el relativismo de la paternidad y la 'realpolitik'

El año que transformó la vida política y personal de Pablo Iglesias

El giro reformista y pragmático del líder de Podemos en 2018 tiene mucho que ver con la actual coyuntura política, pero también con acontecimientos vitales que ha afrontado

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias y la portavoz del grupo confederal, Irene Montero, durante un pleno del Congreso. (EFE)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias y la portavoz del grupo confederal, Irene Montero, durante un pleno del Congreso. (EFE)

La paternidad transforma, la actual coyuntura política lleva al reformismo y el liderazgo de un partido te hace conservador. En suma, todos estos hitos se traducen en un consciente relativismo. 2018 ha sido el año que más ha cambiado la vida de Pablo Iglesias, tanto en lo político como en lo personal, empezando por el nacimiento de sus dos hijos, el sometimiento a un referéndum revocatorio tras la polémica por la compra de su vivienda y la moción de censura contra Mariano Rajoy que ha convertido a Unidos Podemos en el socio prioritario del Gobierno socialista en esta legislatura y sentado las bases para un hipotético cogobierno progresista en la próxima.

"Antes de tener dos hijos me planteaba qué cosas quería hacer después de la política. Ahora básicamente quiero criarles y ocuparme de ellos, y el resto es secundario. Creo que no me importaría tener más hijos. Soy muy excesivo en todas las decisiones que tomo", se sinceraba el líder de Podemos en su libro de conversaciones con el periodista Enric Juliana, 'Nudo España' (Arpa).

Juliana, uno de los periodistas que mejor conoce y mejor observa a Pablo Iglesias, le decía al secretario general de Podemos en una de las últimas sesiones que tuvieron para elaborar el libro que "si me permites, te veo con otra mirada. Empezamos el libro en febrero, y ahora en septiembre te veo una mirada distinta. Te han pasado cosas muy importantes".

Una apreciación con la que le arrancaba una confesión vital que, pasada por el tamiz del tiempo, hace difícil alejarse de la afirmación de que lo personal es político. "Ser padre cambia a cualquiera. Y en mi caso, ser padre de niños prematuros, que han estado hospitalizados desde el principio, cambia el orden de prioridades. Y sin generar ningún tipo de dudas. He tenido que estar dos meses fuera, y quien no lo entienda, pues que no lo entienda. Tenemos que aprender todos a no colocar a nadie en un lugar que haga que su vida se desmorone". El pasado 20 de diciembre fue su último pleno en el Congreso antes de cogerse la baja de paternidad, que decidieron repartirse al 50%, para encargarse del cuidado de sus hijos y que la portavoz Irene Montero retome su trabajo.

Iglesias ya no mira con el mismo prisma su futuro, tanto por la paternidad como por el nuevo escenario político que abrió la moción de censura. "Sigo teniendo claro que la política es un periodo, una pausa", contesta en otra de las preguntas que le lanza el subdirector de 'La Vanguardia', añadiendo que "tarde o temprano se terminará". Iglesias continúa reflexionando que "cuando tienes hijos, y esto nunca lo había pensado así, tienes familia para siempre. Si todo va como tiene que ir, lo lógico es enterrar a tus padres. Las parejas felices duran mucho tiempo, otras no. Sin embargo, los hijos son para siempre, e incluso te vinculan a la madre de tus hijos para siempre. Eso es una liga completamente distinta, y claro que condiciona el modo en que uno se ve a sí mismo en el futuro".

Pablo Iglesias (i) , y el director adjunto de La Vanguardia, Enric Juliana (d) presentando en Valencia su libro 'Nudo España'. (EFE)
Pablo Iglesias (i) , y el director adjunto de La Vanguardia, Enric Juliana (d) presentando en Valencia su libro 'Nudo España'. (EFE)

El giro reformista en lo político de Pablo Iglesias tiene mucho que ver con la actual coyuntura política y las tendencias reaccionarias que van más allá de lo territorial, el fin de un ciclo que cerró la ventana de oportunidad del "momento populista", el paso normalizador por las instituciones y, sobre todo, el posibilismo gobernista. Un posibilismo que en el corto plazo se traduciría en pactar gobiernos de coalición con el PSOE de Pedro Sánchez tras las próximas elecciones municipales y autonómicas, y que se tradujo, y se sigue traduciendo, en la 'operación diálogo'.

Se allanará así el camino a un hipotético cogobierno entre socialistas y podemistas, como ya hizo el pacto presupuestario, una vez decretado el final de las mayorías absolutas e inaugurado oficialmente, con el pacto andaluz a tres entre PP, Ciudadanos y Vox, el periodo de bloques. 'La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo' vuelve a estar entre los libros de cabecera de Iglesias.

Transformación, reformismo y finalmente conservadurismo en lo relativo a la gestión interna del partida. Si bien suele olvidarse que Podemos fue la formación que trajo las primarias a los grandes partidos y condicionó para siempre los procesos de elección interna, el asamblearismo de los círculos fue un leve espejismo de democracia directa que ha ido dando paso a un uso cada vez más recurrente de plebiscitos que cortan de raíz el debate y polarizan o excluyen a los sectores no oficialistas. La consulta a los inscritos para zanjar el debate -más mediático que militante- sobre la compra de su vivienda, preguntándoles si querían o no que Pablo Iglesias e Irene Montero siguiesen al frente de sus cargos orgánicos e institucionales, es un buen ejemplo de ello. La ausencia de rivales en las primarias para la presidencial del Gobierno, también es, al menos en lo estético, una muestra de este conservadurismo, sobre todo tras el endurecimiento de los requisitos para presentar candidaturas alternativas a la de Iglesias.

La compra del "chalé de Galapagar" volvió a reabrir el trivial y autoflagelante debate sobre cómo debe vivir la izquierda. Quedó claro que Pablo Iglesias no es José Mujica, el expresidente uruguayo que siempre abogó por vivir con austeridad, y a quien se le tildó de populista cuando decidió permanecer en su pequeña chacra rural en lugar de trasladarse a la residencia presidencial, pero España tampoco es Uruguay. Este asunto no solo se convirtió en arma arrojadiza por parte de los rivales políticos de la formación, sino también a la interna, principalmente al sur de Despeñaperros. Las teorías contra la propiedad privada del decimonónico Proudhon convertidas en un pecado original sin posibilidad de redención. En este caso, engordadas por el pecado original de una formación que nació como antagónica a la casta y que se vio obligada a poner cifras encima de la mesa para definir lo que era un rico: quien ingrese más de 100.000 euros anuales.

Las lógicas han cambiado, y la traslación a lo político, con unos márgenes muy acotados, de la teoría y las reflexiones académicas se traduce en un terreno cada vez más pragmático. Las aspiraciones también. Como resumía en el balance de año el dirigente Rafa Mayoral, “este es el año en el que el movimiento popular empujó una moción de censura. El año en el que se fue Rajoy, el hombre de la corrupción y de los recortes. El año del movimiento feminista con la huelga del 8 de marzo y del movimiento de los pensionistas, empujando el derecho a las pensiones como un elemento clave para redistribuir la riqueza, que han puesto encima de la mesa la necesidad de la revolución de los cuidados, la necesidad de un cambio en la lógica política, social y económica que rige nuestro país”.

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