Sabadell renuncia a la 'catalanidad' del banco

Gilinski, un colombiano millonario que compra al contado a precios de saldo

Formado en universidades americanos, el nuevo socio del Sabadell es un rico de la lista Forbes experto en restructuraciones de bancos.

Foto: El empresario colombiano Jaime Gilinski. (Reuters)
El empresario colombiano Jaime Gilinski. (Reuters)

El buque insignia financiero de la burguesía catalana, el Banco Sabadell, dio ayer un giro histórico con el anuncio de una ampliación de capital de hasta 1.400 millones que significará colocar como primeros accionistas de la entidad al colombiano Jaime Gilinski y al fondo mexicano Fintech, así como una fuerte dilución para los accionistas actuales. De esta forma, renuncia a la identidad catalana del grupo a cambio de asegurar su solvencia, amenazada por la obligación de deducir los activos fiscales (DTA) del capital que imponen las normas de Basilea III. 

Varios inversores latinoamericanos, incluyendo al propio Carlos Slim, han estado estudiando este verano la posibilidad de entrar en la banca mediana española, como adelantó El Confidencial; un movimiento que explica en parte su espectacular rally en bolsa. Finalmente, los dos citados se han decidido por el Sabadell, más necesitado de reforzar sus ratios de capital y donde han podido obtener mejores condiciones: el precio de su entrada (1,64 euros por acción), la fórmula de una colocación privada que fuerza a la dilución del resto y el porcentaje que tendrán les otorgan un poder de decisión muy importante en la entidad.

Así, el magnate colombiano alcanzará un 5% del capital, con lo que será el primer accionista, y el fondo mexicano tomará de momento el 3% con planes para llegar también al 5% en el futuro, según fuentes conocedoras de la operación. Ambos inversores tendrán representación en el consejo inmediatamente. Los latinoamericanos pretenden aprovechar la bajísima valoración con que cotizan las entidades medianas españolas en el mercado, muy inferior a la de los bancos de sus países de origen, por lo que pueden tomar una participación mayoritaria con poco esfuerzo. Y han decidido hacerlo rápido, porque el consenso del mercado es que la banca ha tocado fondo en bolsa y entrar más tarde podría ser más caro.

Este deseo se junta con la necesidad del banco catalán de reforzar sus ratios de capital. Para empezar, es el gran banco español con menores niveles de solvencia al cierre del primer semestre, el 9,5% de core capital, a consecuencia de las múltiples adquisiciones de los últimos años (CAM, Guipuzcoano, la red de Caixa Penedès y Banco Gallego).

Pero el problema más grave no es ese, sino los fuertes activos fiscales diferidos (DTA) que tiene el Sabadell, por valor de 3.000 millones de euros, 5,5 puntos de capital (es la segunda entidad más afectada, sólo superada por Bankia). Como es sabido, las normas de Basilea III obligan a restar estos activos del cálculo de solvencia. En teoría, esta resta debe producirse gradualmente de aquí a 2019, pero el mercado va a exigir cumplir 'Basilea III fully loaded' este mismo año. De ahí que el Gobierno esté peleando en Bruselas una fórmula para no tener que deducir estos activos.

Eliminar la incertidumbre

Ante esta amenaza, el presidente del Sabadell, Josep Oliu, ha querido despejar cualquier incertidumbre y realizar una ampliación lo suficientemente generosa como para poder cumplir las exigencias de Basilea III aunque no se puedan salvar todos los DTA. "Es mejor ponerse una vez colorado que ciento amarillo, exactamente lo mismo que hizo el Popular el año pasado cuando amplió por 2.500 millones", según una de las fuentes consultadas. La comparación no es del todo perfecta, porque el Popular no tenía la amenaza de los DTA, sino que necesitaba ese dinero para cumplir los mínimos de solvencia exigidos por los test de estrés de Oliver Wyman.
 
El presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu (d), y el consejero delegado, Jaume Guardiola (c), y el director general y financiero, Tomás Valera. (EFE)
El presidente del Banco Sabadell, Josep Oliu (d), y el consejero delegado, Jaume Guardiola (c), y el director general y financiero, Tomás Valera. (EFE)
Además, algunas de las fuentes consultadas aseguran que, con esta ampliación, el banco no tendrá que "ir con el freno de mano puesto" a la hora de crecer en crédito o pensar en nuevas operaciones, porque el consumo de capital ya no será un elemento determinante que les impida adoptar estas decisiones. Hay que recordar que, aparte de la ampliación de 650 millones por la que van a entrar los inversores iberoamericanos, habrá otra para los accionistas actuales a 1,10 euros por título.
 
