Areces contra El Corte Inglés: si don Ramón levantara la cabeza…
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Areces contra El Corte Inglés: si don Ramón levantara la cabeza…

El Corte Inglés se ha calado el turbante en una huida hacia adelante que trastoca la hoja de ruta prevista por Isidoro Álvarez para afrontar el cambio vital del gigante español de la distribución

Foto: Ramón Areces.
Ramón Areces.

Gran parte de la historia reciente que ha protagonizado El Corte Inglés a lo largo del último año responde directamente a los designios trazados por Isidoro Álvarez en los meses previos a su fallecimiento en septiembre de 2014. El antiguo presidente del gigante español de la distribución había emprendido el camino de la definitiva renovación generacional con el fichaje de Manuel Pizarro y la definición de una nueva estructura de dirección orientada a un cambio radical del organigrama bajo la responsabilidad directa de su sobrino Dimas Gimeno y el pase a la reserva más o menos activa de la vieja guardia procedente de la etapa dorada de Ramón Areces.

Lo que no estaba en el libreto de Isidoro Álvarez era que el nuevo gobierno corporativo de su emblemático imperio empresarial supondría el destierro con oprobio y sin contemplaciones de los herederos del legendario creador de El Corte Inglés. La expulsión premeditada de Carlota Areces, portadora del ilustre apellido y genuina representante de la familia fundadora, supone un desafío, por no decir un exabrupto, a las más elementales normas de gobernanza que deben presidir las actuaciones dentro de una empresa cuyo futuro depende no sólo de la confianza supuestamente garantizada por parte de sus leales consumidores, sino también de la que sea capaz de obtener en los mercados de capitales.

Isidoro Álvarez ya había negociado con los inversores qataríes pero quería asegurar antes la colocación en bolsa para dar salida a los actuales socios rebeldes

Ahora resulta que el jeque Hamad Al Thani sienta a uno de sus delegados en el consejo mucho antes de convertirse en accionista de derecho, a la vez que una empresa de estirpe en el capital de El Corte Inglés, como Corporación Ceslar, es expulsada del máximo órgano de gobierno pese a disponer de un 9% de las acciones y ser uno de los socios de referencia. No se olvide que el acuerdo con el inversor de Qatar se establece, de entrada, a partir de un contrato de crédito en condiciones muy ventajosas para el prestamista, cuya vinculación efectiva con la empresa española está basada en compromisos financieros delimitados en el tiempo, por lo que tampoco existe realmente una voluntad estratégica de permanencia en el capital por parte del que fuera primer ministro del emirato árabe.

El Corte Inglés se ha calado el turbante pero nadie puede garantizar que exista casamiento, ni siquiera un plan de boda con pedida de mano en firme. Si acaso una experiencia prematrimonial forzada por la necesidad de una eterna solterona a la que las circunstancias del mercado global le obligan a buscar urgentemente un acompañante galán entre los más diversos y lejanos pretendientes que ahora asoman por España. El nuevo libro de familia que algunos tratan de presentar como un cambio latente en el estado civil de la empresa formaba parte también del legado de Isidoro Álvarez, quien mucho antes de sentirse enfermo emprendió, no sin grandes cautelas, las primeras negociaciones para un acuerdo societario con el fondo soberano de Qatar.

Las conversaciones apuntaban entonces a la venta directa del 10% del capital, procedente de la autocartera, pero estaban supeditadas a una serie de condiciones previas que se sustanciaban en la puesta en valor a partir de la salida a bolsa. La operación se orientaba con el objetivo indispensable de garantizar la liquidez del eventual inversor pero también como alternativa para dar salida a todos aquellos socios históricos que no estuvieran por la labor de continuar en la nueva y más compleja etapa empresarial de El Corte Inglés. Isidoro Álvarez era consciente del cambio vital que necesita la empresa pero nunca a costa de provocar un conflicto de familia de efectos claramente malignos para una entidad que fundamenta su fondo de comercio en la imagen intachable de una marca ejemplar.

