JUicio del 'procés'

Los escraches a la Guardia Civil: fotos de sus caras en redes y una supuesta mossa jaleando

"El dueño llegó un momento en el que nos dijo que cuando nosotros nos marcháramos, él se iba a quedar ahí, y que él tenía temor y su mujer también", relató uno de los guardias civiles

Foto: Imagen de archivo de la sala del Tribunal Supremo donde se celebra el juicio del 'procés'. (EFE)
Imagen de archivo de la sala del Tribunal Supremo donde se celebra el juicio del 'procés'. (EFE)

El jueves llegó el turno de los agentes que sufrieron escraches en hoteles de Cataluña. La sesión arrancó con dos guardias civiles que se hospedaron en el hotel Nice de La Seu d'Urgell. El segundo presentó una denuncia por los actos de hostigamientos después de presenciar cómo los manifestantes iban "escoltados por un camión de bomberos", funcionarios que "se dieron un baño de masas" en la protesta. Los cánticos iban saltando del catalán al español, pero eran constantes: "Hijos de puta, asesinos y fuera las fuerzas de ocupación". Gritos acompañados por la sirena de los bomberos y la correspondiente cacerolada, así como algún lanzamiento de "vasos y botellas de plástico". En otras localidades como Lleida, el acoso fue aún peor: publicaron fotografías de los agentes en las redes sociales rodeando sus caras con círculos rojos para que los vecinos fueran "al hotel donde creía que estábamos alojados". También en el cuartel de Manresa se vivió "una situación esperpéntica": se retiró la bandera de España y los manifestantes izaron una estelada.

El primer guardia civil aseguró que no vio "ningún mosso" en La Seu d'Urgell, solo bomberos jaleando a la masa. Su compañero, sin embargo, sí que habló de dos policías autonómicos que se desplazaron al hotel "para identificar a una persona que se alteró más de la cuenta y llegó a arremeter más de la cuenta". Las manifestaciones no se produjeron entre su llegada y el 1 de octubre, solo tras el referéndum. La mayor protesta se celebró de hecho el 3 de octubre: no "hubo amenazas físicas", pero supuso un antes y un después para los dueños del hotel. "El propietario llegó un momento en el que nos dijo que cuando nosotros nos marcháramos, él se iba a quedar ahí, y que él tenía temor y su mujer también", relató. Tras esa conversación, los guardias hicieron las maletas y fueron trasladados al parador nacional.

El tercer guardia civil que declaró se alojaba en Lleida. Relató que el peor suceso se produjo el 2 de octubre: "Disfrutábamos del día libre, estábamos paseando. Íbamos tres agentes de paisano. Uno de ellos se percató de que una persona nos podía estar siguiendo. Cambiamos de acera. Esa persona siguió caminando con el teléfono en el oído, como si estuviera hablando. Nos estaba grabando". El guardia civil explicó que el sujeto comenzó a insultarles y a amenazarles, por lo que buscaron cobijo en el parador, pero que lo peor todavía estaba por llegar: al día siguiente se publicaron fotos suyas en las redes sociales, imágenes que se habían tomado durante su actuación el 1 de octubre y en las que se rodeaban sus caras con círculos rojos. "El texto venía a decir que esos guardias civiles que paseaban por su barrio habían estado pegando a la gente el día anterior. Alentaba a la gente a ir al hotel donde creía que estábamos alojados, el parador nacional. Lo pensó porque nos paramos allí, pero no estábamos alojados allí"

Los escraches a la Guardia Civil: fotos de sus caras en redes y una supuesta mossa jaleando

El cuarto guardia civil relató el mismo episodio sufrido en Lleida. Explicó que el hombre que les había seguido publicó imágenes suyas tanto de paisano como de uniforme, obtenidas estas últimas durante su actuación en un pueblo cercano el 1 de octubre: "Un antiguo compañero me mandó un mensaje en el que salía un reportaje fotográfico y me decía que me habían identificado. Vi que eran fotos de esa misma mañana paseando por la ciudad". Su cara también aparecía rodeada por un círculo rojo para que no hubiera dudas y, junto a las imágenes, un texto en el que se denunciaba su presencia en Cataluña. "¿Sabe usted si decía 'estos animales no los quiero en mi país'?", preguntó el fiscal. La respuesta fue afirmativa. "¿Sabe usted si decía 'las calles serán siempre nuestras'?", insistió el fiscal. Y la respuesta volvió a ser afirmativa.

