Entrevista a la ministra de Economía

Calviño, sobre la reforma laboral: "Más que derogar políticas, hay que mirar al futuro"

"No ha habido un acuerdo para modificar la prevalencia del convenio de empresa ni la ultraactividad" | "El lento avance de la productividad es uno de los retos más importantes que tenemos"

Foto: La ministra de Economía, Nadia Calviño, en su despacho del ministerio.
La ministra de Economía, Nadia Calviño, en su despacho del ministerio.

Nadia Calviño (A Coruña, 1968) parece haberse tomado su regreso a España, después de muchos años en Bruselas como alta funcionaria, con mucha tranquilidad. Incluso, con cierta complacencia respecto de lo que ve y escucha a su alrededor. Probablemente, porque ella no es una política profesional, aunque toda su vida haya girado en torno a la cosa pública. Eso explica, por ejemplo, que haya rechazado estar en listas electorales socialistas, Hay quien dice que la causa última es que quiere ser comisaria europea. El tiempo lo dirá, pero, por el momento, tiene una cosa clara: su trabajo pretende ser técnico, aunque sin olvidar una de las cosas que más le preocupan en economía, la desigualdad. Calviño, de alguna manera, intenta recuperar esa visión de la economía que no sólo tiene que ver con los ajustes y los equilibrios macroeconómicos, sino con las necesidades reales de la población, que a veces no coinciden. Es decir, un crecimiento más inclusivo que no expulse a tanta gente del sistema productivo.

Pregunta: ¿Por qué la ministra de Economía no va a las elecciones?

Respuesta: Mi compromiso con el presidente y con el proyecto es total. Durante estos 10 meses hemos trabajado muy intensamente con una hoja de ruta muy clara desde el punto de vista de la política económica y espero que podamos seguir desarrollándola en la próxima legislatura. Espero que las elecciones confirmen a un Gobierno fuerte, socialista y, si el presidente lo quiere, seguiré siendo ministra de Economía.

P. En caso de que siga siendo ministra, ¿presentaría presupuestos para el año 2019?

R. El presidente ha dicho que lo primero que hará cuando se conforme el Gobierno es presentar unos Presupuestos Generales del Estado que estén alineados con su visión. Creo que el Gobierno de Pedro Sánchez ha demostrado en estos 10 meses que sabe cómo se puede articular una política responsable desde el punto de vista fiscal y reducir el déficit público sin abandonar por ello las políticas sociales que nuestro país necesita para reducir la desigualdad que tanto se ha agravado desde el inicio de la crisis.

Una de las primeras cosas que haremos tras las elecciones será crear la Autoridad de protección del cliente financiero

P. ¿Qué le hubiera gustado hacer que no ha podido hacer en estos 10 meses como ministra de Economía?

R. En general, estoy muy satisfecha con el balance de nuestro trabajo en este periodo, corto pero muy intenso. El programa que yo me había marcado lo hemos logrado prácticamente en su totalidad: refuerzo de la confianza de nuestra economía, coordinación de la política económica y puesta en marcha de una agenda de reformas estructurales de medio y largo plazo, impulso de nuestro papel en el ámbito europeo… Me hubiera gustado que nos hubiera dado tiempo de crear la Autoridad de protección del cliente financiero y será una de las primeras cosas que hagamos tras las elecciones. Porque si algo hemos visto con la crisis es la necesidad de avanzar en la protección de los ciudadanos.

Nadia Calviño, en su despacho del ministerio.
Nadia Calviño, en su despacho del ministerio.

P. ¿Y la creación de un consejo de productividad tal y como está recogido en la normativa europea?

R. A mí me parece que el lento avance de la productividad es uno de los retos más importantes que tenemos que resolver de cara al futuro. Se trata de un asunto complejo que no se soluciona con una medida concreta, sino con actuaciones en muchos ámbitos que tardan un tiempo en tener sus efectos y requieren del concurso de los diferentes niveles de administración y agentes sociales. Más importante que tener o no un "consejo", es que se aborden esas reformas y en estos 10 meses hemos sentado las bases para hacerlo.