Un salto desde lo alto de la quebrada

Isidoro Álvarez sabía además que la saga de los Areces no se lo iban a poner fácil porque el enfrentamiento con Corporación Ceslar vienen de lejos. De hecho, la empresa instrumental que ahora ha sido expulsada del máximo órgano de gobierno por falta de lealtad e incumplimiento de sus deberes como administrador ha demandado al menos en dos ocasiones anteriores a El Corte Inglés por distintos motivos ante los tribunales. El pasado domingo la situación pasó a mayores cuando Carlota Areces fue conminada en el consejo previo a la junta general para que enviara una carta de su puño y letra a Dimas Gimeno retractándose de todos los comentarios públicos que había realizado durante el mes de agosto en contra de la operación financiera con el jeque Al Thani.

La respuesta de la hasta entonces consejera fue entendida como un acto de rebeldía porque la representante de Corporación Ceslar no sólo declinó de mala gana la petición de la empresa sino que advirtió muy puesta en razón de que haría valer su voto negativo contra la pretendida venta de la autocartera en la junta general celebrada a continuación. A partir de ahí, las hostilidades se han desatado de manera formal dando lugar a una batalla jurídica que se presume muy dura para una compañía poco acostumbrada a lavar los trapos sucios en la vía pública. Carlota Areces impugnará las decisiones adoptadas en la asamblea anual de accionistas y especialmente el convenio financiero que supone la eventual entrada de un socio extranjero en el capital del grupo.

La institución que más y mejor ha vertebrado la realidad empresarial de España desde los años de la posguerra se ha visto obligada a poner el carro delante de los bueyes como consecuencia de la doble crisis que ha supuesto la recesión económica y la muerte del patrón. Dimas Gimeno ha tenido que romper los moldes de una cultura singularmente conservadora para gestionar por la vía rápida un acuerdo a dos bandas. De un lado, el pacto con la ancestral ‘nomenklatura’ encabezada por Florencio Lasaga y Carlos Martínez Echevarría, que se han hecho con el control efectivo de la Fundación Areces, propietaria del 37% de El Corte Inglés. De otro, la incorporación a los órganos de gobierno de las hijas de Isidoro Álvarez, en su calidad de representantes herederas del 23% que poseía directamente el antiguo presidente.

El conflicto con Carlota Areces viene de antiguo y, de hecho, Corporación Ceslar tiene al menos otras dos demandas en los tribunales contra El Corte Inglés

La particular ‘perestroika’ de El Corte Inglés se ha desarrollado en un clima realmente enrarecido desde el punto de vista de negocio y Dimas Gimeno se ha visto forzado a cambiar la más tranquila y ordenada hoja de ruta trazada por su tío para salir aprisa en busca de un ‘mirlo blanco’ que ayudase a refinanciar la empresa. El anticipo del magnate qatarí irá destinado a reducir la deuda lo más que se pueda, hasta un nivel estimado de poco más de 2.000 millones de euros. Cabe recordar que a principios de 2012 el pasivo financiero se situaba en casi 4.500 millones, lo que demuestra la fijación por soltar lastre cuanto antes para remontar el vuelo y aprovechar el viento de cola de la supuesta recuperación económica.

El Corte Inglés trata de recuperar las esencias de un negocio generado tradicionalmente con recursos propios y para ello ha emprendido una huida hacia adelante que le ha llevado a escenificar ante la junta general los conflictos de familia que estaban larvados desde hace años. El nuevo equipo directivo se ha lanzado desde lo alto del acantilado financiero sin haber podido comprobar del todo el nivel de la marea. El riesgo de la quebrada es elevado porque la situación económica es aún inestable y el saltador todavía no ha alcanzado un pleno estado de forma que asegure el clavado en las procelosas aguas del mercado. Por si fuera poco, la empresa tendrá que enfrentar en los próximos meses un pleito de fuerte repercusión societaria con la propia familia Areces. Como dicen algunos antiguos allegados de El Corte Inglés: Ay si don Ramón levantara la cabeza…

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