FICHA A ANTONIO VARGAS

Amazon roba a Google su jefe de 'lobby' en España ante la presión del Gobierno

La compañía estadounidense de servicios a domicilio y contenidos ficha a Antonio Vargas, un experto en regulación que trabajó durante tres años para Mariano Rajoy

Foto: Antonio Vargas, durante un acto en Zamora. (EFE)
Antonio Vargas, durante un acto en Zamora. (EFE)
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Las grandes tecnológicos estadounidenses empiezan a robarse directivos en España. Según han confirmado fuentes oficiales, Amazon Web Services (AWS) ha fichado a Antonio Vargas, exmánager de Google, para convertirlo en su nuevo Head of Public Policy para Iberia. Un puesto que ha tomado una gran relevancia en este tipo de compañías debido a la presión regulatoria, su manejo de datos privados sensibles, el apremio por parte de las autoridades de Competencia y el deseo de los países de que tributen de forma acorde a sus resultados.

Vargas se acaba de incorporar a Amazon tras casi seis años en Google, donde llegó procedente de Presidencia de Gobierno. El nuevo máximo responsable de 'Public Policy' de la multinacional americana trabajó algo más de tres años en Moncloa bajo la legislatura de Mariano Rajoy como vocal asesor del Departamento de Análisis y Estudios. Antes había conocido el mundo de las encuestas en GAD3, una firma muy próxima al Partido Popular, y la política al haber sido durante cuatro años asesor del presidente de La Rioja, José Ignacio Ceniceros.

El fichaje de Vargas por Amazon Web Services (AWS) es un golpe a su principal rival en el boyante negocio de la infraestructura tecnológica en la nube. Google lleva desde 2011 impulsando su Cloud Platform y Microsoft apuesta por Azure desde el 2010, pero el gran 'player' aquí es AWS. Esta unidad supone ya casi el 15% de los ingresos totales de Amazon y genera más de 10.000 millones en ventas cada trimestre. Unas cifras descomunales que Google, Microsoft, IBM u Oracle solo pueden seguir de lejos.

AWS se ha hecho muy fuerte como proveedor del propio sector tecnológico (Netflix, Facebook, Twitter y casi cualquier pequeña 'startup' dependen de sus servicios), financiero (Santander, BBVA, Bankinter y Openbank trabajan con ellos) y hotelero (Grupo Barceló, NH Hoteles, Meliá Hotels), pero donde de verdad está colándose poco a poco es cerrando contratos millonarios en el sector gubernamental. Conseguirlo requiere una engrasada maquinaria de 'lobby', precisamente el frente al que ahora se une Vargas para abandonar la trinchera de Google.

Ningún otro proveedor tecnológico en la nube ha conseguido el máximo apoyo en España del presidente del Gobierno. Hace ahora casi un año, Pedro Sánchez posaba en Davos junto al CEO de AWS, Andy Jassy, para anunciar la apertura de una nueva región de operaciones en nuestro país, con tres grandes centros de datos ubicados en Aragón. Eran los tiempos felices precovid, pero incluso en plena pandemia Amazon está reventando cifras.

Por el contrario, el Gobierno del líder socialista ha encontrado en Google un ariete con el que hacer política fiscal, de momento, de cara a la galería. Después de la ya afamada tasa Google, que está en tramitación parlamentaria, la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales anunció en septiembre que en el nuevo anteproyecto de Ley de Telecomunicaciones se plantea cobrar la misma tasa que ya pagan los operadores como Movistar o Vodafone a las compañías tecnológicas que ofrezcan estos servicios sin numeración telefónica. Es decir, abre la veda a que en este grupo puedan entrar compañías como Facebook, Microsoft o Google y servicios como WhatsApp o Telegram e incluso empresas de servicios de correo electrónico.

Un envite que ya ha tenido repercusiones en las relaciones comerciales entre España y Estados Unidos. La administración de Donald Trump ha aprobado nuevos aranceles contra España y el resto de países europeos que apoyan la tasa Google y ha amenazado con subir la fiscalidad a una serie de productos que hundirían las exportaciones nacionales. España vendió productos a Estados Unidos por 13.700 millones de euros en 2019. Los productos cárnicos, el aceite de oliva y las aceitunas ya han sufrido las consecuencias del enfado de los estadounidenses.

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