"Mi vida ha sido un sendero de mierda"

Acoso infantil, frialdad calculada, un golpe en la cabeza: la mente del asesino de Pioz

Patrick Nogueira relata su infancia, su adicción a la bebida y sus reacciones incontrolables mientras la Fiscalía le describe como "malo, premeditado, frío y calculador"

Foto: Patrick Nogueira, asesino de Pioz. (EFE)
Patrick Nogueira, asesino de Pioz. (EFE)

La mente de Patrick Nogueira centró ayer el debate en la Audiencia Provincial de Guadalajara, que juzga estos días al asesino confeso Pioz, que el 17 de agosto de 2016 mató a sus tíos —Marcos Campos y Janaína Santos—y a sus primos —Carolina y David—, de apenas cuatro y un año. Su defensa, ejercida por la letrada Bárbara Royo, ha dicho con rotundidad que el acusado no es una persona normal. "Patrick no es como ustedes ni como nosotros", dijo la abogada al principio de la vista mientras se dirigía al jurado popular, que será el encargado de decidir sobre el futuro del joven brasileño.

Acoso infantil, frialdad calculada, un golpe en la cabeza: la mente del asesino de Pioz

"Tiene un daño cerebral que determina su conducta en cierta manera", apuntó Royo, quien dejó claro que ella no tratará de hacerlo pasar por loco durante el juicio. "Yo nunca he dicho que Patrick estuviese loco ni que sufriese una enfermedad mental ni una psicosis", matizó antes de explicar que el diagnóstico sobre este extremo determinará previsiblemente la pena, ya que para que haya asesinato sin atenuantes se requiere conocimiento y voluntad por parte del autor. "Si sus facultades están mermadas, tendrá su pena, pero la que marca la ley", puntualizó antes de explicar que hay estudios que relacionan el daño cerebral con la delincuencia.

"Las neuroimágenes se utilizan para saber si el sujeto está más o menos predeterminado" y estos análisis ya se están empezando a llevar al ámbito de la Justicia, argumentó la letrada, quien avanzaba así una novedosa línea de defensa. "Los especialistas han estado muchas horas cara a cara con él en el servicio de Neurología del hospital Quirón de Madrid y no pueden mentir en un juicio", adelantó la abogada, que llamará a estos psiquiatras a declarar durante la vista oral. "Yo también quiero que Patrick sea condenado, pero de acuerdo a sus circunstancias y a los datos objetivos que arrojen las pruebas", zanjó Royo, quien pide para su cliente 25 años de cárcel tras la aplicación de diversos atenuantes en contraposición a la prisión permanente revisable que reclama la Fiscalía.

Los detalles de las declaraciones de estos psiquiatras y los análisis médicos concretos, sin embargo, no han sido aún avanzados por la defensa del acusado, que tan solo dio un aperitivo de lo que se adivina que será un informe detallado sobre la mente de Patrick, quien en su declaración también dejó entrever algunas claves. El asesino confeso, por ejemplo, contó que durante el inicio de su adolescencia sufrió un fuerte traumatismo craneoencefálico. "Me di un golpe en la cabeza", recordó el acusado, quien también reconoció su adicción descontrolada al alcohol desde los 10 años. "Al principio me bebía una botella a la semana, luego una cada día", especificó antes de apuntar que a los 18 años le diagnosticaron una úlcera y que en ocasiones ha dormido en la calle por la elevada ingesta de alcohol.

Patrick también contó que fue expulsado de varios colegios por los episodios violentos que protagonizaba y justificó que eran reacciones a los insultos y vejaciones a los que le sometían los niños mayores. "Yo he sido como un muñeco, me han pegado, me han llamado maricón, me han arrastrado, me han tirado a un contenedor de basura... Solo me quedaba la violencia, era el único modo de evitar la frustración y el miedo", relató el asesino confeso, quien añadió que siempre que salía de una pelea aumentaba el rechazo social. "Estaba solo", resumió.

"Gracias al alcohol, empecé a ver sombras, aunque no fue nada que alterara mi visión sobre la realidad", expresó el acusado, que sí aseguró haber experimentado cosas similares cuando golpeó a un profesor en Brasil años atrás que cuando asesinó a sus tíos y a sus primos en agosto de 2016 en Pioz. "Sentí el mismo agobio, que la cosa se iba acumulando, que no aguantaría, que iba a explotar y que algo iba a pasar", expuso ayer durante su declaración en la Audiencia Provincial de Guadalajara, donde contó detalles que hasta el momento nunca había confesado.

