SEMANA CLAVE EN LA EUROCÁMARA

García y González Pons: España encara su ascenso en la UE por el Parlamento

La socialista es favorita para presidir su grupo parlamentario y el popular haría lo mismo si Weber salta a la Comisión. Comienza el baile de cargos en el que Madrid espera ganar peso

Foto: Pablo Casado, Manfred Weber y Esteban González Pons, el pasado 12 de junio en San Sebastián. (EFE)
Pablo Casado, Manfred Weber y Esteban González Pons, el pasado 12 de junio en San Sebastián. (EFE)

El gran baile por los puestos europeos, la gran partida en la que España aspira a recuperar peso en Europa, la renovación de todas las instituciones comunitarias para los próximos cinco años, empieza esta semana en el Parlamento Europeo. Los socialistas tienen que elegir al presidente de su grupo y en Madrid se da por hecho que será Iratxe García, numero dos de la lista del PSOE a la Eurocámara y sanchista reconocida.

Iratxe García compite contra el alemán Udo Bullmann pero los españoles quieren hacer ver que con 20 eurodiputados son el principal grupo en la familia socialista para llevarse el cargo. En 2018, Elena Valenciano ya intentó alcanzar ese puesto, pero no obtuvo el apoyo de Ferraz por su procedencia rubalcabista. García, exsecretaria general de Juventudes Socialistas y eurodiputada desde 2004, maneja el inglés con dificultad pero eso no ha sido un problema para la candidatura aunque puede serlo en el día a día.

García ya ha tenido mucha ascendencia dentro de la delegación española durante la legislatura 2014-2019, pero llevar la batuta de un grupo en la Eurocámara es algo muy distinto. Requiere sentarse en la conferencia de presidentes en la que se decide casi todo en el Parlamento Europeo y donde el inglés es una carta importante: todos los presidentes de esta legislatura usaban el inglés con total soltura.

Iratxe García no ha contado durante los últimos años: mandaba de puertas hacia dentro pero tiene una falta de proyección al exterior

Además el trabajo de coordinar a todo un grupo requiere muchísimo trabajo y tener un perfil público del que García no ha contado durante los últimos años: mandaba de puertas hacia dentro pero tiene una falta de proyección al exterior, un lujo que no se podrá seguir permitiendo si se quiere hacer con la presidencia del grupo en la votación del próximo martes.

Al otro lado del arco parlamentario, los populares españoles también aspiran a ganar cuota de poder. El grupo popular tiene al alemán Manfred Weber de presidente, pero Weber es el candidato de los populares a la presidencia de la Comisión. Aunque cada vez lo tiene más difícil por los movimientos de Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, si Weber asciende a la presidencia de la Comisión, o del Parlamento como premio de consolación, Esteban González Pons sería su sustituto. Pablo Casado ha movido sus cartas para superar el recelo que generaba que González Pons no hubiese sido el cabeza de lista en las europeas, porque fue de número dos detrás de Dolors Montserrat.

El español es hombre de confianza de Weber y su perfil dentro del grupo ha ido creciendo desde que llegara a la Eurocámara en 2014 hasta alcanzar el rol de número dos de facto del alemán durante los últimos tiempo. En la bancada popular están convencidos contar con un amplio apoyo del resto de delegaciones de la formación en caso de que toque pelear por el cargo de Weber. El trabajo no es sencillo: supone liderar al principal grupo en aguas movedizas, con conflictos internos importantes como la deriva autoritaria del líder húngaro Viktor Orbán, que forma parte de la familia política y cuyo futuro dentro de la misma es uno de los principales choques internos del PPE.

Los populares españoles están apostando fuerte por Weber. Consideran que al ser el grupo más votado la presidencia de la Comisión debería ser suya y que Weber llegó a hacer la campaña de las europeas como candidato a presidir el Ejecutivo comunitario dentro del sistema del “Spitzenkandidaten” o cabeza de lista, un mecanismo por el cual la Eurocámara se niega a votar para presidente de la Comisión Europea a quien no haya participado como candidato para el cargo en las elecciones europeas.

Weber eligió a una consultora española, Public, para diseñar su campaña. Public está dirigida por antiguos cargos de Moncloa con Mariano Rajoy. Abelardo Bethencourt, director general de la empresa, considera que es mucho más democrático un proceso si el candidato a la Comisión se ha presentado como tal ante los ciudadanos antes de celebrar las elecciones, como así hicieron Weber y Frans Timmermans, el candidato socialista. "Weber hizo una campaña, tenía un equipo y un programa. Entre otras cosas, decía que iba a crear un ejército europeo o a unir centros de investigación para combatir el cáncer. A los Estados les resulta más cómodo un presidente de la Comisión más manejable, es decir, elegido por ellos, pero se dijo que el proceso iba a ser más democrático para acercarlo a la ciudadanía. Por eso, preocupa que Sánchez lo primero que hizo fue irse a ver a Macron a París tras las elecciones".

