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Nadal se abona a la épica y logra una de las victorias más grandes de su carrera en Australia
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6-3, 6-4, 4-6, 3-6 y 6-3

Nadal se abona a la épica y logra una de las victorias más grandes de su carrera en Australia

El español se enfrentará en las semifinales del torneo al italiano Matteo Berrettini, con el objetivo de buscar la final del Open de Australia tras un triunfo titánico ante Shapovalov

Foto: Rafa Nadal tras la victoria. (Reuters/Morgan Sette)
Rafa Nadal tras la victoria. (Reuters/Morgan Sette)

Increíble partido el vivido en los cuartos de final del Open de Australia, con un épico Rafa Nadal que fue capaz de llevarse una de las mejores victorias de su carrera ante Denis Shapovalov (6-3, 6-4, 4-6, 3-6 y 6-3). El canadiense llegó al torneo con el objetivo de dar la sorpresa, donde estaba mostrando un nivel muy elevado y jugando realmente bien, por lo que el español era consciente de que debía de mostrar su mejor versión si quería meterse en semis. Pero lo que el español no podía esperar es que sufriera un inesperado problema estomacal en mitad del partido que a punto estuvo de dejarle KO. A pesar de ello, supo levantarse como el gran campeón que es a base de casta, coraje y garra para lograr una heroicidad sobre la pista.

Estamos acostumbrados a ver un Nadal abonado a la épica, que nunca se rinde y que pelea todas las bolas, por muy difíciles que se le pongan los partidos. Aunque, a veces, se le complican los encuentros, como es lógico en un deporte como el tenis: en ocasiones, simplemente se trata de un bloqueo propio, de que el jugador rival sube el nivel o, incluso, de la conjunción de ambas cosas, pero lo que el español no iba a esperar es lo que le sucedió en la Rod Laver. Y es que, cuando mejor tenis estaba haciendo, una indisposición gástrica le sobrevino en mitad del partido, lo que le impedía moverse, golpear con normalidad y le dejó claramente mermado, hasta el punto de ponerlo contra las cuerdas.

Foto: Denis Shapovalov, tras derrotar a Zverev. (EFE/EPA/Dean Lewins)

Antes del comienzo del torneo, la principal duda de Nadal era saber cómo le respondería el físico en pista. Después de tanto tiempo de inactividad —más de cinco meses—, su duda radicaba en el estado de sus piernas y de su nivel de resistencia, teniendo en cuenta que en Australia podía darse el hecho de jugar partidos largos a muy elevadas en temperaturas. Lo increíble no es solo que Nadal esté mostrando un nivel realmente elevado, sino que posiblemente es el más alto en mucho tiempo. El partido ante Shapovalov iba encaminado sin sobresaltos... hasta que sucedió lo inesperado.

Nadal comenzó el choque tratando de mostrar que mandaba en la pista. Al español le corría mucho la bola, los golpes desde el fondo de la pista desmontaban a su rival y su servicio funcionaba, lo que complementaba a la perfección su juego. Nadal estaba intratable, mostrando un nivel excelso, el mismo que ha tenido desde que llegara a Australia, y sus poderosas derechas le permitieron llevarse la primera manga con relativa facilidad (6-3), un guion que se repitió en el segundo set.

El balear estaba pletórico, a sabiendas de que, en caso de cerrar el segundo parcial, podría desarmar a un Shapovalov que se le veía de brazos caídos para firmar su pase a semifinales. El canadiense trataba de imponer su juego, pero un poderoso Nadal le impedía entrar en pista, no le dejaba activarse y hacía que sus esfuerzos fueran en vano, pues se encontraba siempre contra el muro del español, capaz de devolver todas las bolas, por difíciles que fueran. El español crecía en el partido y el canadiense era incapaz de encontrar los resortes para hacerle daño en pista, lo que le permitió llevarse la segunda manga (6-4). Pero, entonces, algo inesperado se cruzó en su camino.

El número cinco del mundo trataba de seguir imponiendo su juego, pero, de repente, la bola dejó de correr, su saque ya no era tan poderoso y las sensaciones en pistas no eran buenas. Además, Shapovalov, consciente de que su momento era ahora o nunca, subió su nivel y empezó a creer en su juego, le empezaron a entrar bolas imposibles y, especialmente con su saque, empezó a mandar en pista. Pero algo le pasaba Nadal. El balear no era el mismo, no solo porque hubiera perdido parte de su juego, sino porque sus gestos decían que algo pasaba: ya no perseguía todas las bolas, se dejaba llevar e, incluso, empezó a mostrar fallos extraños al servicio. Eso permitió a Shapovalov meterse en el partido, llevándose el tercer parcial por 4-6.

