Este periódico es incómodo, por eso hay que pagar por él
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Este periódico es incómodo, por eso hay que pagar por él

Para todos aquellos que odian la verdad y no creen en la libertad, El Confidencial es una gran bola de mierda que dificulta sus tejemanejes, chanchullos y corruptelas. Coincidiendo con su 20 aniversario, El Confidencial lanza su servicio de suscripción

Foto: Ilustración: EC Diseño.
Ilustración: EC Diseño.

Les voy a decir una cosa: este periódico es una mierda muy incómoda, un lodazal pestilente, lo peor que en el mundo mediático pueda existir.

No para ustedes, por supuesto, que forman parte de ese club de ‘parroquianos’ que acude a las puertas de nuestra particular iglesia informativa todos los días; tampoco para mí, que he crecido a sus pechos como columnista, gestor y persona. Pero sí para muchos, muchísimos. Para todos aquellos que odian la verdad, huyen de la transparencia, no creen en la libertad. En la política, en la empresa, en los círculos de poder; sujetos que transitan por las cloacas de la Administración, los lodazales corporativos o los sótanos más oscuros de la sociedad. Para todos ellos somos, sí, esa gran bola de mierda que dificulta sus tejemanejes, chanchullos, corruptelas, connivencias vergonzantes; algo a eliminar, a tirar por el sumidero, a destruir.

Y, precisamente por eso, somos esa ñorda humeante por la que merece la pena pagar. Porque si ustedes no lo hacen, si no se convierten con su apoyo económico en nuestro aliado en la batalla por denunciar, informar y controlar al resto de los poderes públicos y privados, ganarán los malos, perderemos todos.

No les quede ninguna duda.

Las reclamaciones, después, al maestro armero.

Avisados están.

Les voy a decir otra cosa: en ese intento por acabar con la prensa libre, independiente, ajena a la coacción, sin miedo, que El Confidencial lleva ejerciendo desde hace casi 20 años, nos llevan mucho ganado. Demasiado. Vamos perdiendo la contienda, de lejos.

Somos ya pocos los que nos desenvolvemos ajenos a servidumbres financieras, empresariales o ideológicas de cualquier naturaleza, pocos los que permitimos ejercer el periodismo a los que saben hacerlo sin cortapisas o instrucción de algún tipo, pocos los que renunciamos a dinero a cambio de preservar un producto que se incardina con el papel esencial de cualquier medio de comunicación. Somos excepción, rara avis, especie en vías de extinción. Pero con una diferencia, nuestra supervivencia no es baladí. Les invito a ponerse en la disyuntiva de una España reciente sin El Confidencial y otra con El Confidencial. Cambiaría la Historia, entre otras cosas, porque con nuestras exclusivas y revelaciones hemos hecho historia.

Somos ya pocos los medios de comunicación que nos desenvolvemos ajenos a servidumbres financieras, empresariales o ideológicas

Si ahora les pedimos que se embarquen con nosotros en este viaje, a través de su suscripción, es porque estamos convencidos de que, gracias a ustedes, será igual de apasionante pero mucho más largo. Y que, de su mano financiera, podemos afrontar de manera más solvente los obstáculos del camino.

Y les voy a decir una tercera cosa, que es de primero de economía: valor y precio no son lo mismo; hablamos de lo que algo intrínsecamente vale frente a lo que alguien está dispuesto a pagar por ello. Pues bien, hoy les estamos pidiendo desembolsar 0,16 céntimos de euro diarios, la décima parte de lo que se dejan cada día en un café o un billete de metro, por disfrutar sin cortapisas de noticias que marcan agenda y mueven mercados o el análisis premonitorio y certero de nuestros columnistas que, en breve, irán en cerrado (0,25 a partir del 21 de junio, cuando concluya el periodo de preventa).

Ese es el precio.

A partir de aquí, les toca a ustedes apreciar el valor y decidir si nos acompañan o no en esta nueva etapa que ahora empezamos.

Ojalá sea así.

No se engañen, la información nunca ha sido gratis. Hace pocos años, no menos de 50 euros salían de su bolsillo todos los meses para la compra de diarios, revistas o fascículos. Nada ha cambiado en la construcción del producto periodístico en términos de quién lo hace y qué pretende. Con su ayuda, este proyecto no será más grande sino mejor, fiel a su vocación de hacer de este país un lugar más libre y mejor informado, que falta hace.

Pagar por una mierda nunca habrá sido más rentable, se lo aseguro. No para nosotros, sino para el conjunto de la sociedad, esa que muchos, muchísimos, los que ladran mientras cabalgamos, se empeñan en dañar.

Ahora, les necesitamos más que nunca.

Suscríbanse.

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