Los 'whatsapps' de una mossa

La mañana acogió también el testimonio de una mossa que supuestamente envió 'whatsapps' para fomentar el acoso a los guardias civiles en Lleida. La Fiscalía comenzó el interrogatorio preguntando por unos mensajes que habría enviado el 2 de octubre para señalar los hoteles en los que se encontraban los agentes del instituto armado. "No lo recuerdo, no lo creo", aseguró la policía autonómica. El fiscal le recordó entonces cómo terminaba el texto: "Hagamos que Lleida sea la Calella del Ponent, a cantar habaneras", lanzó. Pero la mosso no cedió terreno: "No lo recuerdo, no me suena el whatsapp".

Ante la tercera pregunta en la misma línea, el magistrado Manuel Marchena interrumpió el interrogatorio: "Señor fiscal, no haga que las preguntas tengan un contenido de imputación, parece que se le obliga a decir verdad por unos hechos que le podrían incriminar". La policía esquivó así las preguntas, pero entonces llegó una en la que ya no cabía la opción de escudarse en la falta de memoria. "¿Ha sido llamada por estos hechos por la jefatura de Mossos?", quiso saber el fiscal. "Hasta hoy mismo, no, lo desconozco", zanjó la mossa.

El escrache de Manresa

El hostigamiento no solo se produjo en los hoteles, también en cuarteles como el de Manresa. Así lo relató el teniente de la Guardia Civil que era responsable de la seguridad en estas instalaciones, un mando que el 20 de septiembre, tras el registro efectuado en la empresa Unipost, tuvo que enfrentarse a una manifestación contra el instituto armado. "Llegaron al acuartelamiento sobre las 20.05, eran unas 2.000 personas ante la casa cuartel, que tiene 63 viviendas y en la que residen 160 personas de cero a ochenta años", explicó. "Te genera cierta intranquilidad porque no sabes si puede haber alguien en la masa que decida dar un paso más en esa presencia ante el acuartelamiento y los humanos a veces funcionamos por contagio".

Los escraches a la Guardia Civil: fotos de sus caras en redes y una supuesta mossa jaleando

El temor llegó a tal punto que el guardia civil ordenó retirar la bandera de España antes de cerrar las puertas. Tras ese repliegue, la respuesta de los manifestantes no se hizo esperar: "Se izó una estelada que luego se llevaron, recuerdo que hicimos algún comentario jocoso: 'Se la podían haber dejado de recuerdo'", detalló. Una vez más, los bomberos se unieron a la protesta: "Había tractores y vehículos del cuerpo de bomberos, que llevaba varios días colaborando". Y una vez más, los mossos se pusieron de perfil: "La estelada la puedes quitar cuando marchen", le dijo el policía autonómico al que le informaron sobre lo que estaba ocurriendo.

Mientras tanto, en el interior del cuartel los agentes y sus familias trataron de mantener la calma. "Resulta que si tienes estudiantes en el cuartel que comparten instituto con estudiantes que están manifestándose ante el cuartel, la situación es esperpéntica", explicó. Aunque "la situación era un poco heavy", el teniente tuvo claro que bajo ningún concepto debían abrir las puertas para plantar cara a los manifestantes: "Lo teníamos claro y así nos venía ordenado. Aguantar, aguantar, y si se puede aguantar un poco más, sobre todo no protagonizar ningún tipo de incidente".

El "artefacto incendiario" de Igualada

La tarde se reanudó con comparecencias de otros guardias civiles que sufrieron escraches. Destacó la declaración de un agente que explicó cómo el 28 de septiembre se lanzó un artefacto incendiario contra el cuartel de Igualada. "Pude ver unas llamas por los monitores, avisé a los bomberos y di la voz de alarma correspondiente", aseguró. El guardia civil, sin embargo, no pudo identificar al sujeto que lanzó el objeto: "El que arrojó el artefacto iba embozado y no se le veía la cara. El artefacto cayó a un pequeño patio donde se accede a los garajes", detalló.

El agente argumentó que, por mucho que el incendio quedara en nada, el suceso hizo que el temor se extendiera por el cuartel. "Fue una de las cosas que afectaron bastante, muchas familias ubicaron los dormitorios de los niños en las habitaciones interiores, en lugar de hacia la calle, y se estaba con los nervios de que se produjera una acción similar o una escalada", aseguró. Uno tras otro, los guardias civiles fueron relatando episodios similares en sus respectivos cuarteles ante el Tribunal Supremo.

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