LOS VATICINIOS DE SIMON WREN-LEWIS

El economista de Oxford que estudió las pandemias: "Podemos recuperarnos aún"

Hace más de 10 años, le encargaron al profesor que calculase los efectos macroeconómicos de una pandemia letal. El Confidencial habla con él sobre el coronavirus

Foto: El profesor, durante una charla.
El profesor, durante una charla.

Hace algo más de una década, un grupo de profesionales sanitarios encargó a Simon Wren-Lewis una misión muy particular: calcular los efectos económicos de una pandemia de gripe. Si bien los médicos suelen disponer de modelos epidemiológicos para anticipar las consecuencias para la salud de una difusión desorbitada de una enfermedad, no suele ocurrir lo mismo con la macroeconomía, que de tantos factores depende. El profesor emérito de economía y ‘fellow’ de Merton College de la Universidad de Oxford parecía la persona adecuada, ya que durante los años noventa había desarrollado el modelo Compact junto a sus colegas Julia Darby y John Ireland.

El resultado parece profético hoy. Llamado ‘El posible impacto macroeconómico en el Reino Unido de una pandemia de gripe’, el trabajo utilizaba dicho modelo para establecer las posibles consecuencias económicas de distintos escenarios. Siempre eran, en principio, más benignos que la situación actual, aunque algunos de los supuestos que ya conocemos —como, por ejemplo, el cierre de colegios o empresas durante un periodo determinado de tiempo— ya estaban contemplados.

El impacto más severo podría prolongarse al menos durante dos o más trimestres, lo que como poco duplicaría el impacto en el PIB a lo largo del año

PREGUNTA. ¿Cuáles son las diferencias y los puntos en común entre los escenarios que analizaron y el que estamos viviendo, donde los negocios y los centros estarán cerrados durante más de dos semanas?

RESPUESTA. El coronavirus es como la pandemia más severa que analizamos. Sin embargo, nosotros asumimos que esta duraría como máximo tres meses, mientras que el coronavirus muy probablemente durará más tiempo. Esto significa que el impacto más severo de un trimestre podría prolongarse al menos durante dos o más, lo que como poco duplicaría el impacto en el PIB a lo largo del año.

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Vayamos, entonces, a observar la pandemia más severa reflejada en el trabajo; es decir, aquella en la que además de la difusión de la enfermedad y el cierre de colegios, se produce “absentismo profiláctico” en los lugares de trabajo y una alta mortalidad. En este escenario más severo, en el que fallecería alrededor de un 1% de la población —es una estimación matemática, no epidemiológica, recordemos—, el impacto en el PIB del trimestre sería de un 21%, y a lo largo del año, de un 4,5%. Según Goldman Sachs, la contracción del PIB español será de un 1,3%.

“El 'shock' económico sería más grave cuando el absentismo (a partir del cierre de colegios) se prolongase más allá de unas pocas semanas, provocando actuaciones políticas para atajar la pandemia, ya que el impacto económico más severo se debe a las medidas que contienen la pandemia más que a esta misma”, señalaba el resumen del artículo. “Nuestro escenario más amable muestra que la reducción en el primer trimestre y primer año en el PIB es de un 9,5%/2,5%, mientras que nuestro escenario más severo es de 29,5%/6%”.

“Aunque todos los colegios cerrasen tres meses y mucha gente evitara trabajar aun sin estar enferma, el mayor impacto que tendríamos en la pérdida del PIB anual sería inferior al 5%”, explicaba el especialista en macroeconomía y antiguo asesor del Tesoro británico durante los años setenta en una entrada de su blog, publicada el pasado 3 de marzo, en un estadio mucho más temprano de la crisis.

P. Cuando publicó aquel artículo, sugería que podía no tratarse de una pandemia. ¿Cómo ha cambiado la situación ahora que sí lo es?

R. Al principio, el Reino Unido pensaba que podía contener el virus sin rastrear el origen. Ahora sabemos que se equivocó.

Si somos capaces de mantener los negocios y de ayudar a los desprotegidos, no hay razón para que la economía no vuelva a la normalidad

Un matiz en el que incide con frecuencia el economista es que, debido a las particularidades de la pandemia, es posible que el 'shock' sea tan repentino y agudo como que ello facilite que la recuperación sea relativamente rápida. La razón: que al contrario de lo que ocurre con otras crisis económicas, está tan claro el origen de las causas del 'shock' que ello, en principio, contribuirá a reducir la incertidumbre.

P. En su modelo, afirmaba que “el impacto macroeconómico probablemente se concentrará en el periodo del ataque y, una vez que acabe, la economía volverá aproximadamente al punto en el que se encontraba antes del ataque”. ¿Cree que eso se puede aplicar también al Covid-19?

