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Nadie quiere la sede de la Agencia Española de Salud Pública en Barcelona
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MASA CRÍTICA

Nadie quiere la sede de la Agencia Española de Salud Pública en Barcelona

La ciudad que se conjuró para la Copa América —con éxito— y por la Agencia Europea del Medicamento —sin suerte— se pone de perfil si el proyecto viene del Gobierno español

Foto: Pere Aragonès, Grant Dalton, Ada Colau y Jaume Collboni posan con el trofeo de la Copa América de Vela.(EFE/Quique García)
Pere Aragonès, Grant Dalton, Ada Colau y Jaume Collboni posan con el trofeo de la Copa América de Vela.(EFE/Quique García)

Aquella ciudad lo dio todo por acoger la EMA, la Agencia Europea de Medicamentos. Esta ciudad no da nada por la Agencia Española de Salud Pública, uno de los organismos que Pedro Sánchez quiere convertir en bandera de su modelo de descentralización para romper con la idea de ese Madrid que lo absorbe todo. En aquella ciudad, sindicatos, patronales, partidos e instituciones lo dieron todo por acoger a la EMA, que al final se fue Ámsterdam. En esta ciudad a nadie parece preocuparle la gestión de la salud pública en el ámbito español. Para aquella ciudad, la salud era una prioridad económica estratégica en 2017 y cinco años después a nadie le importa la Agencia Española de Salud Pública del Gobierno español, pese a que fue una idea de un catalán, el hoy líder del PSC, Salvador Illa. Aquella ciudad es Barcelona y esta ciudad… también es Barcelona. Solo que en vez de haber pasado cinco años, parece que ha transcurrido un siglo. Como cuando traspasas los bordes de un agujero negro y el tiempo se acelera dentro, mientras que cinco años son una eternidad fuera.

Los mismos que en noviembre de 2017, con la resaca de la declaración de independencia bien presente, se unieron para intentar conseguir esta sede europea, ahora no mueven ni un dedo. Se aliaron partidos políticos, administraciones y empresarios. A pesar de que después del intento de sedición de octubre era evidente que lo tenían crudo, se jugó la baza a fondo. La agencia europea entusiasmaba, la española solo genera indiferencia.

Foto: La ministra de Sanidad, Carolina Darias. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

No pasa así en el resto de España. Zaragoza ya la ha solicitado, con la baza secreta, o no tanto, de que Fernando Simón es paisano. Como Sevilla. O Valencia. Hasta Extremadura aspira a beneficiarse de este movimiento descentralizador de Moncloa.

La Generalitat ya ha reconocido que no está por la labor. Así lo hizo su portavoz esta semana en la rueda de prensa tras el Consell Executiu. No lo justifican. Pero queda claro que el independentista Pere Aragonès no jugará la carta de dar más cancha en Cataluña a instituciones españolas. Y el resto, el silencio. El más clamoroso, el de la alcaldesa Ada Colau, capaz de colocar un ministro de Ciencia en el Gobierno de Sánchez, Joan Subirats, pero ajena a una entidad que daría una gran protagonismo a la capital catalana en un momento en que este tipo de organismos serán fundamentales en la era pospandemia que afronta el mundo. Menos mal que la Copa de América, que tanta unanimidad ha generado en la ciudad, no se llama Copa Juan Sebastián Elcano.

Malestar en el sector

El sector médico, hospitalario y empresarial vive la situación con sordo malestar. Sordo porque nadie abre la boca, ya que el clima político prioriza que ERC pueda apoyar los Presupuestos de Pedro Sánchez. Pero los mismos activos de los que se hizo alarde cuando se participó en la carrera por la EMA siguen ahí. Y también se beneficiarían, salvando la escala, de una Agencia Española de la Salud Pública.

Ahí están, por ejemplo, los cuatro centros hospitalarios de referencia: el Clínic, Vall Hebron, Bellvitge y Sant Pau. También todo el tejido de empresas de biotecnológicas. O todo el sector farmacéutico en Cataluña: Grifols, Almirall, Esteve, Ferrer Internacional, Uriach, Hipra. O las multinacionales con sede operativa catalana: Bayer, Boehringer Ingelheim Novartis y Sanofi Aventis, solo por citar las más señaladas. Todo eso sin contar el ICS, una empresa pública de la Generalitat que factura 3.700 millones anuales.

El tejido médico y de industria 'farma' harían de Barcelona una candidata imbatible

Se calcula que el conjunto del sector salud en la economía catalana, es el tercero en aportación al PIB catalán, con un 8,4% del total y el segundo en ocupación (10,1%) e inversión en innovación tecnológica.

Todo ese conglomerado médico empresarial sigue ahí. Como en 2017, cuando Ámsterdam se quedó la EMA, que iba a instalarse en la Torre Agbar. Pero, igual que en el poema de Neruda, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Lo que evidencia otro problema catalán: sin un actor político que haga de motor en la sombra, los privados prefieren no moverse, no vaya a perderse la foto, como auguraba Alfonso Guerra.

Esperando a Godot

A las puertas de las municipales sería lógico que Jaume Collboni, candidato del PSC, hubiese puesto el grito en el cielo ante la pasividad política e institucional por atraer esta sede a Barcelona. Pero Collboni, como el resto de los candidatos, ni está ni se le espera en este tema. No hablemos ya del tándem Xavier Trias y Josep Maria Argimon, ambos médicos y ambos independentistas. La prioridad de su partido, JxCAT, también es menos España en Cataluña, aunque el coste pueda ser que Zaragoza o Valencia le vuelvan a comer la tostada a la capital catalana, como ha pasado con la logística, con las empresas industriales en la frontera entre Lleida y Aragón o como aprovechó Valencia la marcha de sedes bancarias. Para muchos independentistas la consigna sigue siendo la de 2017: cuanto peor, mejor.

Hace mucho tiempo que la política en Cataluña solo tiene dos ejes: todo lo que va mal es culpa de Madrid. Y para los casos que esto no funcione y la responsabilidad catalana resulte ineludible, esta se atribuirá a la mala suerte. Cuando se pierda por incomparecencia la sede de la Agencia Española de Salud Pública, si algún empresario protesta por lo bajo, la respuesta política ya está preparada. No lo dude, amigo lector: la explicación se atribuirá, sin duda, a la mala suerte.

Aquella ciudad lo dio todo por acoger la EMA, la Agencia Europea de Medicamentos. Esta ciudad no da nada por la Agencia Española de Salud Pública, uno de los organismos que Pedro Sánchez quiere convertir en bandera de su modelo de descentralización para romper con la idea de ese Madrid que lo absorbe todo. En aquella ciudad, sindicatos, patronales, partidos e instituciones lo dieron todo por acoger a la EMA, que al final se fue Ámsterdam. En esta ciudad a nadie parece preocuparle la gestión de la salud pública en el ámbito español. Para aquella ciudad, la salud era una prioridad económica estratégica en 2017 y cinco años después a nadie le importa la Agencia Española de Salud Pública del Gobierno español, pese a que fue una idea de un catalán, el hoy líder del PSC, Salvador Illa. Aquella ciudad es Barcelona y esta ciudad… también es Barcelona. Solo que en vez de haber pasado cinco años, parece que ha transcurrido un siglo. Como cuando traspasas los bordes de un agujero negro y el tiempo se acelera dentro, mientras que cinco años son una eternidad fuera.

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