Elecciones Cataluña 2017: El 21-D debilita a Rajoy, engorda a Rivera y deja la legislatura en el aire. Noticias de España
también deja tocados a sánchez e iglesias

El 21-D debilita a Rajoy, engorda a Rivera y deja la legislatura en el aire

El Gobierno prevé que se mantenga la inestabilidad política, ve difícil negociar con un nuevo Govern y considera muy complicado poder aprobar los Presupuestos de 2018

Foto: Xavier García Albiol, tras conocer los resultados de las elecciones catalanas. (EFE)
Xavier García Albiol, tras conocer los resultados de las elecciones catalanas. (EFE)

La inacción durante años, la presunta 'operación diálogo', la previa del referéndum pactado, la intervención policial del 1 de octubre y la gestión del 155 con elecciones convocadas de urgencia han terminado en otra mayoría absoluta de los independentistas en el Parlament de Cataluña. La estrategia que ha encabezado Mariano Rajoy en Cataluña ha terminado también con su partido como séptima y última fuerza política en el Parlament y ha engordado hasta lo impensable a un partido como Ciudadanos que, por primera vez, le disputa al PP el voto de centro derecha y constitucionalista.

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Han ganado en escaños y con opciones de gobernar los mismos que fueron depuestos, procesados y encarcelados por vulnerar la ley, y Cataluña está casi en la línea de salida de nuevo, pero con más desgaste de casi todos. Eso sí, con la comprobación de la imposibilidad de la independencia unilateral, la constatación de la salida de empresas, el desprecio internacional y con la primera aplicación del 155, pero ahora fortalecidos por el plebiscito del 21-D.

También con la paradoja de que el camino hacia la independencia ha provocado la victoria histórica del partido más centralista, Ciudadanos, aunque no pueda formar Govern. Pero con el mismo equilibrio entre los dos bloques, después de tan costoso viaje.

Europa confió en Rajoy y ahora observará con asombro la nueva mayoría del independentismo que tanto inquieta a la UE. Las primeras palabras de Puigdemont en Bruselas dan idea de su nulo propósito de enmienda y cómo de fortalecido se siente. Cuando Rajoy anunció que adelantaba las elecciones al más breve plazo posible para limitar los efectos del 155 parecía una buena idea, dos meses después se ha visto que no.

Es aún difícil prever las consecuencias para la estabilidad política y la legislatura de España, pero el resultado está entre los peores cálculos de La Moncloa. El Gobierno esperaba iniciar el trámite de los Presupuestos de 2018 cuando se formara el nuevo Govern, dando por hecho que Ciudadanos y PNV lo pactarían, y que no haría falta prorrogar el artículo 155.

Ahora habrá un Govern independentista de nuevo o será imposible formar un Ejecutivo por falta de acuerdo en una investidura. En ambos casos, es posible que Rajoy mantenga la aplicación del 155 en Cataluña, lo que haría imposible la aprobación de las cuentas del Estado.

Es difícil prever las consecuencias para la estabilidad política de España, pero el resultado está entre los peores cálculos de La Moncloa

De hecho, el PNV hizo público un comunicado que señala: “¿Para qué ha servido el 155? ¿Para descabezar a los partidos independentistas? No. ¿Para alterar las mayorías parlamentarias? Tampoco. Se han producido reajustes dentro de cada bloque, pero no ha habido trasvases de votos de uno a otro. El 155 no ha servido para nada. Se destituyó a un Gobierno, se encarceló a consejeros, el 'president' legítimo tuvo que salir del país, se disolvió el Parlament, se anunció el descabezamiento del independentismo... Y Junts per Catalunya y ERC han obtenido cuatro escaños más, 66, que los 62 que obtuvieron en 2015, cuando concurrieron en coalición”. Es decir, que los nacionalistas vascos se alejan del PP y hacen difícil seguir siendo costaleros parlamentarios de Rajoy, al menos a corto plazo.

Con Govern independentista, el presidente del Gobierno podría tener la tentación de acudir al Senado a prorrogar la aplicación del 155 que legalmente termina el día en que se forme el nuevo Ejecutivo. Cabe la posibilidad de que si se forma un Govern, tenga como 'president' a Carles Puigdemont, preso y cerca del banquillo, y con él tendrá que sentarse a negociar o a hablar el presidente del Gobierno en busca de una salida, si es que se retira la vía unilateral. Puigdemont se sentirá fortalecido y sin nada que perder.

En todo caso habrá un largo periodo de inestabilidad política, con embrollos legales para investir a un fugado o preso y con juicios en breve y sentencias de inhabilitación. Seguirá el 155 en vigor y sin opción de Presupuestos del Estado.

Y con Rajoy tocado y debilitado. Así salió del 1 del octubre, pero los acontecimientos urgentes hicieron que nadie asumiera responsabilidades en el Gobierno, por ejemplo, por lo que ocurrió el día del referéndum ilegal, después de que el Ejecutivo explicara que no habría urnas.

El PSOE y Ciudadanos le dieron apoyo casi ciego y ahora quien más lo ha pagado en las urnas ha sido el PP, encabezado en Cataluña por Xavier García Albiol, por decisión de Rajoy. El propio presidente del Gobierno se empeñó en esa candidatura y los últimos días de campaña se implicó para intentar lo imposible.

El relato alternativo del PP en la misma noche del 21-D es que Albiol fue candidato, precisamente, para quemarse en favor de Ciudadanos, que tenía más opciones de ganar. Pero esa situación de debilidad se incrementa por el ascenso arrollador de Ciudadanos, con Inés Arrimadas interpretando con acierto y habilidad el papel de presidenciable y pararrayos de todo el voto útil del constitucionalismo. Incluido el del PSC y quizás hasta el de los comunes.

Albert Rivera ahora tendrá una posición de fortaleza frente a Rajoy para condicionar la legislatura en el Congreso y el PP debería iniciar un plan estratégico urgente para mantener la hegemonía del centro derecha en el resto de España.

Con distintos matices, el PSOE y Unidos Podemos salen tocados de las elecciones, porque se ha castigado al gris y solo se ha reforzado al blanco y al negro. La polarización les ha sepultado y la izquierda, en general, ha perdido estas elecciones claramente. Pedro Sánchez se desvió de su camino de recuperar el voto de la izquierda y apoyó el 155, y ahora tendrá que intentar liberarse de un nuevo estigma. Pablo Iglesias debe recomponer su discurso, con el temor comprobado de que en Cataluña fue visto como españolista y en el resto de España como próximo al independentismo. Los dos partidos comparten la circunstancia de haber delegado en otra marca su opción política en Cataluña.

Un efecto colateral será el de las municipales de 2019, en las que la candidatura de Ada Colau será una de las banderas de Podemos y ahora ha quedado debilitada. Se disipa en estas circunstancias cualquier posibilidad de moción de censura que requeriría a ERC. Se mantiene la opción de hacer oposición a un Gobierno que puede no poder aprobar sus Presupuestos.

Por cierto, que las tres últimas elecciones en Cataluña, las dos generales y las autonómicas, han ganado los dos partidos nuevos: la filial de Podemos en las dos primeras y ahora Ciudadanos.

Y queda para el futuro inmediato comprobar si lo afectado y debilitado es lo que algunos llaman el "régimen del 78".

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