placeholder Nadal sabía que necesitaba tiempo. (EFE/EPA/Dean Lewins)
Nadal sabía que necesitaba tiempo. (EFE/EPA/Dean Lewins)

Era el momento de sobrevivir

Esa sensación se agravó en la cuarta manga, donde se veía al español con muy mala cara y demostrando que algo le pasaba: solo llevaban un par de bolas cuando el gesto de Nadal fue claro: "¿Puedes llamar al médico, por favor?", le espetó a Carlos Bernardes, juez de silla del partido. Todas las alarmas se dispararon cuando el español pidió la entrada del doctor, pues no es habitual verle pidiendo asistencia y, si lo hacía, era porque algo pasaba. Pronto, sus gestos delataron que un extraño dolor de estómago se había apoderado de él y no le dejaba moverse por la pista.

Una pastilla para cortar el problema fue el único remedio, por lo que Nadal sabía que solo necesitaba una cosa: tiempo. Necesitaba alargar el choque lo máximo posible para que el medicamento hiciera efecto y pudiera volver a ser competitivo. Shapovalov lo sabía e intentó tirar por la vía rápida, logrando igualar la contienda tras llevarse el cuarto set por 3-6. El español aprovechó el descanso para ir al servicio y recuperar sensaciones, algo que no le sentó muy bien al canadiense, que montó en cólera contra Bernardes. Ya antes había tenido un enganchón serio con él: "Sois unos corruptos", le llegó a espetar.

placeholder El Nadal más épico. (Reuters/Asanka Brendon Ratnayake)
El Nadal más épico. (Reuters/Asanka Brendon Ratnayake)

Y Nadal, que a estratega no le gana nadie, supo aprovechar su momento. Cuando peor se habían puesto las cosas, más complicado estaba el choque y más cuesta arriba estaba la situación, el español se agarró el partido. Sabía que debía atarse a su servicio y aprovechar alguna oportunidad de rotura para seguir con vida Australia y eso es lo que hizo. Tras ganar su primer servicio, consiguió romperle el saque a Shapovalov, consolidando la rotura con su servicio y demostrando que no estaba dispuesto a rendirse. Cuando parecía estar con un pie fuera, Nadal se ponía 3 a 0 en el quinto set y tiraba de épica para tratar de continuar en Australia.

Y vaya si lo hizo, a lo grande. Nadal supo mantener su saque de aquí hasta el final para sellar un increíble partido y llevarse la victoria por 6-3, 6-4, 4-6, 3-6 y 6-3. Parecía un encuentro plácido, pero un inesperado problema estomacal se lo complicó hasta el punto de estar contra las cuerdas ante un Shapovalov que desaprovechó la gran oportunidad de su carrera. El español volvió a demostrar que nunca se rinde, que siempre da el máximo en pista y que, incluso en los momentos más difíciles, sabe abonarse a la épica para lograr una de las victorias más grandes de su carrera. Ya está en semifinales de Australia, donde se medirá al italiano Matteo Berrettini, que derrotó en cuartos a Gael Monfils. Veremos cómo se encuentra para entonces, pero, lo cierto, es que Nadal ha vuelto a demostrar por qué es el mejor de la historia.

Increíble partido el vivido en los cuartos de final del Open de Australia, con un épico Rafa Nadal que fue capaz de llevarse una de las mejores victorias de su carrera ante Denis Shapovalov (6-3, 6-4, 4-6, 3-6 y 6-3). El canadiense llegó al torneo con el objetivo de dar la sorpresa, donde estaba mostrando un nivel muy elevado y jugando realmente bien, por lo que el español era consciente de que debía de mostrar su mejor versión si quería meterse en semis. Pero lo que el español no podía esperar es que sufriera un inesperado problema estomacal en mitad del partido que a punto estuvo de dejarle KO. A pesar de ello, supo levantarse como el gran campeón que es a base de casta, coraje y garra para lograr una heroicidad sobre la pista.

Estamos acostumbrados a ver un Nadal abonado a la épica, que nunca se rinde y que pelea todas las bolas, por muy difíciles que se le pongan los partidos. Aunque, a veces, se le complican los encuentros, como es lógico en un deporte como el tenis: en ocasiones, simplemente se trata de un bloqueo propio, de que el jugador rival sube el nivel o, incluso, de la conjunción de ambas cosas, pero lo que el español no iba a esperar es lo que le sucedió en la Rod Laver. Y es que, cuando mejor tenis estaba haciendo, una indisposición gástrica le sobrevino en mitad del partido, lo que le impedía moverse, golpear con normalidad y le dejó claramente mermado, hasta el punto de ponerlo contra las cuerdas.

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