en la galliguera hay más jóvenes que abuelos

Embalse vs. rafting: guerra por salvar el milagro que rejuveneció Huesca

Una sentencia de la Audiencia Nacional paralizó la obra, que busca derivar agua hacia Monegros. Pero ni los regantes ni el Mapama están dispuestos a renunciar al pantano

Foto: Descenso simbólico por el Ebro en Zaragoza con las alegaciones contra el proyecto del embalse. (P. P. A.)
Descenso simbólico por el Ebro en Zaragoza con las alegaciones contra el proyecto del embalse. (P. P. A.)

Desvestir a un santo para vestir a otro. Eso es lo que, a los ojos de los habitantes de la zona de la Galliguera, en el Prepirineo aragonés, quiere hacer el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente con la construcción de un embalse en el río Gállego a la altura de la localidad oscense de Biscarrués. Denuncian que la infraestructura, destinada a derivar agua para regadíos en la zona semidesértica de Monegros, acabaría con el modelo de desarrollo que han llevado a cabo en los últimos 30 años y con el que han conseguido revertir el declive poblacional que aqueja a la mayor parte de la comarcas pirenaicas: el turismo sostenible en torno a la práctica de rafting.

Una sentencia de la Audiencia Nacional del pasado 11 de julio ha tumbado el anteproyecto y la declaración de impacto ambiental sobre los que se sustentaba la obra, valorada en 123 millones de euros, poniendo en evidencia la falta de rigor en su elaboración. Pero ni el ministerio ni la Comunidad General de Riegos del Alto Aragón, cofinanciadora y beneficiaria del proyecto, se han mostrado dispuestos a renunciar al pantano.

La comarca de la Hoya de Huesca, donde se encuentra la Galliguera, es un caso excepcional en el área que abarca el Pirineo y Prepirineo. Al contrario que otras comarcas no solo ha conseguido frenar la emigración, sino que ha aumentado su población con una alta tasa de personas jóvenes y menores de edad. Y además, con una dinámica actividad empresarial alrededor del deporte de aventura.

Protesta en el Ebro que simboliza la bajada de las alegaciones contra el proyecto. (P. P. A.)
Protesta en el Ebro que simboliza la bajada de las alegaciones contra el proyecto. (P. P. A.)

Hace tres décadas sus pueblos habían entrado en una lenta pero inexorable agonía. Como en otras zonas pirenaicas, los jóvenes emigraban para buscarse una vida y solo iban quedando los ancianos. Entonces, comenzó a llegar gente de Francia y Navarra para aprovechar el único tramo del Gállego que queda en su estado natural, sin pantanos ni desviaciones de caudal, llevando a turistas a hacer rafting y otros deportes acuáticos como kayak.

Esto volvió a reactivar la zona y a atraer a otros jóvenes –algunos de ellos hijos de los que había emigrado años antes– que empezaron a instalar sus propias empresas de deportes acuáticos. Esto a su vez propició la creación de hoteles, restaurantes, campins y casas de turismo rural.

En Murillo de Gállego, el lugar donde tienen su sede las empresas del rafting debido a que se encuentra justo en medio del tramo para su práctica, “tienes 23 empresas en un pueblo de 180 habitantes. Con cero euros de inversión pública y sin afectación al medio ambiente”, explica Marta de Santos, alcaldesa de la localidad.

Los deportes de aventura reactivaron la zona y atrajeron a otros jóvenes que empezaron a instalar sus propias empresas de actividades acuáticas

La propia De Santos, que nació en Barcelona, es un ejemplo del resurgir de Murillo y los demás pueblos de la comarca gracias al rafting. “Mi madre nació en Murillo, pero de su generación no quedó nadie viviendo allí. Ahora, los que hemos vuelto somos hijos de la emigración”, explica. Además, “de los 180 habitantes censados en Murillo, 26 tienen menos de 18 años. Solo viven unos 15 o 18 abuelos, de entre 60 y 90 años”, añade.

El negocio de las aguas bravas, con 80.000 actividades vendidas al año, da trabajo directo a 200 personas en la zona, indirecto a unas 500 y deja una derrama económica, de acuerdo con las cifras del sector turístico, de 6 millones de euros al año.

Sin embargo, este modelo siente desde sus inicios la amenaza del embalse como una espada de Damocles pendiendo sobre su cabeza. De llevarse a cabo, aseguran los vecinos de la zona, acabaría con la explotación del río para deportes de aventura y con la economía local.

