ENTIENDE QUE NO DEBE CEDER MÁS

Vox tensa la cuerda en Murcia y Madrid y pone en peligro los gobiernos de PP y Cs

La primera prueba de fuego llegó a la Asamblea murciana. Vox hizo una demostración de fuerza con el no en la primera votación. En Madrid insiste en mantener su órdago

Foto: El candidato a la presidencia de la Comunidad de Murcia Fernando López Miras (d). (EFE)
El candidato a la presidencia de la Comunidad de Murcia Fernando López Miras (d). (EFE)

Los pactos autonómicos en los que las fuerzas de la derecha suman se están complicando. Cuando el 26 de mayo el mapa electoral configuró mayorías de PP y Ciudadanos (que necesariamente pasaban por contar con el apoyo de Vox) a pesar de que el PSOE se coronaba como primera fuerza en muchos lugares, en las sedes de Génova y Alcalá lo celebraron con euforia. Había suma alternativa. Más de un mes después, algunos de esos acuerdos están más en el aire que nunca y la cuenta atrás ha comenzado. La formación de Santiago Abascal no está dispuesta a seguir dando su apoyo gratis y tras el acuerdo alcanzado en Andalucía —ya en el mes de diciembre— permitiendo a populares y naranjas formar Gobierno, igual que en muchos ayuntamientos este junio, en Murcia y la Comunidad de Madrid están convencidos de que deben hacerse valer.

Vox tensa la cuerda en Murcia y Madrid y pone en peligro los gobiernos de PP y Cs

La primera prueba de fuego llegó este martes a la Asamblea murciana. El candidato a la investidura, el popular Fernando López Miras, no superó la primera votación. Los cuatro diputados del partido de ultraderecha que encabeza Juan José Liarte en la Región no cedieron. Votaron no al acuerdo de PP y Ciudadanos, frustrando —al menos de momento— que se pusiera en marcha el nuevo Gobierno. Vox está convencido de que ha llegado el momento de poner en valor su fuerza. Cargan especialmente contra la formación naranja —"tienen una actitud ciega e irracional", llegó a decir el portavoz en el Parlamento murciano—. A las 48 horas, el jueves por la tarde, se producirá la segunda y definitiva votación. En ese momento, las cartas quedarán encima de la mesa.

Igual que en Madrid, una vez que se produce la primera votación de investidura, el reloj se pone en marcha. Si en el plazo de dos meses no llega un acuerdo, el presidente de la Asamblea disolvería la Cámara y convocaría nuevas elecciones. En PP y Ciudadanos están convencidos de que Vox no cumplirá su órdago. Entienden que finalmente dará su brazo a torcer y asumirá el acuerdo. Pero el partido de Abascal tiene orden de seguir adelante. La constitución de los ayuntamientos fue un punto de inflexión. Vox tuvo que aceptar en prácticamente todos los lugares en los que era la llave del gobierno entre populares y naranjas su acuerdo sin conseguir arrancar concejalías con asiento en los ejecutivos locales.

La diferencia con respecto a los pactos autonómicos era amplia: en los consistorios, si no había acuerdo el día 15 de junio, gobernaba automáticamente la lista más votada. Por ejemplo, en el caso de la ciudad de Madrid, el grupo de Javier Ortega Smith también amagó con tensar la cuerda exigiendo un pacto a tres que nunca llegó como tal. Pero en la investidura votó al popular José Luis Martínez-Almeida. Si no lo hacía, Carmena habría salido reelegida. El margen que permite la investidura en los parlamentos de las CCAA es lo que ahora aprovechan los de Abascal.

Lo que Ciudadanos tiene claro —tanto en Murcia como en Madrid— es que irá hasta el final con su posición. No se plantean sentarse a negociar con Vox ni firmarán un documento conjunto. "Ellos tendrán que explicar a sus votantes que no permiten un Gobierno de PP y Ciudadanos", insisten desde la cúpula naranja. En la Comunidad de Madrid, la situación puede llegar a tensarse hasta el final. De hecho, en el partido de Albert Rivera no descartan desde hace días la repetición electoral.

Una posibilidad que cobra todavía más fuerza desde este martes. A partir de ahora, se abre un nuevo periodo de negociación que debe concluir antes del 10 de septiembre. Es la nueva fecha tope para que el presidente del Parlamento madrileño, Juan Trinidad, proponga un nuevo pleno de investidura después del fracaso de este martes, cuando fue imposible presentar un aspirante porque la popular Díaz Ayuso no sumaba los apoyos necesarios. Desde el PP, no obstante, son optimistas, y esperan que este primer revés se pueda ir transformando en un pacto sólido en las próximas semanas.

El equipo negociador popular, que mantiene contactos por separado con Ciudadanos y Vox, cree que las exigencias de ambas formaciones no son más que una teatralización necesaria para que ambos socios puedan mejorar sus posiciones en las negociaciones abiertas. En el PP consideran que el fantasma de unos nuevos comicios puede ser suficiente para que Ciudadanos y, especialmente, Vox "recapaciten", ya que otras elecciones en otoño perjudicarían a ambos partidos, que perderían votantes en detrimento del PP. Ciudadanos ya ha dicho que no le importa volver a llevar a los madrileños a las urnas, mientras que desde Vox son más prudentes y esperan poder cerrar ese pacto.

Isabel Díaz Ayuso, Rocío Monasterio e Ignacio Aguado, durante el debate de Telemadrid. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso, Rocío Monasterio e Ignacio Aguado, durante el debate de Telemadrid. (EFE)

La cuestión es entonces quién cederá primero. Los de Ignacio Aguado se mantienen firmes y no aceptarán fórmulas intermedias ni atajos que permitan a Rocío Monasterio sumarse al acuerdo firmado con el PP. Desde Vox señalan que ya han cedido demasiado y que lo que están pidiendo es "de sentido común" para garantizar estabilidad en la legislatura.


Ayuso confía en que no hará falta llegar a septiembre y poder cerrar un pacto que agrade a todas las partes antes de que acabe el mes de julio. Este martes lanzó sendos mensajes a sus socios: "Vox tiene que entender que en toda esta ecuación supone el 9% de los votantes de la comunidad". A la formación naranja le recordó que es "el único partido que se ha beneficiado de Vox", en clara alusión a lo que pasó en la Mesa de la Asamblea, donde los votos del partido de ultraderecha fueron necesarios para que Ciudadanos se hiciera con la presidencia del órgano de control del Parlamento autonómico.

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