TRAS LAS PRESIONES DEL BCE

Alemania no se conforma con las concesiones de Grecia: no son una "solución sustancial"

Draghi elevó la apuesta, Varufakis ha respondido... y Alemania más aún. Grecia está dispuesta a hacer concesiones para prorrogar el rescate y trabajar en uno nuevo. La mano vuelve al Eurogrupo

Foto: Alemania no se conforma con las concesiones de Grecia: no son una solución sustancial

Era el turno de Grecia. Con el Banco Central Europeo (BCE) y el Eurogrupo presionando, le tocaba mover al Gobierno de Alexis Tsipras. Y lo ha hecho este jueves. "Hemos recibido la petición griega de ampliar en seis meses la asistencia a ese país", comunicaba este jueves el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, a través de su cuenta de Twitter. 

Esa propuesta se recoge en una carta que lleva la rúbrica del ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis. Y su contenido no deja indiferente, puesto que para prorrogar durante medio año el Acuerdo Marco para la Facilidad de la Asistencia Financiera firmado en 2012, certifica notables concesiones con respecto a las posiciones iniciales del Ejecutivo de Syriza.

Primero, porque se compromete a pagar la deuda. Segundo, porque afirma que está dispuesto a continuar con las reformas. Tercero, porque anuncia que no tomará medidas unilaterales que amenacen las metas fiscales. Y cuarto, porque, en su intención de empezar a trabajar en un nuevo Contrato para la Recuperación y el Crecimiento, seguirá aceptando la supervisión de la Unión Europa, del BCE y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Esto es, de la troika, aunque este nombre quede derogado o sea sustituido por otro. (LEA AQUÍ LA CARTA DE VARUFAKIS)

Sin embargo, y tal vez por esta batalla dialéctica y la letra pequeña que pueda conllevar -distintos nombres, ¿distintas condiciones?-, es posible que aún no baste. Aunque el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ve en esa solicitud una "señal positiva" a partir de la cual sellar un acuerdo, Alemania no opina lo mismo. Poco después de conocer la oferta helena, un portavoz del Ministerio de Finanzas alemán de Wolfgang Schäuble ha afirmado que "la carta de Atenas no es una propuesta sustancial para una solución".

Alemania entiende así que esa misiva encaja más con el crédito puente al que aspira Grecia para conseguir el dinero que necesita ahora y ganar tiempo para volver a negociar que con el deseo europeo de respetar los acuerdos ya firmados y mantener la condicionalidad recogida en ellos. Pese a que Tsipras anunció horas después que durante la tarde mantuvo una conversación telefónica de 50 minutos con la canciller alemana Angela Merkel, el ambiente está más que caldeado. Y hasta Grecia volvió a mostrarse desafiante al comunicar que esto es lo que hay: que o el Eurogrupo acepta esta propuesta o no habrá otra. 

¿Y cuándo se pronunciará el Eurogrupo? Este viernes, puesto que celebrará una reunión extraordinaria a partir de las 15 horas. Con todo el desgaste acumulado en las negocaciones y las dosis de tensión de los dos últimos días, la cita promete ser histórica para el futuro de Grecia y de Europa.

Partida de póquer

Porque si el jueves hubo tensión, el miércoles se asistió a un duelo por todo lo alto. Lo puso en marcha el Gobierno griego, que para eso Varufakis es un experto en la teoría de juegos. En la noche del martes al miércoles, fuentes oficiales filtraron que el Ejecutivo de Alexis Tsipras estaba dispuesto a ceder y aceptar la propuesta lanzada por el Eurogrupo, consistente en ampliar durante seis meses el actual programa de rescate, que vence el 28 de febrero. El transcurso de las horas confirmó que Grecia estaba lista para dar ese paso el mismo miércoles, pero han esperado hasta el jueves.

Sin embargo, a estas alturas de crisis las casualidades no existen. Ese movimiento sonaba lógico, dado que Grecia necesita el dinero europeo para atender todos sus pagos y sus compromisos financieros y que el Eurogrupo había dado de plazo hasta el viernes a Atenas para aceptar su propuesta, pero había que tener en cuenta una cuestión clave: el momento. Esa filtración se producía en las horas previas a la reunión que el Consejo de Gobierno del BCE iba celebrar en su cuartel general de Fráncfort, una cita relevante porque en ella podría adoptar una medida que presionaría a Grecia hasta el extremo.

¿De qué medida se trataba? De privar a los bancos griegos del último resquicio que el BCE les sigue concediendo para financiarse dentro del Eurosistema: el acceso a la provisión urgente de liquidez (ELA, en sus siglas en inglés). Este movimiento no era descabellado, porque su anterior reunión, que tuvo lugar el 4 de febrero, la entidad presidida por Mario Draghi ya presionó a Atenas al dejar de aceptar la deuda pública helena como garantía para financiar a los bancos griegos. 

