LA NEGOCIACIÓN DE LOS PACTOS

Amaga con la izquierda y golpea con la derecha: la lección de Macron a Rivera

Macron negoció con Sánchez antes de pactar con Merkel el reparto en la UE. Eso hizo subir el valor de los votos de los liberales. En España, Rivera ha vetado al PSOE y empeorado su posición

Foto: Charles Michel, Pedro Sánchez, Antonio Costa y Emmanuel Macron, el martes. (EFE)
Charles Michel, Pedro Sánchez, Antonio Costa y Emmanuel Macron, el martes. (EFE)

Uno de los primeros chistes políticos que se emitieron en TVE lo hizo Andrés Pajares durante la Transición. “Adolfo Suárez amaga con la izquierda y al final siempre golpea con la derecha”, lanzó el cómico para sorpresa general del público, acostumbrado a ver el NO-DO durante décadas. Amagar con la izquierda y golpear con la derecha ha sido un clásico de los partidos de centro. Es lo que ha hecho Emmanuel Macron en su exitosa negociación para la renovación de los cargos europeos.

Lo primero que hizo en cuanto España salió de su ciclo electoral fue recibir a Pedro Sánchez en París. El 27 de mayo, un día después de las europeas, municipales y autonómicas, agasajó en el Elíseo a Pedro Sánchez, triunfador de los comicios y el socialista más importante de Europa, el presidente clave al que los socialistas europeos confiaban su futuro.

Socialistas y liberales —o renovadores— parecía que se iban a repartir la tarta y dejar las migajas para los populares, que son el grupo mayoritario en la Eurocámara. Manfed Weber, el alemán que aspiraba a presidir la Comisión Europea, estaba sentenciado. Daba igual que el hombre hubiese hecho campaña para ese cargo, en la que prometió un ejército europeo y en la que, como Kennedy, diseñó una nueva frontera para Europa: la cura del cáncer. París y Madrid tenían otros planes. La campaña de Weber —por cierto, diseñada y ejecutada por una consultora española— ya era papel mojado.

En el último momento, tras varios bloqueos y demoras, Macron golpeó con la derecha. Se alió con Merkel, apuñaló a Sánchez y pactó otro reparto que orillaba a los socialistas. Con su maniobra obtuvo unos impresionantes réditos para Francia y para su familia política. París tendrá el BCE con Lagarde, probablemente la silla más influyente, y aniquila el sistema para elegir al presidente de la Comisión según los votos y no según lo que quieren los jefes de Gobierno. Además, los liberales obtienen la presidencia del Consejo Europeo y una vicepresidencia en la Comisión. Amaga con la izquierda y golpea con la derecha.

Pablo Casado y Albert Rivera. (EFE)
Pablo Casado y Albert Rivera. (EFE)

En parlamentos fragmentados estar en el centro puede penalizar durante la campaña, pero el día siguiente de las elecciones uno amanece con buenas cartas. Quizá no den para ser rey pero sí para hacedor de reyes. En España, Rivera no es Macron. No quiere serlo. Desde hace dos meses hay negociaciones autonómicas, municipales y generales. Y con escasísimas excepciones, Ciudadanos no ha hecho nada parecido a lo de Macron.

Su estrategia ha lastrado su margen de maniobra y reducido el peso en los ayuntamientos y comunidades. Ha entregado al PP todas las presidencias y alcaldías relevantes a cambio de cogobiernos salvo en Granada, Palencia y la Diputación de Zamora. En las comunidades de Murcia y Madrid pactó con el PP pero está a expensas de Vox, del que necesita sus votos pero sin que se note. Ni se han sentado con el PSOE. Ha dado igual que el socialista Tudanca se ofreciera a renunciar a la presidencia de Castilla y León o que le ofrecieran la alcaldía de Murcia. Ciudadanos solo ha negociado con el PP.

Si hubiera amagado con la izquierda, si al menos se hubiese sentado con el PSOE en Castilla y León, Murcia y otros ayuntamientos, incluso manteniendo el veto a Sánchez, probablemente habría elevado el precio de sus votos. Habría recibido muchas críticas (la veleta naranja…) pero podría haber intentado ser hacedor de reyes y optar a alguna plaza importante a cambio. La estrategia de Rivera puede ser un error táctico, pero es algo deliberado. Ha optado por ser el PP en lugar del PP y en ello se está dejando algún jirón dentro del partido.

La partida en España no ha terminado. Falta el bingo de la Comunidad de Madrid y la línea en Murcia. Las dos son muy importantes para el PP, plazas que gobierna desde hace décadas y de las que proceden Pablo Casado y Teodoro García Egea. Si no hay acuerdo y la derecha las pierde o hay que repetir elecciones, será por Vox, no por Ciudadanos, que ha dejado clara su prioridad. En la mayor negociación electoral de la democracia, Rivera ha ido con una mano, la izquierda, deliberadamente atada a la espalda. No la ha usado ni para amagar.

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