La obra fue incluida en el Pacto del Agua de Aragón, acordado hace 25 años, con una capacidad inicial de 600 hectómetros cúbicos, de modo que inundaba Murillo. Desde entonces ha sufrido sucesivas reducciones. Llegó a estar adjudicada su construcción para 192 hectómetros en la década pasada y finalmente se volvió a rectificar hasta quedar con solo 35 hectómetros y con una presa de agujero que solo comenzará a retener agua cuando el caudal supere los 90 metros cúbicos de agua por segundo.

No obstante, este proyecto fue llevado a la Audiencia Nacional por los ayuntamientos y la sociedad civil de la Galliguera junto con varias ONG en 2012 y, desde hace dos años, estaba visto para sentencia. Pese a eso, el pasado mes de mayo, el Ministerio de Agricultura lo sacó a información pública en mayo pasado, ante la sorpresa e indignación de los vecinos de la zona.

Según el Ministerio, el embalse de Biscarrués junto con el de Almudévar, situado a pocos kilómetros de distancia y adjudicado por 102 millones de euros, constituyen las actuaciones “más importantes de las que se están acometiendo en España en materia hidráulica” y juntas conseguirán aumentar en 10.000 hectáreas la superficie regable en Monegros, “aportando un gran volumen de empleo y colaborando en la fijación de la población al medio rural”.

Deportes en el río Gállego. (Turismo Murillo de Gállego)
Deportes en el río Gállego. (Turismo Murillo de Gállego)

Justo lo contrario de lo que los habitantes de la Galliguera auguran que producirá en su zona. “Si te inundan el tramo bajo más una parte del alto supone acabar con el 60% del negocio, que es el motor de desarrollo de la zona”, asegura Lola Giménez, de la Coordinadora Biscarrués-Mallos de Riglos, formada por los vecinos y ayuntamientos de la zona para oponerse al embalse.

El Ministerio de Agricultura alega que con este tamaño no afectará a la zona del rafting, salvo cuando se produzcan crecidas por encima de esos 90 metros cúbicos por segundo, lo cual, independientemente de que haya o no presa, hace no recomendable la práctica de este deporte.

No obstante, los afectados no lo ven así. Por una parte, sostiene Giménez, “nos venden que quieren el pantano para tenerlo vacío, pero han hecho muchas trampas en el proyecto técnico para asegurarse de que va a estar lleno”.

Manifestación el mes pasado en Zaragoza. (P. P. A.)
Manifestación el mes pasado en Zaragoza. (P. P. A.)

A este respecto, el profesor de la Universidad de Zaragoza Pedro Arrojo y experto en economía del agua llama la atención sobre el hecho de que, pese a estar proyectada una presa de agujero, que “no tiene por qué tener esclusa, le han metido una esclusa, lo cual es muy sospechoso”.

En opinión de Arrojo, también diputado por Zaragoza en el Congreso con Podemos, la Comunidad de Riegos de Alto Aragón no ha renunciado a su objetivo inicial en Biscarrués, que sería aprovechar su potencial hidroeléctrico.

“Los regantes tienen más ingresos por electricidad que por regadío”, asegura el experto, que alerta que aunque “la declaración de impacto ambiental” impide la instalación de una turbina, “llega un nuevo gobierno, cambia la legislación, hace una nueva evaluación de impacto ambiental y la presa ya está hecha”.

Además de eso, el hecho de que una parte de la zona utilizada para rafting pueda quedar anegada, aunque sea de forma esporádica, afectará al negocio, que contrata muchas de sus actividades con meses de antelación. “El no saber si va a estar inundado o no, con la inestabilidad de poder vender el producto, te cierra la empresa”, advierte Giménez.

La rentabilidad de su negocio, que ha hecho de este tramo de 20 kilómetros uno de los sitios de referencia para la práctica del rafting en España, se basa en que tiene tramos para distintos niveles de dificultad (tanto para deportistas experimentados como para familias con niños o escolares) y si uno de ellos se hace peligroso por una crecida del río, o monótono por el caudal bajo, se puede recurrir al otro.

“Dicen que se va a llenar determinados días del año, pero los días que se llene te arrasa la vegetación de ribera, vas a tener barro, ya no tienes paseos… Y con la incertidumbre de no saber si va a estar llena la presa o no, se convierte en un negocio incierto”, apunta Arrojo.

“El no saber si va a estar inundado o no, con la inestabilidad de poder vender el producto, te cierra la empresa”, advierte Lola Giménez

“Este proyecto es totalmente contrario al negocio de la actividad de aguas bravas”, coincide José María Sopeña, de la asociación Gállego Activo, que engloba a las cuatro empresas de actividades acuáticas de Murillo.

Sopeña, natural de Zaragoza, fue hace unos años a trabajar a un restaurante de Murillo, acabó titulándose como monitor de rafting y hace siete años creó su propia empresa, la más joven de las cuatro dedicadas a esta actividad. Ahora vive en Agüero, muy cerca de allí, donde su hija fue el año pasado la primera en nacer en esa localidad desde 1999.

