QUINTO ANIVERSARIO DEL MOVIMIENTO 15-M

Así surgió la 'hipótesis Podemos': el largo camino de las plazas a las instituciones

Los primeros 'indignados' en apostar por la vía institucional fueron varios miembros fundadores de Democracia Real Ya. Su iniciativa generó un fuerte rechazo en las asambleas

Foto: Concentración en la Puerta del Sol coincidiendo con el primer aniversario del movimiento 15-M. (Reuters)
Concentración en la Puerta del Sol coincidiendo con el primer aniversario del movimiento 15-M. (Reuters)

El apartidismo fue una de las señas de identidad del movimiento 15-M durante sus inicios. El “no nos representan” fue un lema destituyente que ponía en duda la democracia interna de las formaciones tradicionales, su distanciamiento de la sociedad y los problemas reales de la gente, así como la limitación de voces impuestas por el bipartidismo, o “turnismo” como lo denominaría Pablo Iglesias. Con la intención de no reducir el movimiento a una protesta “anti”, sino de hacerlo propositivo, se remarcó que apartidismo no era sinónimo de apoliticismo. Todo lo contrario, se ponían sobre la mesa conceptos como regeneración democrática, separación efectiva de poderes y participación, condensados en el nombre de la plataforma impulsora: Democracia Real Ya.

Este carácter apartidista fue solo un punto de partida. La reforma de la ley electoral se coló ya entre los consensos de mínimos o “tres puntos básicos”, junto a la “verdadera separación de poderes” y la regeneración política (listas abiertas), aunque no obtuvieron el respaldo generalizado de las distintas asambleas. Estas propuestas abrían ya el camino a la exploración de la vía institucional, una opción minoritaria durante los primeros meses pero que muy lentamente, y ya en un estadio de desmovilización, fue asumiéndose como necesaria.

Los primeros 'indignados' en apostar por la vía institucional fueron algunos de los miembros fundadores de Democracia Real Ya. Su iniciativa generó un fuerte rechazo en las asambleas y colectivos vinculados al 15-M y acabó por fracturar la plataforma en dos. Los que defendían mantener la esencia apartidista se quedaron en la plataforma y los que apostaron por la batalla institucional se constituyeron como asociación. Su proyecto no acabó de fraguar.

La plaza de Sol en 2011. (Reuters)
La plaza de Sol en 2011. (Reuters)

Entre quienes más férreamente se opusieron, criticando los supuestos intereses personalistas de este sector, destacan integrantes de Juventud Sin Futuro, otro de los principales colectivos que impulsaron las movilizaciones. Muchos de sus integrantes ocupan hoy asientos en ayuntamientos y parlamentos regionales, como es el caso de la portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre, los diputados de Podemos en la Asamblea de Madrid Pablo Padilla y Eduardo Rubiño (también responsable de redes en la organización) o el portavoz de Podemos en el Senado, Ramón Espinar.

Fases previas

La vía institucional tardó en calar, habiéndose producido previamente evoluciones y mutaciones varias del movimiento. La más inmediata fue la descentralización del movimiento de las plazas a los barrios y pueblos (expansión para unos, repliegue para otros). De esta primera fase se pasó a la de las luchas sectoriales, con el arcoíris que representaron las mareas ciudadanas: educación (verde), sanidad (blanca), emigrantes (granate) o azul (agua pública). Es en este momento en el que coge un mayor impulso la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Su líder nacional, Ada Colau, se mostró siempre reacia a dar el salto institucional, rechazando incluso la oferta lanzada por el entorno de Pablo Iglesias, antes de crear Podemos, para que formara parte del proyecto en ciernes. Sus portavoces en Madrid, Rafa Mayoral e Irene Montero, sí se integraron en la organización, ambos sacaron acta de diputados las pasadas elecciones del 20-D y forman parte de la ejecutiva del partido.

Varios meses antes del surgimiento de Podemos, otras iniciativas de carácter municipalista habían puesto los mimbres para explorar la vía institucional pero desde un punto intermedio que apaciguaba las voces críticas: los ayuntamientos. Existía el convencimiento de que las instituciones locales, por su cercanía, eran más propicias para llevar a cabo una democracia directa y experimentar con una nueva cultura política alejada de los partidos tradicionales.

Rafael Mayoral. (EFE)
Rafael Mayoral. (EFE)

Las plataformas municipalistas nacieron de espacios como En Red, Alternativas desde Abajo o la Fundación de los Comunes, en los que se teorizó durante meses la opción institucional, tratando siempre de atraer a los sectores con un carácter más libertario y por tanto reacio. Una vez recorrido este largo camino se constituyeron, siempre de forma autónoma y desde una lógica quincemayista, los movimientos municipalistas. Guanyem Barcelona, Ganemos Madrid o las mareas gallegas fueron iniciativas que se vieron rápidamente replicadas en todas las grandes ciudades. Todas ellas eran independientes, aunque bebían del trabajo hecho en los lugares más activos.

El ensayo-manifiesto 'La apuesta municipalista'  (Observatorio Metropolitano) acabó por dotar de base teórica a estos movimientos. Entre sus autores se encuentran Pablo Carmona, actualmente concejal de Ahora Madrid, e Isidro López, diputado regional en la Asamblea de Madrid como independiente por Podemos.

El atajo de Podemos

La brecha para abrazar la opción representativa fue abierta desde estas plataformas y los promotores de Podemos aprovecharon la oportunidad para colarse sobre ella y llevarse el gato al agua. La formación emergente tomó el atajo y se escapó del pelotón quincemayista que con paciencia y fieles a sus principios llevaban meses tejiendo esta vía. Demasiado tiempo y demasiado dogma movimentístico, como llegó a reprochar Juan Carlos Monedero en uno de los plenarios constitutivos de Ganemos Madrid, anteponiendo la eficacia a los lentos procesos asamblearios.

Juan Carlos Monedero. (EFE)
Juan Carlos Monedero. (EFE)

El lanzamiento de la 'herramienta' Podemos cogió por sorpresa a los 'think tanks' quincemayistas que llevaban tiempo cocinando esta posibilidad, a fuego lento, y con la paciencia de que la institucionalización del movimiento surgiese de un amplio consenso y una demanda social clara. Entonces ya tomaron la iniciativa, una capacidad que han demostrado con creces durante sus dos años de vida como partido.

El partido Izquierda Anticapitalista (2008), cuyos militantes se involucraron en el 15-M desde sus inicios, aunque sin conseguir capitalizarlo, fue fundamental en la génesis de Podemos. La dirigente andaluza Teresa Rodríguez o el eurodiputado Miguel Urbán son algunas de sus principales caras visibles, ambos muy activos en el 15-M, en Madrid y Cádiz, respectivamente. Su estructura sirvió de lanzadera, aunque pronto se convirtió en un lastre para la estrategia diseñada por la promotora del partido. En la asamblea constituyente de Vistalegre confrontaron con el modelo defendido por Pablo Iglesias, pero sus apenas dos centenares de militantes poco podían hacer ya con el indiscutible liderazgo que había adquirido Pablo Iglesias.

La vía institucional tardó en consumarse tres años. Podemos supo aprovechar 'la ventana de oportunidad' y ahora, coincidiendo con el quinto aniversario del 15-M, amenaza con el 'sorpasso'. Al mismo tiempo, su alianza con las plataformas municipalistas, lideradas en su mayoría por activistas del 15-M, gobiernan en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, A Coruña, Zaragoza, Cádiz o Santiago de Compostela. 

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