PARA CONTROLAR LOS NEGOCIOS DE UPSTREAM

Pemex quiere que Mariano Rajoy le ayude a colocar un consejero delegado en Repsol

La empresa mexicana considera que sus servicios para restaurar la paz entre Argentina y España le hacen acreedor a un acuerdo de cogestión en Repsol

Foto: Mariano Rajoy y Enrique Peña Nieto (EFE)
Mariano Rajoy y Enrique Peña Nieto (EFE)

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ya sabe dónde le aprieta el zapato a Pemex y cuál es el verdadero objeto de deseo de la multinacional mexicana en España. La petrolera azteca ha hecho llegar al inquilino de La Moncloa un mensaje muy claro del coste que implica su inestimable colaboración como introductor de embajadores con el Gobierno de Cristina Kirchner. El acuerdo político con Argentina sobre la expropiación de YPF está ahora en manos de los técnicos, pero entre las condiciones de esta ‘paz cartaginesa’ figura también una opción para que Pemex pase a controlar todo el negocio de upstream de Repsol.

Ha sido el propio presidente de México, Enrique Peña Nieto, quien ha persuadido a su colega español para que tenga en consideración el papel de Pemex como socio de referencia en Repsol. La reciente Cumbre Iberoamericana de Panamá sirvió como altavoz de los cantos de sirena que la petrolera mexicana ha venido entonando en los últimos meses para hacerse fuerte en la gestión de la compañía presidida por Antonio Brufau. No se trata, ni mucho menos, de incrementar la actual participación accionarial del 9,6% que Pemex tiene en Repsol, sino más bien de asegurar el mando y control de todas las actividades de exploración y producción de la empresa española.

La propuesta de Pemex no ha llegado todavía de manera formal a la mesa de Brufau pero es un secreto a voces entre los distintos ministros del Gobierno involucrados en el conflicto con Argentina. Tanto el titular de Economía, Luis de Guindos, como el jefe de la diplomacia española, José Manuel García-Margallo, y por supuesto el propio José Manuel Soria, conocen las intenciones esbozadas por Peña Nieto y cuya génesis se remonta al pacto de accionistas suscrito en agosto de 2011 por Pemex con Luis del Rivero.

Antonio Brufau.
Antonio Brufau.
La reacción del consejo de administración de Repsol contra el antiguo presidente de Sacyr echó por tierra las ambiciones de Pemex, que se las prometía muy felices con la pretendida compra de la división de upstream de la petrolera española. Los mexicanos habían definido ya muy claramente sus objetivos pero tuvieron que claudicar ante la caída en desgracia de Rivero y se vieron obligados a firmar un armisticio que ha sido claramente subvertido a las primeras de cambio. Pemex sabe que estos compromisos societarios limitan su capacidad de influencia y ha decidido pasar a la ofensiva atacando la fibra sensible del gobierno corporativo de Repsol en la figura de su primer ejecutivo.

Dos consejeros delegados y un presidente no ejecutivo

Las acusaciones continuas y constantes contra Brufau, rematadas en el Parlamento de México con la petición de dimisión formulada hace unos días por el director general de Pemex, Emilio Lozoya, se interpretan en nuestro país como parte de una estrategia orientada a renovar la alianza con Repsol en términos que faciliten un acuerdo de cogestión dentro de la empresa española. Al menos ésta es la conclusión que extraen las fuentes ministeriales consultadas por El Confidencial, para las cuales “lo más importante ahora es cerrar de manera definitiva y favorable el conflicto con Argentina”.

La dirección actual de Repsol se enfrenta, por tanto, a un doble desafío. En una primera fase tiene que asumir como propio “un mal acuerdo para evitar un buen pleito”, siguiendo la expresión atribuida recientemente al secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, para definir el pacto alcanzado hace quince días en la Ciudad de Buenos Aires. Acto seguido, y como consecuencia del mismo programa de actos, la compañía española debería abrir las puertas de par en par a Pemex para que los mexicanos sitúen a un hombre de la multinacional al frente de una división clave del negocio.

Instalaciones de Pemex.
Instalaciones de Pemex.
La propuesta de Pemex se traduce en la configuración de un nuevo organigrama directivo, de tal modo que el presidente sería apartado de la mayor parte de labores ejecutivas que, a su vez, estarían organizadas en torno a dos unidades de gestión. De un lado, las actividades de upstream (exploración y producción) dirigidas por un directivo de Pemex y de otro los procesos de downstream (refino, venta y distribución) bajo el control de otro consejero delegado designado por Repsol.

No es de extrañar que dentro del Gobierno exista un fuerte escepticismo sobre las consecuencias empresariales que pueden derivarse del pacto político alcanzado ‘por un puñado de dólares’ con Argentina. No en balde, si Pemex se sale con la suya, España puede perder el control efectivo de una de las pocas multinacionales que todavía ilustran la imagen de marca del país. El caso Endesa en versión mexicana, pero esta vez sin ninguna OPA multimillonaria que llevarse al zurrón.

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