ahora mismo está sin contrato firmado

La jugada maestra de Federer: coquetear con Uniqlo para que Nike le vista toda su vida

Roger Federer viste de Nike desde que tenía 13 años, pero ahora se plantea un cambio para la pujante marca japonesa. En caso de marcharse, perdería su marca persona, la RF

Foto: Roger Federer, vestido de Nike. (ReuterS)
Roger Federer, vestido de Nike. (ReuterS)

Hay disyuntivas en la vida en las que difícilmente puedes equivocarte. Roger Federer está frente a una de esas ahora mismo. Nike y Uniqlo pujan por vestirle, los dos ofrecen cantidades abundantes de dinero para que se ponga en todos los partidos una prenda con su logotipo. La oferta de la firma japonesa está estimada en 30 millones de euros anuales durante los próximos diez años. La firma americana, en principio, no llegará a esas cifras, pero tampoco le dará migajas. El contrato que firme le permitirá aumentar todavía más su ya de por sí enorme cuenta corriente.

Lo curioso es que Roger Federer se lo esté pensando, eso habla bien del empuje de Uniqlo. El primer contrato del suizo con la marca de Oregon se firmó en 1994, él tenía 13 años. Así que Nike le vistió cuando llevaba el pelo con un teñido imposible, cuando iba con coleta, cuando se cortó el pelo, cuando empezó a ganar torneos pequeños, cuando le dio por ganar grandes, cuando se convirtió en el mejor jugador de todos los tiempos... siempre ha llevado el swoosh en el pecho, también en la cinta del pelo y en las muñequeras. Verle vestido de otro modo sería, de algún modo, como encontrarse a Iniesta vestido del Real Madrid.

Sin contrato desde marzo

El caso es que desde marzo, Roger Federer viste de Nike pero no es un hombre de Nike. Expiró su contrato previo y no rubricó el siguiente, en buena parte porque Uniqlo llamó a su puerta. Es un caso sensible el del suizo, porque en realidad tampoco le debería quedar mucho tenis por delante. Este año cumplirá 37, y a esa edad el tiempo se agota, no hay otra manera de venderlo. Claro que eso a Nike tampoco le importó demasiado en otros casos. Hace unos meses firmó un contrato con Lebron James, que tampoco es un jovencito, por el resto de sus vidas. 1.000 millones de dólares ponía la marca a cambio. Un buen negocio.

No le queda mucho tenis a Federer, pero es una de esas personas que tampoco necesita jugar para ser rentable. Uno de los contratos de esponsorización más cacareados de la historia, el de Michael Jordan, ha sido teóricamente igual de rentable vestido de corto que de largo. Y Roger Federer está a esa altura, el mejor de siempre en su deporte, uno de los más grandes atletas de todos los tiempos, una presencia rotundísima que, además, es el epítome de la elegancia.

Perder su marca personal

Pero no termina de llegar esa oferta que iguale la de Uniqlo. Y no es solo cosa de dinero, Federer, en estos meses sin patrocinador, ha seguido vistiendo Nike aunque no haya acuerdo. Da la sensación de que no quiere cambiar, pero que tampoco terminan de darle lo que cree que merece. Salir de la marca americana tiene algún que otro quebradero de cabeza añadido, porque no es solo una cuestión de dinero. Hasta el momento era el tenista que más cobraba de los americanos. Más que Nadal, cuyo último contrato está estimado en 50 millones de euros divididos en cinco años.

El primero es que la marca personal de Roger Federer, la RF, es propiedad de Nike, y perder una imagen de tanto tiempo es un fastidio. También hay otro mal añadido, y es que Uniqlo no fabrica zapatillas, así que al suizo le pondrá en una situación algo extraña que a los japoneses no parece importar demasiado, al fin y al cabo su ofertón no contempla la necesidad de calzar a la estrella.

Hay también comentarios sobre el interés de Federer de buscar una línea más propia. Nike siempre ha tenido sensibilidad tanto con él como con Nadal, porque a las grandes estrellas hay que escucharlas, pero por lo que se ve el genio quiere un poco más de autonomía. También porque sabe que la carrera se le termina y no le va a faltar tiempo libre que quiere dedicar a nuevas aficiones.

El esfuerzo de Uniqlo por conseguir grandes nombres del tenis no es nuevo. Hace años que Kei Nishikori juega con ellos, y también tuvieron un tiempo bajo contrato a Novak Djokovic. En 2017 el serbio terminó su relación con ellos para pasar a Lacoste, aunque con él nunca se sabe, es muy dado al cambio de vestuario y espera que haya un nuevo postor que le quiera poner su logotipo a la ropa que viste cada semana.

Roger Federer, con su marca personal en el pecho.
Roger Federer, con su marca personal en el pecho.

La importancia de Wimbledon

Tampoco sería el primer gran tenista en cambiar de marca. Quizá el caso más clásico es Agassi, que hizo un camino de ida y vuelta de Nike a Adidas que también sirvió para cambiar su imagen. El de Las Vegas fue uno de los deportistas más icónicos de los 90, y en todos sus cambios de piel sorprendió, no solo con la ropa, pues no deja de ser el hombre que jugó con una peluca profesionalmente. Tiene su mérito.

La noticia de la salida de Federer de Nike, o para ser más concretos, de la disyuntiva de Roger, la dio un periódico suizo, lo que lleva a pensar a muchos que no deja de ser una estrategia del ídolo para presionar un poco a la casa madre. Más años, más dinero, más capacidad creativa. Federer pide y a ver qué le dan en Oregon, para llegar a un acuerdo no está mal publicitar el conflicto.

El desenlace de este pequeño culebrón previo al verano se debería dar en unos días. Federer está en Stuttgart y viste de Nike, pero es un poco lo de menos. Lo de más será Wimbledon, la catedral del tenis que también es el lugar en el que Roger suele ganar. Es una enorme ocasión de márketing, para él y para la marca que haya ganado esta puja. Este año en Londres puede tener su primer torneo con Uniqlo. O su último con Nike. O uno más de su eterna carrera con el Swoosh cruzándole el pecho. La decisión de Federer está al caer.

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