Trabajan de forma discontinua

El 'boom' de los 'falsos indefinidos': el empleo que más ha crecido con la crisis

El número de trabajadores con contrato indefinido discontinuo se ha disparado un 48% desde la burbuja inmobiliaria. Se trata de un empleo que oculta la temporalidad en las estadísticas laborales

Foto: Un camarero sirve una caña de cerveza. (EFE)
Un camarero sirve una caña de cerveza. (EFE)

Desde que comenzó la crisis económica las tasas de temporalidad de la economía española se han reducido significativamente. Si antes un 30% de los asalariados tenía un contrato temporal, ahora son menos de un 27%. Esta mejoría se explica, en parte, por la proliferación de los contratos indefinidos discontinuos, un ‘falso indefinido’ que trabaja solo en los periodos en los que su empleador requiere sus servicios y que, el resto del tiempo, permanece en el desempleo. Esto es, se trata de un empleo estacional que se asemeja mucho a un temporal al uso.

Este ‘falso indefinido’ se ha disparado desde el inicio de la crisis, hasta el punto de ser la figura que más ha crecido desde la burbuja inmobiliaria. Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) publicados la semana pasada, el ritmo de creación de este tipo de contratos es del 6,6% interanual, el doble que el del resto de contratos.

Desde el año 2007 ha aumentado el número de asalariados con un contrato indefinido discontinuo en 113.300 personas, lo que significa que se ha disparado un 48%. Ninguna otra figura contractual ha crecido tanto en este periodo, lo que evidencia hasta qué punto ha sido un ‘boom’ en las empresas.

Este tipo de contrato se adapta perfectamente a los sectores con una alta estacionalidad, como es el caso del turismo. Esta figura permite a las empresas tener en plantilla a estos trabajadores durante los periodos en los que tienen alta demanda y enviarlos al desempleo en las épocas de baja actividad.

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Como el contrato no tiene fecha de finalización, no aparece en las estadísticas de temporalidad, lo que permite que este dato quede maquillado. Pero eso no impide que estos trabajadores solo estén ocupados durante unos meses al año, algo que se parece mucho a un contrato temporal. Durante los periodos en los que permanecen en el paro, también consumen la parte correspondiente del seguro de desempleo.

Las dos principales diferencias con los temporales son que tienen prioridad para volver a la empresa cuando demanda mano de obra y que tienen mayor protección ante un despido, por ejemplo, las cuantías de la indemnización. En cualquier caso, el indefinido discontinuo ha servido para ocultar una parte de la precariedad creciente del mercado laboral español, ya que queda camuflada dentro de las estadísticas de trabajadores indefinidos. Sin embargo, la realidad es que su carga de trabajo es esporádica y también su salario.

Como el 'falso fijo' no tiene fecha de finalización, no aparece en las estadísticas de temporalidad, lo que permite que este dato quede maquillado

La hostelería ha encontrado en esta figura un contrato que se adapta perfectamente a sus necesidades. El crecimiento de este sector está en la base de la proliferación de indefinidos discontinuos en los últimos años. Solo así se explica por qué España está logrando tan buenas cifras de contratos indefinidos en los últimos años y está a punto de superar el número de indefinidos que se alcanzaron antes de la crisis. El pico lo alcanzó en la primavera de 2008, antes de la quiebra de Lehman Brothers. En ese momento el número de indefinidos alcanzó los 12,05 millones de personas. El ‘sorpasso’ ya está muy cerca: en el cierre de 2018 había 12,03 millones de asalariados con un contrato indefinido.

Sin embargo, estas cifras son engañosas, ya que el número de indefinidos está inflado gracias a los ‘falsos fijos’. En concreto, el número de indefinidos continuos ha caído en 131.000 personas, por el contrario, el número de indefinidos discontinuos se ha disparado en 114.700 personas.

Es importante señalar que este tipo de contrato es el que marca la ley para los empleos estacionales y no el temporal. Los contratos temporales no pueden emplearse para cubrir oscilaciones periódicas en la carga de trabajo de las empresas. Por ejemplo, la hostelería, que cubre con empleos temporales las temporadas altas, están incurriendo en un fraude de ley. Esas empresas deberían emplear la figura del indefinido discontinuo, ya que no estarían cubriendo una carga de trabajo excepcional, sino que forma parte de su calendario normal.

A pesar del fraude de ley, el empleo estacional también se ha disparado con la crisis, casi tanto como los ‘falsos indefinidos’. En concreto, el número de asalariados con un contrato temporal estacional ha alcanzado el medio millón este año, casi un tercio más que antes de la crisis.

Los datos de precariedad se completan con el incremento de los niveles de contratos a jornada parcial. Esta fórmula cada vez es más utilizada por las empresas como una forma para reducir los costes laborales. En muchas ocasiones, los empleadores rebajan el horario de sus trabajadores pero no su carga de trabajo, de modo que hacen horas extras sin remunerar para cubrir todas sus tareas.

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Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa, en España hay ya 2,9 millones de asalariados con un contrato a tiempo parcial. La mayor parte de ellos, el 52%, han aceptado ese empleo porque no han conseguido un contrato a jornada completa, pero desearían trabajar más horas. La parcialidad y la temporalidad están en la base de la proliferación de trabajadores pobres, ya que a lo largo del año no llegan a cubrir las horas de trabajo suficientes como para conseguir reunir el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) anual.

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