P. Una de las reformas más importantes de los últimos años ha sido la reforma laboral. ¿Cree que habría que derogarla?

R. El presidente del Gobierno ha sido muy claro, como lo ha sido nuestra actuación durante estos 10 meses: por una parte hay que ver si es preciso ajustar algún elemento de la reforma que haya tenido un impacto particularmente negativo en términos de precarización del empleo. Pero más que centrarnos en derogar reformas del pasado, queremos mirar al futuro para acordar, con la mayor base social posible, un estatuto de los trabajadores del siglo XXI que responda a la realidad actual, a las nuevas formas de trabajo que son muy distintas de las que existían en los años 80.

El lento avance de la productividad es uno de los retos más importantes que tenemos que resolver en el futuro

P. Dos aspectos concretos que tendrá que recoger ese estatuto futuro: la ultraactividad y la prevalencia de los convenios de empresa. ¿Está a favor de derogar los cambios o en contra?

R. Son dos elementos que se han discutido en esta legislatura de forma intensa, tanto en la negociación colectiva como en sede parlamentaria, y no ha habido un acuerdo como para proceder a una modificación. A mí me parece que en el ámbito laboral, como en el de la Seguridad Social, cuando hablamos de los grandes elementos del contrato social, tenemos que trabajar con el máximo consenso posible.

P. ¿Pero el Ministerio de Economía tiene alguna opinión respecto a estos dos puntos?

R. En este momento no hay ninguna propuesta concreta.

P. En los años ochenta, cuando se elaboró el estatuto de los trabajadores, había un consenso, el de la Transición, que parece que hoy no existe.

R. Son muchos más los elementos en los que hay proximidad entre los agentes sociales de lo que puede parecer, como muestran los resultados positivos de la negociación colectiva. De hecho, es interesante ver cómo los 'gurús' económicos de los partidos de la oposición poco a poco se van aproximando a la posición del Gobierno, por ejemplo, con respecto al Salario Mínimo Interprofesional o la revalorización de las pensiones. Lamentablemente, parece que aún no comparten nuestra visión de que la desigualdad es un problema social y político pero también económico, que tenemos que resolver desde la política económica.

P. Puede que sea porque estamos en campaña electoral.

R. Yo no voy a entrar a juzgar las razones por las que las personas cambian de opinión. Lo que sí me parece es que, desde la perspectiva de un ministro de Economía, hay que actuar con serenidad y responsabilidad. Me resulta sorprendente que se pueda decir que una medida como la subida del Salario Mínimo supone el fin del mundo, poco más o menos, y después considerar que tampoco procede revertirla. Hay que mantener la coherencia, como hemos hecho en estos meses, una hoja de ruta clara, que dé estabilidad y confianza. Para eso está un ministro.

P. Lo mismo le ocurrió al PSOE que cuando estaba en la oposición decía que iba a derogar la reforma laboral.

R. Creo que en los últimos meses hemos dado muestra de tener muy claro que hay que abordar las reformas con el máximo consenso. En el ámbito laboral, la ministra de Trabajo ha puesto todo su empeño en la mesa de negociación colectiva y el Pacto de Toledo, pero lamentablemente no ha habido un acuerdo antes del final de la legislatura.

P. Bruselas aplaudió la reforma laboral porque conseguía reducir la tasa de paro estructural y acelerar la creación de empleo. ¿Cree que ha tenido algún componente positivo?

R. El tema del desempleo estructural es tremendamente complejo y, como tantos otros, no se resuelve con una varita mágica. A mí me parece que la tasa de paro del 14% que podemos tener este año no es aceptable y tenemos que adoptar todas las reformas necesarias para rebajarla. Al mismo tiempo tenemos que activar a la población y aumentar nuestra capacidad de crecimiento potencial cerrando la brecha de género, aumentando la productividad, etc. Esta no es una cuestión que responda solo a uno u otro elemento, es preciso abordarla de manera global, con una perspectiva de medio plazo.

Nadia Calviño.
Nadia Calviño.

P. El Banco de España ha criticado la política fiscal que ha mantenido España en los últimos años porque agrava la deuda en un momento en el que la economía está en la fase expansiva del ciclo. ¿Cómo justifica esta política procíclica?

