Este jueves se ha celebrado la ceremonia

Último acto de Miquel Valls: conceder a Artur Mas la medalla de oro de las cámaras

Valls condecora a Artur Mas justo cuando el independentismo está a punto de desplazar al tipo de empresariado que siempre ha representado su persona: históricas grandes fortunas

Foto: El expresidente de la Generalitat Artur Mas (i) recibe la medalla de oro del Consejo General de Cámaras de Cataluña de manos del presidente saliente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Artur Mas (i) recibe la medalla de oro del Consejo General de Cámaras de Cataluña de manos del presidente saliente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Miquel Valls. (EFE)

La despedida de Miquel Valls como presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona ha tenido un epílogo inesperado: condecorar a Artur Mas con la medalla de oro de la entidad. La condecoración la otorga el Consell General de Cambres de Catalunya, un organismo que agrupa a las 13 entidades camerales de Cataluña. La ironía de este último acto es que Valls, que siempre guardó las distancia con el independentismo como presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, acaba su trayectoria de 17 años entregando un galardón al hombre que decidió activar el proceso separatista en Cataluña.

Portavoces de la Cámara de Comercio de Barcelona han restado importancia a ese acto, que ha tenido lugar en la Llotja de Mar de Barcelona, el edificio que la entidad reserva para las grandes ocasiones. Recuerdan en este sentido que el pasado martes se entregó la misma medalla a otro expresidente de la Generalitat, este nada sospechoso de independentismo: José Montilla.

Valls condecora a Artur Mas justo cuando el independentismo está a punto de desplazar al tipo de empresariado que siempre ha representado Miquel Valls, un empresario que vendió la empresa Fichet y que enlazaba con el tipo de presidente histórico de la entidad: adinerado, bien relacionado con el poder económico y manteniendo grandes equilibrios con los diferentes poderes políticos de la ciudad.

Foto: EFE.
Foto: EFE.

Miquel Valls condecora a Artur Mas en su calidad de presidente del Consell General de Cambres de Catalunya. En este organismo, dos cámaras de Comercio importantes han pasado a manos del soberanismo: la de Barcelona, la mayor de Cataluña, y la de Terrassa, una de las más importantes. Ambas, a manos de las candidaturas que impulsaba la ANC, que realizó una campaña muy personalizada posterior a un trabajo previo basado en el cruce de las bases de datos del censo cameral con el de la propia Assemblea.

En el fondo, la medalla a Artur Mas es el último favor de Valls a sus sucesores, a los que deja un importante patrimonio y una caja con 14,5 millones de euros. Pero la Cámara de Comercio de Barcelona tiene mucho poder, un poder que no se corresponde con su peso económico.

Retirada económica

La Cámara de Comercio de Barcelona se fue replegando económicamente cuando las cuotas camerales dejaron de ser obligatorias, algo que ocurrió durante los 17 años de mandato de Miquel Valls. En la práctica, liquidaron su posición en Fira 2000, con lo que dejaron de aportar fondos al motor de Fira de Barcelona. También dejaron de financiar Turisme de Barcelona, que pasó a depender por completo del ayuntamiento.

Sin embargo, la Generalitat le siguió otorgando mucho poder, tal y como reconocen fuentes empresariales. Y ese mérito hay que reconocérselo a Miquel Valls. La Cámara de Comercio de Barcelona propone los nombres de los presidentes de Turisme de Barcelona y de la Fira, controla el Comité de Rutas, que influye sobre la planificación y la estrategia del aeropuerto de Barcelona, y es un actor relevante a la hora de avalar o no políticas económicas a través de su servicio de estudios.

Continuidad

Al condecorar a Mas, se mantiene el hilo conductor de los últimos años. Para que la Cámara de Comercio de Barcelona no pase a la irrelevancia, necesita que la Generalitat la siga reconociendo como un actor relevante pese a que ya no aporta los fondos de antaño a los proyectos de ciudad. Y para eso se necesita a la actual Generalitat, en manos del independentismo. De este modo, Valls allana el camino a su sucesor, Joan Canadell. Pero lo hace más en clave institucional que por alineamiento político. Valls nunca apoyó el 'procés' independentista. Pero mantuvo la equidistancia. Y lo ha hecho hasta el final.

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