¿1.400 millones son bastantes?
 
¿Será suficiente con los 1.400 millones para garantizar la solvencia de Sabadell? Esa es la gran pregunta. Otra de las fuentes considera que "es de suponer que en el Sabadell habrán hecho bien las cuentas para ir sobrados teniendo en cuenta los DTA que esperan que se les reconozcan".  La semana pasada había rumores en el mercado que hablaban de una ampliación de entre 400 y 600 millones. El propio banco asegura que, con esta operación, alcanzará un core capital del 11%, que lo colocará a la altura de CaixaBank, BBVA y Bankia (tras el rescate), y por encima de Santander y Popular.
 
No obstante, no todo el mundo está de acuerdo. El analista colaborador de Cotizalia Daniel Lacalle considera que el Sabadell necesita 3.000 millones para garantizar su solvencia, máxime en un entorno en que la morosidad no deja de crecer, lo que exigirá más y más provisiones. A su juicio, será difícil de colocar el 50% de la ampliación destinada a los accionistas (El Confidencial da cuenta hoy de las reticencias del núcleo duro a la hora de acudir).

Un colombiano millonario que compra al contado a precios de saldo

Cuatro años. Ese el tiempo que ha tardado Oliu en convencerse de que debía echar la mirada más allá de Montserrat, que este banco cuasi familiar que salió a bolsa en 2001 debía internacionalizarse. Es lo que acaba de hacer al abrir el accionariado de su entidad a Jaime Gilinski y al Grupo Fintech, que desde hoy se convertirán en inversores de referencia y miembros del consejo de administración.

El primero es un banquero de 56 años que gracias a la fortuna de su padre, dueño de dos grandes grupos industriales en Colombia, pudo formarse en las universidades de Georgia y Harvard. El entrenamiento para aprender a comprar y vender activos a precios de saldo lo hizo en Morgan Stanley y lo puso en práctica en cuanto volvió a su país natal, a finales de los ochenta. Primero lo hicieron en la década de los noventa cuando adquirieron al Estado el Banco de Colombia, una entidad que hoy cotiza en la Bolsa de Nueva York con una capitalización de unos 14.000 millones de dólares.

Después, ya como líder del clan familiar, Gilinski convenció al italiano Intesa Sampaolo y al peruano Banco Tequendama para que le vendieran por unos escasos 25 millones Banco Sudameris, una institución que le ha permitido entrar en la lista de Forbes con una fortuna personal de unos 2.400 millones de dólares. Un banquito con el que, junto a la gestora de pensiones Servibanca, ha ido conquistando gran parte de los mercados de Latinoamérica y Estados Unidos.

El año pasado pagó 400 millones a HSBC para quedarse con sus negocios en Colombia, Perú, Uruguay y Paraguay. No pudo hacerse con la filial de BBVA en Panamá, uno de los países donde más intereses inmobiliarios tiene, porque le ganó en la puja otro inversor colombiano que también se ha enriquecido al calor de la burbuja económica del país cafetero. Habrían sido otros 650 millones. Lo curioso de la inversión de Gilinski en Sabadell es que la ha hecho a título personal, no a través del grupo familiar, tirando de su propio bolsillo, aconsejado por los banqueros de Rothschild.

Pero ¿por qué un millonario sudamericano se fija en un banco mediano como el Sabadell? La respuesta es sencilla. El holding de Gilinski, que siempre ha vendido las participaciones financieras que ha ido comprando por el camino, cotiza a cerca de tres veces el valor en libros, mientras que el español apenas lo hace a 0,7 veces. Por tanto, como están haciendo otras grandes fortunas mexicanas, comprar activos en España es para ellos casi disparar a balón parado.

Es el mismo motivo por el que las familias que forman Fintech también han acudido a la llamada de Deutsche Bank, el otro asesor de cabecera de Sabadell. La única diferencia es que a este grupo financiero ya lo conocía Jaime Guardiola, consejero delegado, de su etapa mexicana en BBVA, cuando era el responsable de Banco Bancomer, hoy el gran pulmón del grupo con sede en Bilbao.

Ambos socios permitirán a Sabadell recapitalizarse por enésima vez para digerir sus compras en España y ampliar su mirada a tierras más lejanas. Un cambio histórico para una entidad regional.

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