R. Nuestra política fiscal, desde que hemos llegado al Gobierno, ha sido neutra. Desde la perspectiva del déficit público, hemos cerrado 2018 en el 2,6% del PIB, es decir, una reducción de cinco décimas desde el 3,1% del año anterior. Este año, nuestro compromiso con la reducción del déficit es claro y nuestro objetivo sería acercarnos lo máximo posible al 2%. Las medidas adoptadas en diciembre de aumento de los ingresos suponen más o menos 3.300 millones de euros de ingresos adicionales y las medidas que se han adoptado en esta primera parte del año, convalidadas por el Congreso la pasada semana, suponen un coste adicional de unos 1.100 millones. La AIReF considera que la prórroga presupuestaria y las medidas adoptadas tienen un impacto positivo de unos 1.400 millones este año. La política que estamos siguiendo es responsable y sigue muy centrada en la reducción del déficit y de la deuda, pero sin dejar de lado actuaciones contra la desigualdad.

P. ¿Cuál es la senda de estabilidad que vale, la pactada con la Comisión o la que el Gobierno crea que es viable?

R. Como bien sabe [esboza una ligera sonrisa], la senda de estabilidad que aprobó el Gobierno anterior era considerada poco creíble por las propias instituciones comunitarias desde el año pasado. Por eso nosotros intentamos ajustarla, para que respondiese a la realidad y que nos permitiese reducir el déficit y la deuda sin poner en riesgo el crecimiento económico. Después de las elecciones y cuando tome posesión el nuevo gobierno, tendremos que abordar este asunto. Lo que sí es importante, más allá de la senda oficial, es la realidad y nosotros en 2018 cerramos el año con un déficit del 2,6%, por debajo de las previsiones, y este año vamos a hacer todo lo posible por rebajarlo al 2%. Me parece más importante para la credibilidad la evidencia de lo que se logra con una buena gestión de los recursos públicos que una discusión sobre un número u otro.

Nadia Calviño.
Nadia Calviño.

P. Como ha comentado anteriormente, todos los partidos ahora se apuntan a subir las pensiones con el IPC. ¿Esto significa que el esfuerzo para realizar el ajuste del déficit de la Seguridad Social recaerá exclusivamente sobre los trabajadores?

R. El mensaje que hemos lanzado desde el Gobierno ha sido de tranquilidad para los pensionistas. Es importante garantizar la revalorización de las pensiones con arreglo al coste de la vida. Pero esto hay que hacerlo hoy y dentro de 20 y 40 años. Para ello hay que abordar una serie de reformas que ya se han iniciado en el seno del Pacto de Toledo. Lamento que no haya sido posible llegar a un acuerdo sobre alguno de los elementos ya en esta legislatura que se cierra. Nos tenemos que asegurar de que el sistema contributivo se corresponda con las prestaciones contributivas. Que los Presupuestos Generales del Estado financien las políticas sociales. Y cómo revisar los parámetros del sistema de a largo plazo. Como ocurre en otros ámbitos, es necesaria una reforma con un gran consenso social, pero me parece que es un debate necesario desde el punto de vista de la justicia intergeneracional. De la misma manera que la deuda pública no es progresista, puesto que supone una carga para nuestros hijos y nietos, la reforma de las pensiones tiene que garantizar la calidad de vida de nuestros mayores y también dar un futuro a nuestros jóvenes.

La deuda pública no es progresista, puesto que supone dejar una carga para nuestros hijos y nuestros nietos

P. Financiar una parte de las pensiones con cargo a presupuestos ya supondría que todas las generaciones contribuyeran al esfuerzo para reducir el déficit, porque al final los impuestos los pagan todas las generaciones.

R. Esto ya es en parte así, porque todos los años hacemos una transferencia a la Seguridad Social. De facto, el Sistema está siendo financiado parcialmente por los presupuestos y, por tanto, los impuestos de todos los ciudadanos y la deuda pública. Tal vez haya que hacer una racionalización para que esto sea más claro. Pero, insisto, en el ámbito de las pensiones, como en todos los demás, no hay que pensar que los problemas complejos se resuelven con soluciones fáciles o milagrosas. Me preocupa oír a ciertas personas afirmar que con una sola medida; por ejemplo, una bajada de impuestos generalizada, se van a resolver todas las cuestiones complejas pendientes.