Lo cierto es que Weber es un candidato difícilmente reconocible fuera de Bruselas y con una capacidad de liderazgo puesta en duda. Una de las bazas de su campaña es el apoyo de Angela Merkel, canciller alemana, por tener a un nacional al frente del Ejecutivo comunitario, tras darse cuenta de la importancia creciente que estaba alcanzando el cargo tras la reunión entre el actual presidente Jean-Claude Juncker y el estadounidense Donald Trump. Todavía está por ver que Berlín no deje caer a Weber poniendo sus ojos en otros cargos.

Además, aunque el Partido Popular Europeo (PPE) ganó las elecciones europeas lo hizo con menos margen que en 2014 y ya no tiene una mayoría absoluta con los socialistas, lo que significa que hará falta el apoyo de los liberales. Los populares tratan de proteger a Weber asegurando que el sistema “spitzenkandidaten” implica que la lista más votada es la que debe quedarse con la presidencia de la Comisión Europea, una tesis que no defiende nadie más en la Eurocámara.

El Parlamento Europeo, que se constituye el 2 de julio, es la primera pieza del rompecabezas europeo. Después se renuevan la Comisión, el Consejo Europeo, el puesto de Alto Representante, el BCE y en 2020 la OTAN. España ha estado la última legislatura infrarrepresentada y confía en ampliar su peso. Pedro Sánchez es ahora mismo el socialista más importante de la UE, y el Brexit y la llegada de populistas y euroescépticos a países como Italia o Polonia dan más bazas de negociación a Madrid.

A los Estados les resulta más cómodo un presidente de la Comisión más manejable, es decir, elegido por ellos

El líder del PP, Pablo Casado, aseguró el miércoles en un encuentro con Weber que su partido será "responsable" y apoyará las candidaturas que proponga España para las instituciones europeas, pero ha reclamado que el Gobierno plantee los "perfiles adecuados" que puedan superar las audiencias a los candidatos. En las quinielas están Josep Borrell, Nadia Calviño, Luis Planas y Teresa Ribera, todos con bagaje internacional y pasado. Los tres primeros tienen experiencia en Bruselas y Ribera ha destacado en las negociaciones internacionales del clima.

En las negociaciones, la paridad es clave esta vez, por lo que España tiene que tener en la recámara distintos tipos de candidatos. De ellos, el único que tiene que dejar el Ejecutivo sí o sí, y antes de que se decidan los cargos, es Josep Borrell. Fue cabeza de lista del PSOE para las europeas y el puesto de eurodiputado es incompatible con otros. El lunes está llamado a jurar o prometer la Constitución y recoger el acta en el Congreso de los diputados aunque no adquiere la condición de eurodiputado hasta el 2 de julio, cuando se constituye la Eurocámara.

Iratxe García. EFE
Iratxe García. EFE

Fuentes socialistas explican los recelos de Borrell a dejar el Ejecutivo sin tener garantizado el puesto que ocupará. Ya arrastró los pies para irse a Bruselas y ahora teme el escenario de dejar el Gobierno para luego encontrarse con algún cargo que no colme sus aspiraciones. Borrell fue sancionado por su propio Gobierno por el uso de información privilegiada cuando era consejero de Abengoa, lo que lastra sus opciones a cargos económicos cuando tenga que pasar por el filtro del Parlamento Europeo, que suele ser muy duro con los pasados de los candidatos a comisarios.

Calviño, por su lado, es uno de los perfiles favoritos en Bruselas. La antigua directora general de Presupuestos de la Comisión Europea se conoce al dedillo los pasillos de la maquinaria europea, es una mujer muy respetada en la capital comunitaria y, además, cumple con el criterio de paridad que se tendrá muy en cuenta. A todo eso hay que sumar que Calviño tendría todas las cartas para acceder a un cargo económico que interesará y mucho a una España que sabe los dolores de cabeza que puede traer el momento en el que la Comisión Europea revisa las cuentas públicas. Una mano amiga como la de Calviño podría marcar la diferencia no solo para España, sino para Italia, Portugal o Grecia, que sufrirían mayores penalidades y una vigilancia más dura si el cargo acabara en manos de un candidato de los países más ortodoxos del norte.

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