Procedimiento de Desequilibrio Macroeconómico

El sistema de alerta europeo no nos salvará de la próxima crisis

"En general está bien diseñado (…) pero su aplicación es baja", apuntan los auditores. Pese a las preocupantes tendencias que estos sistemas destapan, los países no se dan por aludidos

Foto: Exterior del Banco Central Europeo. (Reuters)
Exterior del Banco Central Europeo. (Reuters)

Poco más de diez años han pasado desde que la crisis económica estallara. La década perdida, la del auge de los populismos y la de la ruptura de tantos tabúes, como consensos. Pero aunque en la Unión Europea se siga lidiando con sus consecuencias, los europeos quieren pasar página, con lo que aumenta el riesgo de olvidar cuáles son los caminos que llevan al desastre.

Los auditores europeos se encargan de recordarlo. “En varios países, grandes flujos de capital y una expansión insostenible del crédito del sector privado había resultado en un deterioro de las balanzas comerciales y de la competitividad, un exceso de inversión en ciertas áreas de la economía y un exceso de deuda acumulada por el sector privado”.

Este precario equilibrio no podía durar para siempre y, al final, se tropezó. Y cuando cayó una ficha, amenazó con tumbar a todas

¿Españoles, les suena? Esperen, que hay más: antes de la crisis, el “insostenible ‘boom’ económico” dificultaba el análisis de las peligrosas tendencias subyacentes y hacía que la situación pareciera “mejor de lo que realmente era”. Este precario equilibrio no podía durar para siempre y, al final, se tropezó. Y cuando cayó una ficha, amenazó con tumbar a todas.

“Cuando los desequilibrios llevaron a un doloroso ajuste, este tuvo un efecto contagio sobre otros países, poniendo en riesgo la estabilidad financiera y la situación económica de toda la UE”. La descripción, cortesía del Tribunal de Cuentas Europeo, es a la crisis española como lo fue aquel famoso retrato de Goya a la familia de Carlos IV: una radiografía de las que dejan ver las vergüenzas.

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. (EFE)
El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. (EFE)

¿Qué se hizo mal? ¿Qué hacer para que no volviese a suceder? Si la bonanza económica había enmascarado los desequilibrios subyacientes, Bruselas pensó que era necesario crear un mecanismo encargado de dar la voz de alarma si las cosas se torcían de nuevo. Y lo hizo en 2012, el año en que España hincó rodilla y tuvo que pedir un multimillonario rescate financiero. Como ya habían hecho Portugal, Irlanda, Grecia y Chipre.

Fue bautizado como Procedimiento de Desequilibrio Macroeconómico (PDM). Se encarga de él la Comisión Europea, que publica anualmente el llamado Informe sobre el Mecanismo de Alerta para cada país y unas recomendaciones a seguir… que nadie sigue. “En general está bien diseñado (…) pero su aplicación es baja”, apuntan los auditores.

Pese a las preocupantes tendencias que destapan, los países no se dan por aludidos. Cuando los informes llegan a la mesa de los ministros de Economía y Finanzas europeos, apenas se discuten o derivan en disquisiciones casi filosóficas. Las capitales no recogen el guante, pero la Comisión Europea tampoco se pone firme.

“Es notable que la Comisión nunca haya recomendado activar el proceso por desequilibrios excesivos, pese al hecho de que, desde el arranque del PDM en 2012, ha identificado a varios Estados miembros que presentan desequilibrios excesivos durante un periodo prolongado”, advierten los auditores.

Unas cuentas públicas saneadas no aseguran una economía sana. Y el PDM es un diagnóstico a fondo

Es cierto. Bruselas tiene en sus manos un mecanismo para amenazar a los países con sanciones si no hacen algo para corregir sus desequilibrios cuando estos son ya “excesivos”. Nunca ha recurrido a ello, quizás para evitar poner más presión sobre unos países a los que ya somete a otros ejercicios de control, como el fiscal -recuerden la “multa cero” a España y Portugal por incumplir con la reducción de su déficit.

Pero unas cuentas públicas saneadas no aseguran una economía sana. Y el PDM es, precisamente, un diagnóstico a fondo. Analiza cuestiones como el desempleo, la deuda del sector privado, la balanza de pagos corrientes,las exportaciones o los costes laborales. Indicadores especialmente importantes a la hora de determinar si un país puede perder pie.

“La falta sistemática de activación del procedimiento de déficit excesivo ha reducido la credibilidad y la eficacia del PDM. Durante nuestra auditoría, la Comisión presentó escasas pruebas que justificaran el motivo por el que el no propuso la activación de un procedimiento de déficit excesivo”, lamenta Neven Mates, el miembro del Tribunal de Cuentas Europeo responsable del estudio.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. (EFE)
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. (EFE)

Los auditores advierten también de que las recomendaciones que hace la Comisión Europea son cada vez más generales y difíciles de conectar con desequilibrios macroeconómicos concretos. Bruselas tampoco deja claro la gravedad de los desequilibrios. Y tampoco propone medidas presupuestarias para atajar los desequilibrios externos y los problemas de competitividad.

¿Evitará este sistema de alarma una nueva crisis? “Nuestra principal conclusión es que en la forma en que la Comisión está aplicando actualmente el PDM, éste no puede garantizar la corrección y prevención de desequilibrios”, explica a El Confidencial el equipo de auditoría encargado de este análisis. Dicho de otro modo: No.

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