Celsa propone cerrar su planta de Vizcaya y más despidos para cumplir con la banca
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dentro de su plan estratégico 2016-2021

Celsa propone cerrar su planta de Vizcaya y más despidos para cumplir con la banca

El grupo siderúrgico de los Rubiralta ha planteado a los acreedores la clausura definitiva de su factoría Nervacero que da empleo a 300 trabajadores tras duras medidas de ajustes

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Foto: Celsa Group.

Celsa, el mayor grupo siderúrgico de España, ha alcanzado prácticamente un acuerdo con la banca para que avale su Plan Estratégico 2016-2021, que persigue multiplicar su beneficio operativo por dos y reducir la deuda en un tercio en los próximos cinco años. La hoja de ruta de la compañía propiedad de la familia Rubiralta incluye, no obstante, importantes sacrificios para su plantilla, entre los que se encuentra el cierre temporal o definitivo de Nervacero, su factoría situada en Barrio Ballonti, entre Portugalete y Sestao (Vizcaya).

Así consta en el Plan Estratégico al que ha tenido acceso El Confidencial y que ha sido validado con KPMG, la consultora contratada por los acreedores. Según las previsiones de Celsa, la compañía pasará de un beneficio antes de impuestos, intereses, amortizaciones y depreciaciones o ebitda de 176 millones en 2016 a 445 millones en 2021. Durante estos años, las ventas brutas se incrementarán desde los 2.052 hasta los 2.389 millones, al tiempo que la deuda neta se reducirá en 841 millones, hasta dejarla en 1.711 millones.

¿Cómo se producirá este milagro de multiplicar los beneficios operativos por dos y repagar gran parte de los préstamos que están asfixiando al grupo siderúrgico? Según el citado plan estratégico presentado por Celsa, el aumento de los resultados se producirá por la integración vertical de los negocios, incluida la apertura de tres nuevas plantas de ferralla, las mejoras de los costes operativos y de gestión en la cadena de suministro y de una restructuración industrial.

El último elemento es el más delicado, porque en la hoja de ruta de Celsa se incluye la reorganización de la filial en Francia, actualmente en pérdidas, y el cierre parcial o total de su factoría en las proximidades de la Ría del Nervión de Bilbao. La primera necesita la aportación de 60 millones de euros adicionales, mientras que la segunda, que da trabajo a 300 empleados, tendría un coste anual de 21 millones en el caso de aplicar un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE), o de 73 millones si se decide bajar la persiana de forma definitiva. La compañía con sede en Barcelona ya recortó la plantilla de esta planta en unas 50 personas en 2012.

Para Celsa, el futuro de Nervacero es una incertidumbre que puede derivar en problemas adicionales, como un conflicto laboral con los sindicatos, que podría contagiarse a otras plantas del grupo. Asimismo, podría suponer la pérdida de crédito proveedor, un rechazo institucional por parte del Gobierno del País Vasco y el vencimiento anticipado de las subvenciones y el pago inmediato de otras deudas aplazadas.

La empresa de los Rubiralta ya ha recortado la plantilla en 800 personas, bajado el sueldo hasta un 35% e incrementado el número de horas trabajadas

Celsa ya ha aplicado duras medidas laborales en los tres últimos años para adaptarse a la crisis económica. De hecho, ya ha recortado en 800 personas la plantilla de todo el grupo, ha reducido los turnos en todas las plantas, ha bajado los sueldos entre un 5% y un 35%, al tiempo que ha aumentado la jornada de los trabajadores empleados entre 16 y 40 horas al año. La compañía también ha cerrado el tren de Arregui y ha clausurado la factoría de Illescas.

El auditor advierte de un agujero de 980 millones

Así consta en la documentación entregada a KPMG y los acreedores, entre los que destacan BBVA, Santander, Bankia, CaixaBank y Sabadell, los cuales han dado su visto bueno con matices, porque la puesta en marcha del plan no exige sacrificios adicionales de la banca. Sin embargo, EY, el auditor de Celsa, advierte sobre la capacidad de la compañía de poner en marcha toda sus líneas estratégicas. “Las previsiones y estimaciones de cualquier tipo y, en particular, aquellas más estrechamente relacionadas con una industria como en la que opera el grupo, son inciertas, fruto de la volatilidad de los mercados u otros factores relevantes no controlables por este”, señala EY en el reciente informe anual. El auditor agrega que, “por ello, podrían materializarse en un modo distinto al esperado, circunstancia que podría afectar al cumplimiento de los compromisos adquiridos por la sociedad con las entidades financieras”.

Más aún, EY subraya que las cuentas de Celsa deben deteriorarse en 980 millones de euros por la pérdida de valor de Nervacero y de Celsa Atlantic. Dos filiales a las que el grupo ha concedido créditos financieros participativos y créditos financieros ordinarios por 64, 200 y 162 millones de euros, en el caso de la primera, y 81, 110 y 349 millones, en el caso de la segunda, así como cuentas a pagar de distinta naturaleza por 25 millones con Nervacero y 126 millones con Celsa France, entidad dependiente de Celsa Atlantic.

EY sostiene que, en el contexto actual, “consideramos que el importe recuperable de dichas inversiones, prudentemente valorado, a través del descuento de flujos de efectivo esperados de cada entidad, implica que, excepto una parte del crédito financiero ordinario concedido a cada una de ellas, la sociedad debería deteriorar íntegramente el resto de las citadas inversiones”. Los malos resultados presentados este martes por Arcelor

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