Sigue el pulso a la espera de que el ultimátum de la UE expire el viernes

Si, como se temía, el BCE daba un paso más en la reunión de este miércoles, poniendo fecha de caducidad al acceso a la ELA o reduciendo el dinero que los bancos griegos pueden pedir por esta vía, la imposición de controles de capital –corralito– y límites a la retirada de efectivo en Grecia sería casi automática.

Grecia mueve primero...

Ante semejante amenaza, Grecia pensó que era mejor prevenir que curar. Una creciente sensación de incredulidad se abrió paso. ¿De verdad Grecia intentaba condicionar la reunión del BCE con esas filtraciones acerca de la aceptación de la ampliación del rescate, una propuesta que había rechazado el lunes? Al principio era sólo una sospecha; el paso de las horas la elevó a la categoría de certeza. Sobre todo, después de que otra fuente oficial griega anunciara a primera hora de la tarde que, finalmente, Atenas retrasaría un día, hasta este jueves, el anuncio con su propuesta para aceptar la prórroga del rescate. 

El pulso estaba planteado... para impaciencia de un BCE que, según los rumores que se sucedieron durante la tarde, incluso llegó a barajar la posibilidad de retrasar su decisión sobre la ELA a la espera de conocer antes la propuesta concreta y verdadera de Grecia.

Porque esa era otra. Lo que deslizaron las fuentes griegas era que Atenas iba a aceptar la prórroga del rescate, pero nada más. Y claro, de nuevo el paso del tiempo abonó las dudas: ¿qué propuesta enviarían finalmente Tsipras y Varufakis a Europa? Porque no es lo mismo aceptar una ampliación del rescate sin condiciones –como siempre ha defendido Syriza– que con ellas –como siempre ha pretendido el Eurogrupo–. Es más, ¿realmente su solicitud incluiría una prolongación del actual rescate o Atenas insistiría en mantener su lenguaje y llamar a su petición crédito puente sin condicionesnbsp;

...pero el BCE va más fuerte

Aunque estas preguntas quedaron este miércoles sin respuesta, el BCE entendió finalmente que lo mejor era no generar más incertidumbre y anunció su decisión sobre el acceso de Grecia a la ELA para no agravar la situación. Eso sí, Draghi demostró a Varufakis y a Tsipras que le sobra experiencia en estos trances y que es un maestro en el manejo de las cartas, que para eso lleva más de tres años lidiando con una crisis histórica en la Eurozona y sobreviviendo a golpe de trucos.  

En apariencia, el BCE fue condescendiente con Grecia, porque permitió que sus bancos tengan acceso a la ELA durante dos semanas más y porque encima aumentó la cantidad de dinero que tienen a su disposición en ella de 65.000 a 68.300 millones de euros. Desde luego, podría haber sido más duro. Por ejemplo, retirando directamente el acceso de sus bancos a la ELA. Pero una decisión así, tan tajante, habría sido demasiado política. Y para una institución como el BCE, que debe defender su independencia de los poderes políticos a capa y espada, esa injerencia se podría haber vuelto en su contra en el futuro. 

Retirar directamente la ELA habría sido una decisión demasiado política y, sobre todo, demasiado zafia para Draghi. Su estilo es más fino, y lo ha vuelto a demostrar

Una medida así también habría sido demasiado zafia. El estilo de Draghi es más fino. Y esta vez también lo ha sido. Porque oficialmente le ha dado dos semanas más a Grecia, pero realmente los bancos helenos no llegarán tan lejos si el Gobierno de Tsipras no alcanza antes -y de verdad- un acuerdo. El secreto reside en la cantidad adicional que podrán conseguir las entidades en la ELA y en el dinero que han consumido ya. 

La banca griega, consciente de sus apreturas ante la fuga de depósitos que está sufriendo, había solicitado un aumento del dinero que tienen a su disposición en la ELA desde esos 65.000 millones hasta una cifra comprendida entre los 70.000 y los 75.000 millones. Pero el BCE no ha llegado tan lejos y se ha plantado en los 68.300 millones de euros. Como las entidades helenas ya han pedido 57.600 millones, sólo podrán lograr por esta vía 10.700 millones adicionales. Y saben que con este volumen no les alcanzará y que, al ritmo al que están acudiendo a la ELA para contrarrestar la retirada masiva de depósitos, llegarán al tope de los 68.300 millones antes de finales de mes. Una vez más, la sombra del 28 de febrero, que es la fecha en la que vence el actual programa de rescate, se alarga sobre Atenas.

Dicho de otro modo, si no media antes un acuerdo, la banca se quedará sin la respiración asistida de la ELA y Grecia quedará expuesta a la imposición de un corralito y de límites a la retirada de efectivo para frenar la mayor fuga de capitales que se produciría en ese escenario. Vamos, que en el fondo Draghi sí ha dado una vuelta de tuerca más para que Atenas alcance un acuerdo con Europa si quiere evitar un accidente mayor, porque sólo con ese pacto se mostrará más flexible para financiar a la banca helena. 

La mano había vuelto a Grecia. Varufakis afirmó el lunes que no va de farol y este jueves ha confirmado que es así, aunque Alemania no termina de creérselo. Ahora le toca mover al Eurogrupo

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