controlaron al ministro en barcelona

El director de la OAC pasa al ataque y pone el foco en la unidad de espionaje de los Mossos

La comparecencia del director de la Oficina Antifraude de Cataluña por el caso de las grabaciones con el ministro del Interior arrojó un nuevo 'sospechoso'

Foto: El director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso. (EFE)
El director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso. (EFE)

El director de la Oficina Antifraude de Cataluña (OAC), Daniel de Alfonso, en una comparecencia desabrida y en la que pasó directamente al ataque contra los diputados que iniciaban el proceso de su destitución, puso el foco en denunciar que durante los últimos años tuvo que cambiar tres veces de móvil y dos veces de módem ante las evidencias de que estaba siendo espiado. Y en las últimas semanas, tuvo que pedir un barrido en su casa y en su vehículo y su alarma le apareció desconectada por dos veces, una hace quince días y otra este mismo miércoles. Por si fuera poco, recibió el aviso de que en sus desplazamientos era seguido por “cuatro personas de Cataluña”.

Estas afirmaciones ponen en el disparadero a los Mossos d’Esquadra, que mantienen en su seno un grupo secreto cuya presencia no consta en ningún organigrama. Según diferentes fuentes consultadas por este diario, responsables de este grupo “despachan habitualmente con el comisario Alfred Broch, que casi siempre viste de paisano y que tiene la oficina en el edificio de Travessera”. Este comisario es el responsable de los servicios de Información de los Mossos desde el año 2013, poco después de que se crease la unidad secreta.

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La existencia de este grupo secreto ya fue desvelada por El Confidencial hace dos años. Entonces, estaba formado por una docena de sargentos “de confianza”, que llegaron a realizar reuniones presididas por una bandera estelada. Esta sección secreta es conocida internamente como la UCRO, acrónimo que corresponde al nombre de Unidad Central de Recursos Operativos. En la actualidad, según ha podido conocer este diario, los miembros de esta sección se acercan ya a la cuarentena y las últimas 12 incorporaciones (llevadas a cabo en los últimos meses) han sido exclusivamente de especialistas en telecomunicaciones e informática. Este diario intentó, desde la pasada semana, obtener la versión del director general de los Mossos, Albert Batlle, que se negó a ello.

Maletines para monitorizar teléfonos

Según consta en un informe del Ministerio del Interior, esta unidad sería la responsable de la utilización de determinados maletines capaces de monitorizar los teléfonos móviles en un radio de 3 kilómetros. Uno de los maletines fue incluso detectado dentro de una furgoneta a poca distancia de la casa del ministerio del Interior, Jorge Fernández Díaz, durante uno de sus desplazamientos a Barcelona. El informe en cuestión señala que cuando Felip Puig era el consejero de Interior, los Mossos se dedicaron a adquirir “tecnología agresiva, con la compra de 2 equipos Verint de interceptación de comunicaciones, que operativamente y en la actualidad se encuentran instalados en vehículos (furgonetas camufladas) adscritas a los ‘mortadelos’ en la sede tecnológica de los Mossos del Polígono de Sabadell”.

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Los ‘mortadelos’ eran un grupo especial que funcionaban por libre en las década de los 80 y los 90 y que dependían exclusivamente del director general de los Mossos. Sus labores eran las de seguimientos políticos, para lo que contaban con algunos ‘pisos francos’, entre ellos uno ubicado justamente encima de uno de los restaurantes frecuentados por el ‘todo Barcelona’ y donde se realizaban importantes reuniones políticas y de negocios. Ahora, en algunos círculos se ha recuperado el nombre de los ‘mortadelos’ para aplicarlo a los integrantes de la UCRO. La sede de Sabadell, por otra parte, es la central operativa de los Mossos, donde se ubican las principales divisiones operativas y cuyo nombre es conocido en el Cuerpo como Egara.

La furgoneta que espiaba al ministro

Ese mismo informe señala que el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, era uno de los objetivos de los ‘mortadelos’, que se ponían tras su pista cada vez que entraba en Barcelona, “siendo detectada en su casa una de las furgonetas [con el equipo de interceptación]”. Los maletines, según han confirmado distintas fuentes a El Confidencial, habían sido comprados en el verano de 2012 a una empresa israelí con sede en Suiza. Dicha empresa realizó una sesión de prueba con este material en un local cercano al Port Olímpic de Barcelona a comienzos de julio de aquel año. En esa prueba estuvieron presentes dos mandos de los Mossos d’Esquadra.

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Estos maletines, sin embargo, no tienen nada que ver con el software y los maletines que el Gobierno catalán compra anualmente para la interceptación de telecomunicaciones mediante el sistema Siltec. Este material ha sido comprado tradicionalmente a otra empresa israelí, Excem Group, de la familia Hatchwell, muy cercana a Benjamin Netanyahu. Esta multinacional tiene sede en China, Estados Unidos, Francia, Israel y España. Curiosamente, vehiculaba el material de interceptación de comunicaciones para la Generalitat a través de una empresa que, a priori, nada tenía que ver con las telecomunicaciones: Exportadora Española de Cementos Portland (Excem). El mantenimiento de este operativo le cuesta a la Generalitat de Cataluña unos 300.000 euros anuales. Desde el 2014, la empresa cambió su denominación y pasó a denominarse Excem Grupo 1971 SA.

En octubre del 2013, los Mossos intentaron también comprar tecnología de espionaje a la empresa italiana Hacking Team. En concreto, se interesaron por el sistema de control remoto denominado Galileo, “diseñado para infectar y controlar ordenadores y ‘smartphones’ de manera sigilosa”. Agentes de la policía autonómica catalana también asistieron el 12 de marzo del 2015 a una feria en Farnborough en la que vieron “una demostración completa” del material de Hacking Team, una compañía que fue desarticulada meses más tarde. Y eso que la Generalitat ya había diseñado su propio programa espía, Cerberus, que pretendía introducir en los móviles de los altos cargos y con el cual podían convertir cualquier teléfono móvil en un micro ambiental sin que su portadores se diesen cuenta. Incluso estudió la posibilidad de introducirlo en los teléfonos de algunos detenidos.

Con la divulgación de las conversaciones entre Fernández Díaz y De Alfonso, las sospechas de que los ‘mortadelos’ están trabajando a tope vuelven a cobrar fuerza, especialmente después de que el director de la OAC denunciase en sede parlamentaria que le habían avisado de que “cuatro personas de Cataluña” le vigilaban. Lo curioso es que nadie pregunta ahora quién y cómo espía, cuando hasta hace poco ésa era la primera pregunta. Las prioridades parecen haber cambiado porque los protagonistas se han invertido. Debe de ser que quien espía el último espía mejor.

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