R. Todo depende de cuánto dure el virus, y de si genera nuevas versiones de sí mismo, o si se desarrolla una vacuna. No estoy cualificado para comentar estos temas. Lo que sí puedo decir es que si la respuesta de los gobiernos es capaz de mantener los negocios funcionando y de ayudar a los ciudadanos más pobres a que no pierdan sus ingresos, y a mantener a los trabajadores de la salud protegidos, si el virus desaparece no hay ninguna razón para que la economía no pueda volver a la normalidad.

P. ¿Qué deberían hacer, por lo tanto, los gobiernos para conseguir que eso ocurra?

R. Algo parecido al reciente 'pack' de medidas que Macron sacó adelante en Francia. Dinero para evitar que los negocios cierren, dinero para permitir que los ciudadanos más pobres que deben aislarse puedan sobrevivir durante este periodo y un estímulo fiscal general para toda la economía.

Algo en la línea a lo aprobado el pasado martes por el Gobierno español, que contemplaba un chute de 200.000 millones (una cuantía ligeramente superior al 16% del PIB) para inyectar liquidez al tejido empresarial, estímulos fiscales y ayudas para servicios sociales a las familias vulnerables.

Tal vez sorprenda el optimismo del economista, pero en su investigación, citaba lo ocurrido en muchos sectores durante la epidemia de SARS. Concretamente, el trabajo de Marcus Richard Keogh-Brown y Richard David Smith, que intentaba tranquilizar ante otro hipotético brote al recordar que “la escala del impacto del SARS en las economías afectadas era mucho más pequeña de lo que sugirieron los informes de los medios de comunicación contemporáneos y las estimaciones de los modelos”.

Los sectores de Hong Kong y China más afectados en esas circunstancias eran los previsibles: la inversión (interior y exterior), las ventas en el comercio, restaurantes, hoteles, turismo y transportes. Como ocurre también en el análisis de Wren-Lewis, la confianza de los consumidores se recuperó inmediatamente después del final de la epidemia y los resultados no correspondían con las predicciones de los más catastrofistas. Claro que hay que moderar el entusiasmo: en aquella situación, el periodo de tiempo entre el primer caso y el último fue de apenas un mes, y muchos países apenas tuvieron casos (en España hubo uno). En cualquier caso, la lectura (positiva) es que los modelos suelen exagerar el impacto en el corto plazo.

El 'shock' de consumo

La piedra de toque en el modelo de Wren-Lewis es la contracción de la demanda, la principal lección que sacó de sus estimaciones. “Gran parte de nuestro consumo en la actualidad puede llamarse social, es decir, cosas que te ponen en contacto con otra gente”, explicaba. “Ir al bar, a restaurantes, a ver partidos de fútbol o viajar. Otros sectores que dan servicios de consumo que implican contacto personal (cortes de pelo, por ejemplo) y pueden posponerse con facilidad también sufren el impacto”.

Muchos sectores, como el de los muebles, simplemente retrasan el consumo, pero otros como la restauración nunca pueden recuperar lo perdido

Según los cálculos de un estudio anterior de M.Z. Sadique, alrededor de un 75% evita gastar dinero durante una pandemia en “ocio, transporte, muebles, coches y turismo”. Hay una diferencia sustancial: si bien un mueble se comprará más tarde, el transporte o el turismo no podrán recuperar lo perdido. Es un contexto de pérdida permanente al que tendrán que enfrentarse sectores como el turismo o la hostelería. “Tal vez comas fuera unas veces más cuando pase la pandemia, para recuperar lo que te perdiste, pero es probable que haya una caída neta de tu consumo de comidas a lo largo del año”.

En realidad, el impacto menos significativo en una situación así es en la producción, puesto que en la mayor parte de casos es posible ponerse al día, aunque sea aumentando los costes.

¿Soluciones?

¿Qué haría el profesor si, pongamos, dirigiese un banco central o estuviese al mando del Gobierno? “Lo primero, hablar con los bancos para no llevar a las empresas a la bancarrota durante la pandemia”, explicaba en su entrada. Seguidamente, crear un fondo de baja por enfermedad para los trabajadores. Medidas que, con distintos alcances, ya están siendo tomadas en la mayor parte de países europeos.

El déficit presupuestario aumentará sensiblemente, pero los políticos no deberían preocuparse

P. ¿Alguna lección que podamos extraer de su trabajo que pueda ser aplicada a la presente crisis?

R. Lo más importante es que si el virus desaparece, la economía puede recuperarse por completo, siempre y cuando se hayan tomado las medidas adecuadas. Los mercados no son un buen indicador para el futuro de la economía. El déficit presupuestario aumentará sensiblemente, pero los políticos no deberían preocuparse por ello.

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