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Foto: Ilustración: EC Diseño.
Ilustración: EC Diseño.

"¿Te va bien en ese portal?". "¿En El Confidencial? Bueno, mientras no tengas otra cosa…". Tras un Pulitzer, exclusivas como la abdicación del Rey, grandes reportajes o historias del mejor periodismo, parece que estas preguntas formarían parte de una invención. Pero son comentarios reales. Me los hicieron todos en enero de 2009, cuando acababa de embarcar como marinero, con puerto en Málaga, en este buque digital convertido ya en un transatlántico.

Los que me dieron su pésame profesional no se podían ni imaginar que hubiera vida fuera de un medio tradicional en papel. Supongo que alguno me podría haber recordado el titular de la entrevista que me habían hecho 10 años antes: “El papel siempre tendrá un plus de prestigio”. Bueno, tengo la excusa perfecta para no avergonzarme de esta frase. A El Confidencial aún le quedaban dos años en ese momento para que naciera.

La primera vez que fui al chalé de la calle Tórtola, aún no sabía en qué lío me había metido. Bueno, un poco sí, la verdad. Sabía que tocaría trabajar a destajo, mucho más que el perro enorme que correteaba por los jardines de aquella casa/redacción en los días eternos de junio. Ese perro simbolizaba el ambiente de libertad de un diario que había empezado en un garaje y que había puesto todos los mimbres para convertirse no solo en un periódico español de referencia, sino en uno de los mejores diarios nativos digitales de Europa, desde luego, entre los de más éxito.

De lo que se trata es de averiguar cómo fue posible crear un medio crítico con el poder, donde el periodismo está por delante de la publicidad

Este artículo debería sugerir a los lectores que se conviertan en suscriptores. No, no hace falta. Tampoco es necesario decir que El Confidencial es el mejor medio de España. No, no hace falta. Para algunos será la Biblia; para otros, ni fu ni fa, y otros serán 'haters'. No, no es eso.

De lo que se trata es de averiguar cómo fue posible que un grupo de amigos se juntara en 2001 para crear un medio crítico con el poder, que se fuera más allá de lo evidente, que tuviera claro que el periodismo está por delante de la publicidad. “Eso no es verdad”, me han respondido muchos en estos años. Los incrédulos. Ese pesimismo de tanto prestigio. Lo puedo demostrar. He publicado informaciones que fastidiaban (vamos a dejarlo en este verbo) a un anunciante poderoso. Si la información era relevante y estaba contrastada, se publicaba. No se puede decir lo mismo en otros medios.

“¿De qué ideología sois? No os tengo calados todavía”, me han interpelado decenas de veces. En El Confidencial, no hay línea editorial. “Vaya, eso es imposible”. En 19 años, el periódico ha publicado solo media docena de editoriales. Hay columnistas de todos los flancos. No hay apriorismos cuando escribes un reportaje o haces una entrevista. Se trata de que tu historia sea la mejor posible. Y el nivel de exigencia siempre es alto. Cuando la plantilla es tan buena y tus compañeros se esfuerzan tanto en superarse y en sorprender con los temas que van en portada, tu trabajo consiste en aprender de ellos y la próxima vez luchar para hacerlo mejor. No conformarse jamás. Así, día tras día.

Hay columnistas de todos los flancos. No hay apriorismos cuando escribes un reportaje. Se trata de que tu historia sea la mejor posible

Ahora, cuando el calendario asoma a las dos primeras décadas del periódico, me pregunto si merece pagar por leer al equipo de El Confidencial en Andalucía: a Isabel Morillo, qué gran compañía: un estímulo diario; Carlos Pizá y Javier Caraballo; si merece la pena leer a Nacho Cardero, director de estos mares desde marzo de 2011, y a Carlos Sánchez, Alberto Olmos, Ramón González Férriz, Antonio Casado, Esteban Hernández y Juan Soto Ivars. Si merece la pena leer las exclusivas de Alberto Pérez Giménez, Rafael Méndez y José María Olmo; y las de Fernando Garea, Beatriz Parera, Roberto R. Ballesteros, Iván Gil y Juanma Romero; si merece la pena de verdad leer a Miquel Roig, Agustín Marco, Ruth Ugalde, Javier Jorrín, María Igartua y a Carlos Hernanz, cómplice fraterno desde el arranque de esta aventura.

Merece la pena que tú, lector, sepas que este periódico tiene cantera (Alejandro Laso, Nacho Gay, Paloma Esteban, Pablo Gabilondo, Arantxa Palacios, Silvia Díaz, Carlos Barragán o Javier Bocanegra) y que también ficha a galácticos como Rubén Amón, José Antonio Zarzalejos, Juan Ramón Rallo, Ignacio Varela, Marta García-Aller y Ángeles Caballero.

Me pregunto también si merece la pena disfrutar de los nuevos formatos de Pablo López Learte, del diseño de Laura Martín, las entrevistas de Marta Medina, los datos de Jesús Escudero y Darío Ojeda, del trabajo eficaz y fundamental en Coordinación, Cierre y Fin de Semana de Raquel Benito, Rebeca Fernández y Ainhoa Murga; y, cómo no, de las fotos de Carmen Castellón. Si merecerá la pena leer a Antonio Fernández y Marcos Lamelas en Cataluña y a Víctor Romero en Valencia; a Nacho Alarcón desde Bruselas; a Daniel Arjona en Cultura y a Michael Mcloughlin en Teknautas. Y es evidente que merece la pena también leer los reportajes de Ángel Villarino, Carlos Prieto, María Zuil, Antonio Villarreal, Paula Corroto, Carlos Otto, David Brunat, Alfredo Pascual o Javier Rubio, experto en Fórmula 1. Sin olvidar todos los que faltan en esta lista y los que se dejaron la piel en este periódico y ahora están en otros proyectos.

Y la respuesta solo puede ser una. Claro que sí merece la pena.

No piense en los 89 euros al año o en los 25 céntimos al día. Solo lo justo. Eso no es lo crucial. Usted no se puede perder El Confidencial. Vamos a seguir en este barco porque este viaje apenas acaba de empezar. Nos gustaría que siguiera con nosotros durante toda la travesía. Este periódico va a seguir mereciendo la pena. Cada vez más. Porque cree en el periodismo y aquí le contaremos historias que no leerá en otros sitios.

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