Tres generaciones, un negocio centenario y tres maneras de leer la prensa
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Tres generaciones, un negocio centenario y tres maneras de leer la prensa

Cada generación guarda diferencias significativas a la hora de acercarse a las noticias. Coincidiendo con su 20 aniversario, El Confidencial lanza su servicio de suscripción. Únete a los lectores influyentes. Suscríbete a El Confidencial

Foto: Ilustración: EC Diseño.
Ilustración: EC Diseño.

Comprar todos los días el periódico y hojear sus páginas con el primer café de la mañana. Un ritual que en las últimas décadas ha cambiado en la forma, pero no en el fondo. El último estudio del Instituto Reuters señala que la sociedad demanda más periodismo, sobre todo después de un confinamiento de dos meses, en los medios digitales, smartphones y otras plataformas. En España, un 83% de los encuestados aseguró en abril usar los medios online, incluidas las redes sociales, como principal fuente de información.

En definitiva, menos tinta y más scroll, en la que cada generación todavía sigue guardando diferencias significativas a la hora de acercarse a las noticias. “Yo he tenido varias etapas: la de ir todos los días al quiosco y pagar por el periódico, pasar al digital gratis y ahora, en estos últimos tiempos, suscribirme a tres diarios digitales”, reconoce Enrique Seseña, ya jubilado y tercera generación de uno de los negocios más emblemáticos del Barrio de las Letras madrileño.

Tres maneras de conocer la actualidad

Quien llevara las riendas de una pequeña tienda de capas con más de 120 años de historia, desde 1966 hasta su retiro, confiesa que la prensa es su medio natural para informarse. Enrique pertenece a esa generación que ha leído la prensa desde que era pequeño. Ahora solo compra el periódico los domingos, aunque reconoce encontrar en esa lectura un momento de “verdadera delectación, subrayando y recortando hojas”. Cierto romanticismo que el digital no le permite.

Marcos, en cambio, cuarta generación Seseña y encargado actualmente del negocio familiar, forma parte de una generación que ha convivido con el papel, incluso comprándolo cada día, pero que hace ya tiempo abandonó el hábito matutino de acudir al quiosco. “Solía leer el periódico en papel, lo compraba todos los días. Me gustaba tenerlo, aunque no lo leyera. Era una costumbre. Ahora me informo a través de la prensa online y la radio”. De momento, no está suscrito a ningún medio y reconoce que cada vez escucha más la radio.

"Solía leer el periódico en papel. Me gustaba tenerlo, aunque no lo leyera. Era una costumbre. Ahora me informo con la prensa online y la radio"

La forma de leer la prensa de Jorge Infante, de 24 años, es diferente a la del resto de generaciones con las que convive en este pequeño comercio de barrio. El joven, que entró hace un par de años para realizar sus prácticas profesionales, es en la actualidad el diseñador de la tienda. En su caso, reconoce informarse exclusivamente a través de internet. Y es que, como para todos sus coetáneos, el papel es una leyenda urbana, una forma de evocar un tiempo anterior. Nunca ha comprado el periódico y tampoco está suscrito a ningún medio, aunque cree que “en un momento en el que es tan fácil opinar y escribir textos en internet, tenemos que centrarnos, más que nunca, en medios donde trabajan profesionales y donde poder suscribirse”.

El estudio del Instituto Reuters reconoce que el 84% de los lectores aún accede a las noticias de forma gratuita, aunque asegura que la desaparición del papel seguramente derive en "más suscripciones digitales y otros modelos de pago prometedores". En ese sentido, coinciden las tres generaciones. “El gratis total es absurdo. Es necesario pagar por los servicios, porque si no, no les das importancia”, explica Enrique. “Cada vez estamos más educados en ese aspecto. Hasta antes de ayer no había una persona que pagase por una película online y ahora todos estamos suscritos a varias plataformas y además es un gasto que tenemos asumido”, añade la generación más joven.

En cuanto a la idea de una especie de Netflix de noticias, los tres cuentan con opiniones dispares. Jorge lo considera muy interesante. “Con un buen trabajo de fácil acceso a los artículos, lo veo muy viable, porque ese es otro de los problemas de los medios ahora. A veces te pierdes en una portada, no sabes acceder, no sabes qué leer”. En este punto, también coincide el mayor de los Seseña, “una especie de elección o clasificación por parte de la persona creo que podría valer”. Marcos es el más crítico de los tres. “Es muy difícil hacer un periódico a la carta y que no te termine decepcionando. Necesitas contrastar informaciones. Yo personalmente prefiero ir cambiando de emisora y de periódico”.

“Es muy difícil hacer un periódico a la carta y que no te termine decepcionando. Necesitas contrastar informaciones”

Cuando hablan de su periódico ideal, Jorge piensa en aunar cultura y actualidad, “dándote opciones de preferencias del tipo de noticia, especialmente de cara a las notificaciones que recibes. Es importante para mí poder ir al grano”. Marcos apuesta por un contenido crítico y de investigación, “donde los titulares sean imaginativos pero no tendenciosos”. Y Enrique, por información política y de actualidad, con titulares cuidados, en la forma y el fondo, y de introducir al lector de alguna manera. “Todos somos vehículos de periodismo y de algún modo todos lo practicamos”.

El informe concluye que “la supervivencia a largo plazo de los medios probablemente dependa de una conexión más fuerte y más profunda con sus audiencias digitales”. Una característica que negocios centenarios como el de los Seseña, con todo tipo de vicisitudes a su espalda, conoce y practica. Una manera de hacer las cosas, en que adaptarse a las particularidades de cada época resulta igual de importante que luchar por mantener su alma y esencia. Un respeto al pasado, en el que cada generación imprime su propia personalidad.

Al igual que las ciudades se identifican, entre otras cosas, por sus negocios, una sociedad lo hace por sus medios de comunicación. De este tejido empresarial con historia, quizá deberíamos aprender que una personalidad propia y crítica es nuestra mayor fortaleza y, ¿por qué no?, nuestro mejor legado.

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