado. Celia negó con la cabeza. Era más una sensación, nada tangible, pero que flotaba en el ambiente, se respiraba violencia. Con algo tan etéreo, los investigadores no pudieron hacer nada. Simplemente, le recomendaron que la próxima vez trajese algo más contundente que sensaciones.

Celia salió de allí pensando que no la habían creído. Solo le quedaba una opción, dejarle. Celia rompió con él en las horas previas al crimen, pero no le dijo la verdad: no le confesó que le tenía miedo por lo que le había hecho a Belén y lo que ella había vivido. Esa noche, la del martes al miércoles, Celia durmió en la casa de un exnovio suyo. El testimonio de él, que declaró en sede judicial, y el teléfono de ella son, en principio, pruebas de su coartada, porque la Guardia Civil cree que Leonardo asesina a Emilce, de 18 años, aquella madrugada.

Imagen del supuesto descuartizador (i).
Imagen del supuesto descuartizador (i).

El miércoles por la mañana, Leonardo llama a Celia con la excusa de que quiere hablar con ella después de que le hubiese dejado. Quiere intentar recuperarla. Ella acepta verle. Él coge su moto y acude al trabajo de ella. En realidad, no quiere hablar, simplemente la necesita. Leonardo no conduce pero necesita comprar una pala, un carrito para llevar los trozos, sacos de plástico, ropa impermeable, lejía… En la moto, no puede cargar todo eso. La convence para que le lleve de tienda en tienda. En el coche, el tatuador le confiesa que ha matado a una joven y que necesita todos esos materiales para descuartizarla y deshacerse de los restos. Celia no sabe qué pensar. Llega a creerse que la está poniendo a prueba, que se ha enterado de los mensajes con Belén. Sonríe y se deja ir. Como si no pasase nada. Él le dice que no se ponga nerviosa y que, si no colabora, ella va a acabar igual.

Al llegar a la casa, Celia observa algo de sangre. La joven explica a los investigadores que piensa que es pintura y que no se quiere creer que se ha producido un crimen. Él le ordena ponerse a limpiar y se va al sótano. Desde allí le grita: "Baja, que aquí tengo el cadáver". Ella se niega, piensa que si baja ella será la asesinada. Permanece durante dos horas en el chalé, ella alega que en estado de 'shock'. En ese tiempo es cuando descubre una parte del cuerpo de Emilce en la barbacoa. Piensa que debe hacerle una foto. Si no, quizá la Guardia Civil no la crea. Leonardo sigue gritándole que baje, que necesita ayuda. Decide poner pies en polvorosa. Se monta en el coche y acude a ver a su exnovio. Necesita su apoyo, porque sin su ayuda no se atreve. Él se queda asustado y convienen en que hay que advertir a la Guardia Civil. La lleva al cuartel y es allí donde lo confiesa todo.

Este es el relato de la joven. La jueza tiene dudas. Está claro que ha ayudado a encubrir un crimen, aunque luego le delatase. Eso pueden ser hasta tres años de cárcel. Además, puede que incluso pudiese llegar a ser coautora. A su señoría todavía le faltan datos para tomar una decisión, así que a la espera de que le lleguen nuevos informes, ha decidido enviarla a prisión provisional.

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