P. Uno de los temas que surgió al respecto de las posibles reformas fue la ampliación de la edad de jubilación efectiva. ¿Podría ser una solución?

R. No me parece productivo hablar de un elemento aislado. Nosotros hemos estado trabajando en una revisión de todos los parámetros y elementos relevantes y creo que ese es el camino adecuado.

P. El mercado laboral se ha transformado mucho en los últimos años con la robotización y la globalización, lo que ha provocado que hayan surgido propuestas de rentas mínimas y rentas básicas. ¿Qué opinión tiene al respecto?

R. Lo que nosotros creemos es que hay que avanzar en la reducción de la desigualdad actuando sobre los colectivos más vulnerables; por ejemplo, con la política de familia y de lucha contra la pobreza infantil. Hemos empezado a hacerlo ya, con medidas que hemos adoptado en estos meses, como el refuerzo de las prestaciones por hijo, sobre todo para las familias más vulnerables. Un país rico no puede tener niños pobres. El otro tema que es importante revisar y del que los organismos internacionales nos advierten, es que en España hay una gran heterogeneidad de ayudas sociales. Dependiendo de la comunidad autónoma en la que uno viva puede tener unos beneficios muy distintos. Si creemos en la igualdad de todos los españoles, también tendría que haber unas ayudas sociales iguales en todo el territorio nacional.

Tendría que haber unas ayudas sociales iguales en todo el territorio nacional

P. ¿Entonces sí cree que sería deseable una renta mínima?

R. Nosotros queremos que nuestra red de protección social sea de verdad una red de seguridad para todos los ciudadanos, vivan donde vivan. Pero hay que avanzar con medidas concretas, por ejemplo, la duplicación de la ayuda por hijo a cargo para las familias más vulnerables que hemos adoptado, o mejorar el mapa de ayudas que existen en las comunidades autónomas para que exista un mínimo homogéneo en todos los territorios. De nuevo, es un tema suficientemente complejo como para pensar que todo se resuelve con una única medida aparentemente fácil.

P. Pero sería actuar sobre colectivos vulnerables, no una renta mínima general.

R. Eso es, una red de seguridad para colectivos vulnerables. Todos los organismos insisten en que tenemos que reforzar nuestras políticas sociales para reducir la desigualdad, hay que concentrar los esfuerzos en las personas vulnerables. También es importante tomar medidas que sean efectivas, ajustadas a la realidad. Por ejemplo, una idea que he oído de dar una enorme bonificación en el IRPF a las personas que se vayan a vivir al ámbito rural no me parece que sea efectiva. Todos los estudios demuestran que este tipo de beneficios fiscales no tienen impacto sobre la riqueza y la despoblación. Puede provocar una deslocalización interesada de los ciudadanos por razones fiscales mientras que una parte importante de la población que vive en el ámbito rural ni siquiera podría acceder a estos beneficios porque no llega a superar el mínimo exento en el IRPF.

Nadia Calviño
Nadia Calviño

P. ¿Le ha sorprendido la dureza de la política española con temas tan importantes como la reforma laboral?

R. Estas cuestiones son de suficiente envergadura como para que haya un debate intenso en el seno de la sociedad y, además, me parece necesario y positivo. Lo que es más sorprendente es que haya personas que vengan con soluciones milagrosas y que digan cosas tan poco ortodoxas como que vamos a bajar los impuestos y con eso se resuelven todos los problemas. Me ha llamado la atención esta simplificación extrema, que yo creo que los ciudadanos no pueden creerse, y que es además poco rigurosa. Lo sensato y lo razonable es actuar con serenidad, abordar los problemas de forma integral, tratar de avanzar mediante el diálogo... y no venir con ideas que no resisten al más mínimo contraste con la realidad.

P. ¿A la ministra de Economía, a quién le gustaría tener como aliado, a Ciudadanos o a Podemos?

R. A la ministra de Economía le gustaría que hubiera una victoria muy clara del PSOE que nos permita seguir adelante con un proyecto que creo es el que España necesita.

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