la batalla por madrid

Ganadores y perdedores en la crisis de Podemos por el control de las candidaturas

El sector anticapitalista se ha mantenido al margen de la guerra interna, pero ha sido uno de los principales damnificados, al exigir primarias proporcionales y quedarse fuera del acuerdo

Foto: El líder de Podemos, Pablo Iglesias (c), escenifica junto al diputado Íñigo Errejón (i) y el secretario general de la formación en Madrid, Ramón Espinar (d), el acuerdo entre sectores para la candidatura en Madrid. (EFE)
El líder de Podemos, Pablo Iglesias (c), escenifica junto al diputado Íñigo Errejón (i) y el secretario general de la formación en Madrid, Ramón Espinar (d), el acuerdo entre sectores para la candidatura en Madrid. (EFE)

Pablo Iglesias ha logrado desactivar una de las peores crisis internas de Podemos forzando una lista unitaria entre sectores, que encabezará Íñigo Errejón y que tendrá como número tres a Ramón Espinar. La batalla por Madrid comenzó por las diferencias a la hora de acelerar el proceso de primarias y se intensificó días después con el pulso de Errejón para establecer sus condiciones. Finalmente, acabó estallando este miércoles en una guerra abierta con la filtración por error del 'documento Bescansa', en el que se proponía una hoja de ruta para el reparto de la lista autonómica y el posterior derrocamiento de Iglesias al frente del partido.

El conflicto abierto en la formación, que se ha intentado cerrar con una solución 'in extremis', a solo unas horas de que se cerrase el plazo de presentación de listas para las primarias, ha dejado ganadores y perdedores por el camino. Entre los primeros, destaca Pablo Iglesias, que ha escenificado su capacidad para sellar una tregua entre sectores en un contexto de máxima tensión, con amenazas de escisión incluidas. No ha traído la paz a la formación, pero al menos sí posterga la confrontación, que sigue latente, y logra sacar del foco mediático una guerra fratricida por el poder interno mientras la presidenta popular Cristina Cifuentes se ve cercada por el caso de su máster.

Ganadores y perdedores en la crisis de Podemos por el control de las candidaturas

El líder de Podemos cumple así con el mandato de "unidad" expresado en Vistalegre II, al menos entre los dos grandes sectores, y hasta que se abran nuevos procesos. Las heridas de la segunda asamblea del partido no han supurado y los críticos con la dirección no renuncian a tomar el poder a través de conspiraciones. La propuesta de acuerdo lanzada por Carolina Bescansa a Íñigo Errejón para aunar fuerzas en este sentido lo hace evidente. Se trataba de una contraoferta al precandidato, quien le ofreció concurrir como número dos en su lista. La cofundadora y diputada en el Congreso se comprometía a ocupar este puesto a cambio de que su sector la apoyase para derrocar a Iglesias y convertirse en la candidata de Podemos a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2020.

La diputada de origen gallego se ha convertido así en una de las principales damnificadas de este conflicto. Su futuro político es incierto, y aunque no se le ha pedido la dimisión, se espera que sea ella quien renuncie a su escaño, después de que la dirección calificase su documento de "un asunto muy grave". La primera consecuencia es que no será la número dos de Errejón, este la ha rechazado tras tildar su propuesta de "delirante" y "fuera de lugar". Mantenga o no su escaño, Bescansa no cuenta ya con la confianza del partido ni de ningún miembro del grupo parlamentario, hasta el punto de que se la ha señalado por intentar reunir apoyos para promover una hipotética escisión.

Errejón salva una parte de su capital político tras la crisis, a pesar de que no son pocos en el partido los que dudan sobre su participación en el documento Bescansa, pero Iglesias ha preferido hacer la vista gorda para evitar que Podemos entrase en una espiral autodestructiva. Con todo, el que ya es oficialmente precandidato de Podemos ha tenido que rebajar sus expectativas de controlar la lista e integrar en ella a miembros del sector pablista, empezando por Ramón Espinar, que concurrirá como su número tres. Tampoco podrá ostentar la representación jurídica ante la Junta Electoral, como pretendía, para cambiar la marca electoral y decidir los términos de la confluencia con otras formaciones aliadas, como es el caso de Izquierda Unida y Equo.

El secretario de Análisis Político no ha salido ganando, pero disminuye al máximo los daños. No tanto su equipo y principales actores de su sector, pues al perder el control de la lista muchos de estos tendrán que quedarse fuera de los puestos de salida. A lo largo de este viernes, se resolverá la incógnita.

El sector anticapitalista se ha mantenido al margen de esta guerra interna, pero ha sido uno de los principales damnificados debido a que renunció presentarse a las primarias. Su potencial candidata, la portavoz en la Asamblea de Madrid, Lorena Ruiz-Huerta, se queda así fuera de la carrera, a no ser que se produzca una improbable rectificación antes del cierre del plazo este viernes a medianoche. Fuentes de anticapitalistas rechazan este extremo porque su órdago se lanzó con la esperanza de que se interrumpiese el proceso de primarias. Un proceso que han criticado por no tener garantías de incluir a todas las sensibilidades internas de manera proporcional y asentarse en la unidad popular con otras formaciones del cambio y movimientos sociales.

Este mismo jueves, tras anunciarse el acuerdo entre errejonistas y pablistas, desde Anticapitalistas se ratificaban en su posición y lamentaban el pacto, al entender que "la dirección de Podemos no haya rectificado y solo busque ratificar decisiones tomadas por arriba". En esta línea, avanzaban: "Vamos a continuar peleando por unas primarias de unidad popular, democráticas y con un programa participado". Tanto Espinar como Errejón mostraron su predisposición a contar con representantes de este sector en su lista de consenso.

De manera indirecta, el cierre del acuerdo también deja en un segundo plano a Izquierda Unida. En los últimos días, el Partido Comunista de Madrid, mayoritario en esta formación, había subido la presión para que se celebrasen primarias conjuntas en la confluencia, rechazando una negociación de despachos para el reparto de puestos en la lista, como ocurrió con Unidos Podemos en las elecciones generales del 26-J.

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