el irpf será el instrumento clave

Rajoy prepara una agenda social exprés de apoyo a las familias para ganar las elecciones

Los cambios de Rajoy no son más que el intento de cerrar filas entre el Gobierno y el PP con vistas a la nueva agenda social de reconciliación nacional orientada a recuperar a sus electores

Foto: Mariano Rajoy, a su llegada a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE y de la Celac, en Bruselas. (EFE)
Mariano Rajoy, a su llegada a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE y de la Celac, en Bruselas. (EFE)

Cinco meses de infarto. Los cambios en el Partido Popular, que no en el Gobierno, anunciados esta semana por el presidente, Mariano Rajoy, dan el pistoletazo de salida a 150 días en los que el político gallego está dispuesto a echar el resto. Con una prioridad: poner en marcha desde ya una agenda social exprés con medidas que tengan un impacto inmediato en el día a día de los votantes. De hecho, Hacienda -a la cabeza del resto de ministerios económicos- trabaja desde hace semanas en iniciativas que puedan presentarse en las próximas semanas y que alivien la carga fiscal que soportan las familias. La máxima es que las propuestas deben tener efecto contante y sonante en las nóminas, pensiones o ayudas que reciben los contribuyentes.

Aunque las iniciativas concretas no han salido todavía del debate interno del Consejo de Ministros, el Ejecutivo sí ha llegado a una conclusión clara de dónde han estado todos sus males electorales. Esto es, pese a que la gestión de gobierno en estos cuatro años es irreprochable en términos económicos, ni se ha transmitido con efectividad ese esfuerzo ni se han hecho los guiños suficientes para que el ciudadano lo percibiera. ¿Conclusión? Quedan cinco meses para, al menos, cerrar esa segunda brecha y alumbrar un incentivo fiscal que movilice a una parte de esos 2,5 millones de votantes que se quedaron en casa el 24 de mayo y cuya incomparecencia está detrás de la debacle electoral, según los propios gurús del PP.

Rajoy ha corroborado las palabras del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que asegura que existe margen para acometer una bajada adicional del IRPF

Durante el anuncio de los cambios en Génova, el propio jefe del Ejecutivo corroboraba las palabras del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, que esta semana aseguraba en Santander que existe margen para acometer una bajada adicional del IRPF. El nuevo timonel del partido también dejó claro que el Gobierno presentará antes del 30 de septiembre los Presupuestos Generales del Estado, por mucho que no lleguen a aprobarse debido a los rigores temporales de la tramitación parlamentaria y la inminencia de los comicios. Por tanto, las cuentas públicas pueden servir como un esbozo de programa electoral, pero no cumplir con el objetivo de implementar medidas rápidas de alto voltaje social, con impacto real en los bolsillos de los ciudadanos.

¿Cómo se puede arbitrar entonces esa hoja de ruta de nuevo cuño? Además de los procedimientos normativos de urgencia, el Gobierno cuenta con armas suficientes para colar sus propuestas. Sin ir más lejos, la Ley de Segunda Oportunidad, en plena tramitación en las Cámaras, amenaza con convertirse en un auténtico cajón de sastre normativo vía enmiendas, al estilo de las antiguas leyes de acompañamiento. De hecho, ya se ha ampliado en una decena de ocasiones el plazo para presentar nuevas acotaciones al texto en el Congreso. “Tenemos que persuadir a la sociedad de lo que el Gobierno ha sido capaz de hacer. Es un problema de comunicación y no de gestión. Y esta agenda social es clave para convencer a los que se han quedado en casa”, remachan fuentes del Consejo de Ministros.

El ministro Cristóbal Montoro junto al presidente de Gobierno, Mariano Rajoy. (Gtres)
El ministro Cristóbal Montoro junto al presidente de Gobierno, Mariano Rajoy. (Gtres)

Conexión firme con Génova

La agenda de marcado acento social que se propone impulsar Rajoy conlleva también un claro mensaje en clave interna que va dirigido a toda la estructura de dirección del Partido Popular. El inquilino de Moncloa quiere que las bases de la formación política comprendan la misión que supone sostener al Gobierno de la Nación y defiendan sin fisuras ni vacilaciones las actuaciones que va a adoptar el Ejecutivo en este último esfuerzo por revalidar el poder en las próximas elecciones generales.

El jefe no quiere dar crédito a ningún tipo de justificación que pueda trasladar al Gobierno la carga de la prueba en el supuesto de que las urnas dicten un veredicto contrario. Por eso ha bajado al terreno, prometiendo una mayor implicación en la gestión cotidiana de la formación política que preside. Tras esta primera declaración de intenciones el siguiente paso consiste en desplegar una serie de medidas destinadas a congraciarse con los electores. La batería de actuaciones deberá ser difundida sin ningún recelo por los hombres y mujeres del partido como la buena nueva de una estrategia orientada a devolver a los españoles gran parte del esfuerzo realizado estos años de crisis.

Rajoy ha bajado al terreno. Tras esta declaración de intenciones, el siguiente paso es desplegar una serie de medidas para congraciarse con los electores

La estrategia de propaganda debe agitarse desde todas las terminales del PP distribuidas por la geografía nacional dentro de una estrategia elaborada por el equipo directivo nombrado la pasada semana y de acuerdo con las indicaciones del Gobierno. Las nuevas medidas de “reconciliación nacional” constituyen la munición de un zafarrancho de combate que exige funcionar como un ejército cohesionado. Todo un desafío para los dirigentes populares si tenemos en cuenta los modos y maneras empleados a lo largo de la legislatura. La falta de sintonía personificada en las relaciones de la vicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría y la secretaria general Dolores de Cospedal es únicamente el epítome morboso de un mal de fondo larvado de manera paulatina desde la toma de poder en 2011 y que ahora ha explosionado con toda su crudeza tras la debacle del 24-M.

El PP necesita como el comer un Gobierno que le conduzca y que se gobierne a sí mismo y de ahí que Rajoy haya jugado con el efecto simbólico de mover alguna que otra ficha suelta para cerrar filas entre Moncloa y Génova. Todo ello con una perspectiva de tiempo escaso que no permite muchos cambios de calado pero que quizá sea suficiente para curar las heridas y recuperar la moral de victoria indispensable a la hora de afrontar la madre de todas las batallas electorales que tendrá lugar a finales de año.

El plan no es otro que aprovechar al máximo lo que queda de legislatura y poner en valor con todos sus quilates los triunfos obtenidos a lo largo de estos años. Hasta la fecha, el Gobierno se ha preocupado más bien de ganar la confianza exterior y ahora toca revalidar esa misma credibilidad dentro del país. Para ello será necesario repartir algún que otro dulce que permita a compensar a los españoles de la gran amargura que ha supuesto la crisis económica. De lo contrario la alegre recuperación nunca se hará realidad. Por lo menos para el actual Gobierno y el partido que lo sostiene.

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