"Un sendero de mierda"

"Cuando suprimo la rabia, me desequilibro, tengo ansiedad, no duermo, pierdo la paciencia, vuelvo a beber", contó el joven, quien explicó también que en ocasiones le vienen emociones que no sabe encauzar. "No sé cómo gestionarlas y pasan", describió antes de explicar que el día anterior a los hechos bebió y luego se levantó con resaca. "Cuando pasa el tiempo, me doy cuenta de que mis reacciones no son iguales que las de los demás, son siempre agravadas; si pudiera controlarlas, sería maravilloso para mí y para los demás; mi vida fue un sendero de mierda, la he tirado a la basura", señaló. "Yo aceptaría cualquier método que me controle, que me cambie, no solo por mí, sino también por mi familia", apuntó.

La Fiscalía, sin embargo, se mostró en contra de esta tesis esgrimida por la defensa y expresó sus dudas sobre el testimonio de Patrick. Afirmó que se trata de una persona "fría" y "calculadora", que preparó detalladamente y con antelación los cuatro asesinatos y que los ejecutó por tiempos y en un orden lógico. Primero, explicó, mató a su tía cuando aún no había llegado su tío porque los niños pequeños no podrían defenderla ni defenderse, luego abordó a los menores y posteriormente esperó "pacientemente" a que llegara Marcos.

La fiscal jefa de Guadalajara, Rocío Rojo, que ha llevado personalmente la causa, añadió que el acusado además "se preparó friamente para cometer los hechos". En concreto, se hizo con "unas bolsas de basura, con cinta americana y con un cuchillo", porque sabía ya con antelación qué iba a hacer y cómo iba a meter posteriormente los cuerpos en las bolsas y a precintarlos porque era verano y sabía que olerían. También explicó la representante del ministerio público, para mostrar la frialdad del asesino, que tras cometer los tres primeros crímenes limpió todo y esperó, porque sabía que sobre las 22:00 llegaría Marcos y que tenía tiempo. "Estuvo muy atento para no dejar rastro, limpió los botes de leche donde había bebido, se puso guantes para fregar, quitó los pelos, limpió el ADN y las huellas", resumió Rojo.

Tras matar a su tío, agregó la fiscal, se duchó, durmió en la casa con los cuatro cadáveres y al día siguiente se marchó. "Se llevó la navaja, las toallas que había utilizado para limpiar y las sábanas que usó para dormir y se deshizo de todas en ellas en sitios desconocidos; de hecho aún no se han encontrado", relató. "Es tan calculador que se llevó hasta el teléfono de su tío porque pensó que alguien podía sospechar y así él podría arlo para dar señales de vida, como hizo cuando escribió al propietario de la vivienda para decirle que ya le pagaría", explicó la fiscal, que también aseguró que el acusado conocía bien la zona, los horarios de los de seguridad, quiénes eran etc. Estuvo las jornadas posteriores, añadió, como si no hubiera pasado nada y mirando las noticias constantemente por si la Guardia Civil descubría finalmente los hechos. Cuando lo hizo, de hecho, pidió a su padre que adelantara el viaje de vuelta a Brasil que tenía cerrado.

Selfis con los cadáveres

El abogado de la familia de Marcos Nogueira, Alberto Martín, por su parte, que representa incluso a la abuela del propio Patrick, calificó el cuádruple asesinato como "uno de los crímenes más horrendos de la historia judicial española" y apuntó, en línea con la Fiscalía, que los hechos fueron preparados "de forma consciente y deliberada" por Patrick y que hay pruebas de ello. Además de las mencionadas bolsas de basura, el cuchillo y la cinta americana, apuntó, los mensajes de WhatsApp que envió a su amigo brasileño Marvin Henrriques —a quien narró en directo y con imágenes tremendas lo sucedido— demuestran que "lo tenía todo preparado desde hacía tiempo" y que primero quiso deshacerse de los cadáveres enterrándolos, extremo que rechazó porque el suelo era muy duro y le costaría mucho trabajo, y luego se llevó las llaves de la casa con intención de regresar para volver a por ellos.

Tanto Martín como Rojo hicieron expresa mención a estos mensajes que sirvieron para que el acusado retransmitiera en directo los hechos a su amigo Marvin, quien aún no ha sido juzgado siquiera por colaboración y permanece en Brasil porque España no tiene tratado de extradición con el país iberoamericano. En ellos, Patrick cuenta cómo los niños se abrazaron antes de que les matara, cómo tenía ganas de que llegara Marcos o que tenía hambre. Además, en las fotos que remitía a su colega, se hacía selfis con los cadáveres. "La maldad no es una enfermedad", sentenció Martín parafraseando una expresión similar previa de la fiscal. "Si se le ingresara en un psiquiátrico, sería como Hannibal Lecter, que espera salir para matar", zanjó el letrado, que tiene claro que Patrick preparó todo punto por punto, como si fuera un libro. "Es el orden de un criminal", apuntó.

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