venció a nishikori y logró su undécimo montecarlo

Por qué Nadal no hace pilates, pero siempre está dispuesto a entrenar un poco más

El número uno, Rafa Nadal, se confiesa inquieto, en el tiempo de su lesión ha tenido que estar parado muy contra su gusto. Estos días ha llegado a pedir una pista para entrenar tras un partido

Foto: Nadal, con su undécimo torneo en Montecarlo. (EFE)
Nadal, con su undécimo torneo en Montecarlo. (EFE)

"¿Haces pilates?". "No, no tengo la calma suficiente para ese tipo de cosas, necesito algo más dinámico". Rafael Nadal tiene poca paciencia para determinadas cosas. Es un tipo nervioso, siempre inquieto, y ese rasgo de su personalidad tiene bastante que ver con su juego. Para haber llegado a su nivel, el más alto de todos los posibles y por el que este domingo ha ganado por undécima vez Montecarlo, ha necesitado pulir errores y entrenar como nadie más lo ha hecho. Lo de quedarse en casa nunca fue la opción preferida. Más bien todo lo contrario.

"No soy mucho de ver televisión", explicaba hace unos días Nadal en Montecarlo cuando era preguntado por su actividad durante la última lesión. Así que, a falta de eso, un poco de barco, un poco de fiesta —sí, es humano— y papeleo en la academia que desde hace un par de años ayuda a llenar su escaso tiempo libre. "No podía estar en las pistas con los niños porque casi no podía moverme, así que estuve en las oficinas mirando otras áreas", relataba Rafa a 'The Independent'.

"Estaba un poco aburrido porque no me gusta no hacer nada, pero eso es lo que tuve que hacer", decía también el número uno. Que estaba ansioso por volver era obvio, quizá porque sabía que lo que venía por delante es su época favorita del año, un terreno del calendario en el que siempre parece un parque de bolas para un niño chico. Decir que este año Montecarlo ha sido más sencillo que en otras temporadas es superfluo, porque es difícil extrapolar, pero a nadie se le escapa la rotundidad con la que el español se ha llevado su undécimo, sí, undécimo, título en el principado monegasco.

36 sets seguidos ganando

Lo ha conseguido sin ceder un set, de hecho lleva 36 sets seguidos ganando en tierra batida. En ninguno de ellos le ha hecho su rival más de cuatro juegos, lo que explica sin necesidad de mucho análisis el tipo de dominio del que hablamos. Había dudas, por supuesto, porque ha pasado un invierno difícil. La lesión muscular que tuvo en Australia volvió cuando parecía curada, lo que extendió aún más la inactividad del número uno, para cabreo de Rafa, que ya dice que no quiere quedarse quieto mucho tiempo, porque se aburre.

Pensar que la personalidad de Nadal no tiene que ver con su excelencia es conocerle poco. Más allá de su resistencia mental en los partidos, que es evidente para cualquiera que le haya visto con una raqueta en la mano, está la sensación de que para él siempre todo es insuficiente, un impulso inconformista que le ha hecho pasar más horas encima de una pista de tenis que cualquiera de sus rivales, limando sus defectos hasta conseguir una máquina casi perfecta de hacer tenis. La prueba más reciente, que no será la última, está en este vídeo.

Termina su partido contra Dimitrov, de semifinales, y se apresura a coger el teléfono. ¿Por qué? Porque quiere entrenar. Se le ha hecho corto el partido y cree que su brazo precisa de una mayor carga de trabajo. "Mandé un mensaje a Carlos [Moya] para decirle que necesitaba que reservasen una pista rápido, quería probar algunas derechas ganadoras que creía necesarias". Necesarias, se entiende, para ganar a Nishikori, y es imposible saber qué hubiese pasado si no hubiese tenido ese rato de tenis, pero es evidente que la fórmula que él pensó fue altamente efectiva.

Sin saltarse un torneo

"Tuve opciones en el primer set para tener un poco mejor resultado y no las aproveché, la única manera para mantener el nivel y las opciones de poder ganar después de 10 o 12 años es seguir mejorando las cosas", explicaba Nadal. Toda esta filosofía personal, estajanovista hasta límites insospechados, marca también una diferencia grande entre el Rafa de hoy y Federer. En realidad, siempre parecieron diferentes, porque el suizo, aunque de un modo algo mentiroso, nunca parece esforzarse, todo en él es consecuencia de una naturalidad pasmosa.

Esas dos maneras de ver el mundo también explican que uno no se plantee saltarse ningún evento del calendario y el otro haya tachado con el boli todo lo que había de gira de tierra. "Hay torneos que no me puedo imaginar pasarlos a propósito, porque adoro jugarlos. No me veo no yendo a Montecarlo, o a Wimbledon, o al US Open, o a Australia, o a Roma... No me veo saltándomelos", contaba estos días. También hay que contar con que Nadal es cinco años menor, y aunque haya sido más castigado por las lesiones, también hay que pensar que esa juventud no se compra con dinero.

"Por supuesto que cuando te haces mayor tienes que ajustar un poco más tus esfuerzos y el calendario. Pero para mí es difícil decir, por ejemplo, que no jugaré en hierba o en dura. No es mi plan, pero no puedo decir 'nunca' porque no puedo predecir el futuro", razonaba estos días en Mónaco. No quiere por filosofía, porque el físico se lo permite y, también, por qué no decirlo, porque para él estar compitiendo es lo mismo que no aburrirse.

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