Para garantizar la convergencia

Por qué el Banco de España quiere que la ayuda europea venga con condiciones

La entidad lanza una propuesta novedosa: un fondo de inversiones europeas que también sirva de 'backstop' para la deuda de los países más vulnerables. Su dotación sería entre uno y 1,5 billones

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El debate sobre la creación de un fondo europeo de recuperación que imite al Plan Marshall para la Unión Europea entra en su fase decisiva. En los próximos días y semanas, se tendrán que resolver algunos de los puntos más calientes de la discusión, como si el fondo realizará préstamos o transferencias sin contrapartida y si debe incorporar condicionalidad que obligue a los países beneficiarios a cumplir los compromisos adquiridos. El Banco de España ha lanzado una propuesta novedosa de un fondo híbrido que aúna préstamos e inversiones con los que financiar la recuperación en la Unión Europea. Eso sí, a cambio, los países beneficiarios deberían asumir una condicionalidad para adoptar reformas estructurales que favorezcan el crecimiento y que se comprometan con los objetivos de convergencia.

Los países que ahora serán beneficiarios de las ayudas europeas han incumplido sistemáticamente sus compromisos. España es el mejor ejemplo, ya que desde 2012 solo un año cumplió con sus objetivos de déficit y, como remate, en 2019 dejó de lado el ajuste presupuestario e incrementó el déficit hasta el 2,8% del PIB por primera vez en siete años. Después de casi una década de incumplimientos reiterados, está claro que las promesas de España son papel mojado, lo que pone en grave riesgo la supervivencia del proyecto europeo. Para solucionarlo, el Banco de España cree que la solución es que el fondo europeo de recuperación incluya condicionalidad tanto en términos de convergencia macroeconómica como de reformas estructurales para estimular el crecimiento.

"La liberación de recursos debe quedar supeditada a las necesidades, conveniente acreditadas, de los EEMM, y su uso debe estar vinculado a la puesta en marcha de políticas y planes nacionales de reconstrucción de la capacidad de crecimiento tras la pandemia", escribe el Banco de España en su propuesta del fondo de recuperación europeo liderada por Óscar Arce, director de Economía y Estadística de la entidad. Las políticas encaminadas a afianzar el crecimiento potencial chocan frontalmente con el incumplimiento sistemático de los compromisos presupuestarios ni con el mantenimiento de un déficit estructural superior al 3% del PIB y una deuda pública anclada en el 100% del PIB.

De hecho, para la entidad, este fondo sería óptimo para avanzar en la convergencia financiera entre los estados miembro sustituyendo el papel que ahora juega el Banco Central Europeo, con las compras de deuda. El Banco de España considera que esta alternativa permitiría "establecer las condiciones mínimas, en términos de la estabilidad macroeconómica y fiscal de las economías de los EEMM emisores de títulos adquiribles por el fondo". En otras palabras, el BCE no puede establecer condicionalidad en su política monetaria, pero sí podría hacerlo Bruselas a través del fondo de recuperación.

Una mayor compartición de los recursos fiscales en la UE requiere, necesariamente, de un alto grado de responsabilidad fiscal

Para el Banco de España, cualquier avance hacia "una mayor compartición de los recursos fiscales en la UE requiere, necesariamente, un alto grado de responsabilidad fiscal y compromiso con la estabilidad macroeconómica a escala nacional". Una responsabilidad fiscal que tiene que demostrarse con hechos, no con presupuestos inflados que finalmente hacen agua, como ha ocurrido en España en los últimos años. El supervisor español cree que los años en los que el cumplimiento de los objetivos de déficit y la corrección de los desequilibrios macroeconómicos eran opcionales para el gobierno debería quedar atrás en esta nueva fase de integración europea.

La entidad escribe claramente que "la liberación de recursos debe quedar supeditada a las necesidades, convenientemente acreditadas de los estados miembros, y su uso debe estar vinculado a la puesta en marcha de políticas y planes nacionales de reconstrucción de la capacidad de crecimiento tras la pandemia". La condicionalidad no se negocia, sino que es previa al uso del fondo de recuperación. Solo así los países periféricos tendrán un incentivo a cumplir sus compromisos.

España lleva años de retraso en las reformas estructurales pendientes, que van desde la reforma laboral para acabar con la dualidad y el elevado paro estructural, la corrección del déficit de la Seguridad Social, la unidad de mercado, los problemas de recaudación o la mejora de acceso a los diferentes mercados. Sin embargo, sin un incentivo contundente a adoptar estas medidas, que requieren de liderazgo político y grandes consensos, los partidos políticos se limitan a utilizarlas como arma arrojadiza. Desde que España salió de la crisis, en el año 2013, las reformas estructurales se frenaron en seco y las únicas medidas adoptadas han ido dirigidas a bajar los impuestos y aumentar el gasto público. Medidas que explican el aumento del déficit estructural durante la fase expansiva del ciclo económico.

El Banco de España es consciente de que el avance hacia la integración europea debe construirse sobre socios comprometidos y, como esto no existe, son necesarias reglas de condicionalidad previas que incentiven la corrección de los desequilibrios macroeconómicos y las reformas estructurales. El problema de la dualidad y la tasa de desempleo de España están en el foco de todos los demás problemas económicos del país, desde la baja productividad hasta la precariedad. Sin embargo, en las últimas décadas no se ha avanzado en la corrección de este desequilibrio y, sin un incentivo firme, difícilmente pueda llegar en el futuro.

Una propuesta novedosa

La pérdida de soberanía que supone la condicionalidad se vería recompensada con este nuevo fondo híbrido que ofrecería financiación e inversiones a corto plazo, pero también a medio y largo. El Banco de España propone un fondo que sea, por una parte, un motor de la inversión que fomente la creación de empleo y aumente el PIB potencial de los países. Estos proyectos, financiados por Bruselas, también tendrían un carácter transfronterizo dentro de la Unión Europea, para fomentar así la integración de las economías.

Por otra parte, podría prestar recursos directamente a los países miembro en situaciones delicadas, de modo que actuaría como 'backstop' (salvaguarda) ante los movimientos especulativos de los mercados. Cualquier Estado con problemas de acceso a los mercados podría obtener esta financiación barata de largo plazo, lo que permitiría superar las oscilaciones de los mercados y lanzar un mensaje sólido de integración.

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Estas dos vías de actuación del fondo de recuperación permitiría mantener la convergencia financiera entre socios incluso sin las medidas extraordinarias del BCE y acometer proyectos de inversión que ayuden a estimular el crecimiento potencial y la integración. Eso sí, tales objetivos no son baratos. La Unión debería mostrar músculo con este fondo, explica el Banco de España, para que así sea creíble y eficaz. Para lograrlo, sería necesario dotarlo con entre un billón y 1,5 billones de euros. Ese dinero no tiene que estar retenido en Bruselas, ya que realmente sería capacidad teórica de actuación, porque las líneas de financiación a los países podrían no ser necesarias.

Para convencer a los Estados del centro y norte de Europa, que son quienes tendrían que realizar las mayores aportaciones, el Banco de España señala que se beneficiarían directamente de los proyectos de inversión que aumentan el crecimiento potencial. Además, como el instrumento europeo tendría un coste de financiación superior al de los países más sólidos, como Alemania, ya que incorporaría más riesgo, podría generar retornos de capital positivos.

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