“Las empresas de Murillo subsistimos a duras penas con lo que tenemos”, por lo que, con el embalse, “muchas de esas actividades se iban a perder”, asegura.

Otra imagen de la manifestación contra el anteproyecto que recorrió las calles de Zaragoza. (P. P. A.)
Otra imagen de la manifestación contra el anteproyecto que recorrió las calles de Zaragoza. (P. P. A.)

Este joven empresario estaba feliz el pasado 12 de julio, cuando junto con otros compañeros hacía un breve descenso por el Ebro a su paso por Zaragoza transportando simbólicamente las alegaciones contra el proyecto del embalse. Un día antes, la Audiencia Nacional había propinado un varapalo al plan de construir el embalse al anular su anteproyecto y su declaración de impacto ambiental, al corroborar la ausencia de varios de los estudios y evaluaciones que exige la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea para modificar masas de agua en buen estado.

La sentencia es demoledora con el trabajo llevado a cabo por la Confederación Hidrográfica del Ebro y el Ministerio de Agricultura. Subraya que, en vez de hacer los estudios y evaluaciones pertinentes, se limita a señalar que “no parece probable” o “no es previsible” que el embalse vaya a modificar el buen estado ecológico de las masas de agua afectadas.

Además, respecto a la declaración de la obra como “de interés público superior”, que permitía obviar la prohibición europea de deteriorar masas de agua, evidencia la ausencia de “un estudio concreto” sobre esta determinación así como de “un análisis científico, detallado y específico”. También apunta a la carencia de un informe de viabilidad económica, técnica, social y ambiental, así como de un estudio específico de la recuperación de costes.

Estas irregularidades habían sido advertidas por especialistas como Arrojo, que antes de la sentencia había calificado el estudio económico de la presa como “una vergüenza”. “Si hubiera un delito que se llamara prevaricación técnica, lo llevaría a los tribunales. Es un estudio tramposo. No un error. Porque si fueran errores, por menos de eso yo suspendo a los chavales en primero de carrera”, denuncia el catedrático.

Arrojo señala que de llevarse a cabo el embalse, la tasa de recuperación de la inversión para las arcas públicas será de “menos del 1 por ciento anual”

Tras haber comprobado miles de registros sobre el caudal del Gállego en los últimos 24 años, este experto determinó que en ese tiempo solo superó el necesario para que la presa hubiera comenzado a llenarse 53 días, “lo que supone una media de 2,2 días al año”. Es más, “en 15 de los 24 años el caudal nunca llegó a ese nivel, por lo que la presa habría sido perfectamente inútil”.

El propio Plan Hidrológico vigente reconoce que “en la mayor parte de los días del periodo analizado (el 98% del total) el caudal de salida del embalse es igual o mayor al caudal de entrada”.

Por ello, Arrojo considera que el embalse de Biscarrués “como negocio es una catástrofe” y que, de llevarse a cabo, la tasa de recuperación de la inversión para las arcas públicas será de “menos del 1% anual”. Y critica el hecho de que no se haya realizado un estudio serio de alternativas al pantano.

“No sé si hay que recurrirlo o aplicar el buen juicio, pero el estar décadas como estamos y para enrocarnos a los regantes no nos interesa”

Pese al revés que ha supuesto la sentencia de la Audiencia Nacional, tanto el Ministerio de Agricultura como la Comunidad de Regantes del Alto Aragón han calificado Biscarrués como irrenunciable. Mientras que el primero afirma que está valorando la viabilidad de un recurso ante el Tribunal Supremo, la segunda ya ha anunciado que lo interpondrá.

No obstante, incluso entre los agricultores el proyecto genera desconfianza. El secretario general de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón (UAGA), José Manuel Tenella, manifiesta su “sorpresa y frustración” ante la decisión judicial y lamenta que “las cosas no se hayan hecho bien” y no se hayan llevado a cabo los estudios a los que obligaba la legislación europea.

“Eso nos hace dudar si de verdad el Ministerio tiene intención de hacer esta obra”, dice Tenella, cuyo sindicato ya intuía este resultado. “Si esta obra tiene problemas, si no se puede hacer, que se diga. Que haya transparencia”, reclama el agricultor, que reconoce que la escasez de agua pone en duda la eficacia del embalse.

“Pedimos que se aplique la sensatez. No sé si hay que recurrirlo o aplicar el buen juicio, pero el estar décadas como estamos y para enrocarnos en una situación y no avanzar a los regantes no nos interesa”, reclama.

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