busca el undécimo título en roland garros

Se busca rival digno para gira de tierra batida. Razón: Rafa Nadal

No es solo que sea el mejor jugador de siempre sobre la superficie, es que los que tendrían que ser sus rivales no parecen en condiciones de plantar cara al número 1

Foto: Nadal sirve en Montecarlo. (Reuters)
Nadal sirve en Montecarlo. (Reuters)

El partido contra Dominic Thiem debió alarmar a los dirigentes del tenis mundial. Si Rafa Nadal es capaz de tratar a un jugador de ese nivel como un muñeco de trapo, ¿cómo se puede vender que los próximos meses van a ser competitivos? No es un problema menor, aunque para el tenis español sea una bendición. El mejor jugador de la historia sobre tierra siempre aparece en esta zona del calendario con ventaja competitiva, pero esta temporada el abismo parece todavía mayor.

Y es que un recorrido por la lista mundial no arroja más que dudas sobre quiénes pueden llegar a plantar cara a Rafa. Lo primero, claro, por su maestría, no deja de ser el mejor jugador en la superficie no en el presente, en la historia. Sus diez títulos de Roland Garros, cuatro más que el siguiente (Bjorn Borg), así lo atestiguan. Y solo hay que ver su juego, diseñado para hacer daño sobre la arcilla, para entender que en cualquier refriega en la que se meta será favorito.

Pero no, no es solo eso. En otras temporadas Nadal ya tenía a su disposición el arsenal perfecto, y en consecuencia solía ganar, pero al menos era sencillo identificar a los rivales a seguir, aquellos que en una buena tarde podrían llegar a darle un susto. No quiere decir que ahora no pueda ocurrir, que no exista un tenista que pueda o que en los próximos meses vayamos a ver a un Nadal invicto. Pero ¿quién?

Los viejos rockeros

Roger Federer no responde a las llamadas. Se ha pasado el invierno coqueteando con la opción de jugar una temporada normal y no acortar su calendario. Acudir a Roland Garros y, quizá, a algún torneo preparatorio más. Ese interés se desvaneció en el momento en el que el suizo, el mejor jugador de todos los tiempos, anunció que un año más él no pisaría el ladrillo machacado. Uno menos para Nadal.

El español, aunque a media voz, ha criticado la ausencia de su viejo rival en esta temporada. Quería medirse con él en París, para demostrar que sigue siendo más fuerte. En los últimos tiempos Nadal ha estado por debajo en sus enfrentamientos y la mejor manera que tendría para revertir esa tendencia —dolorosa y real— sería enfrentarse a su archienemigo en su terreno. Federer, como una anguila húmeda, se escapa y le espera en el verano, en la hierba de Wimbledon o en la gira de cemento.

Federer porque no va, el resto porque no parece estar. Andy Murray, que nunca le plantó cara de verdad a Rafa en tierra, está fuera de competición tras una operación de cadera de la que nadie sabe a ciencia cierta si retornará en algún momento. Ni el nivel que podría alcanzar si efectivamente vuelve. Stan Wawrinka, finalista la pasada temporada en Roland Garros, también está fuera de competición. Algunos problemas de rodilla le han apartado de las pistas los últimos meses, y a los 32 años no es fácil saber cómo será su readaptación cuando toque. En principio debería estar en París, pero no hay por el momento fecha de vuelta. Si vuelve, habrá que ver si su nivel es suficiente para hacer algo contra el coloso.

El otro de los fantásticos es Novak Djokovic, que durante unos años fue el mayor incordio para Rafa en la superficie. El serbio, en todo caso, parece haber olvidado cómo se juega al deporte que le hizo rico y famoso. Entra en los cuadros de los torneos, pero está muy lejos de tener el nivel que un día tuvo. Acaba de volver con Marian Vajda, su entrenador de siempre, buscando retomar las sensaciones del pasado, pero es improbable que tenga tiempo suficiente para convertirse en un problema para Nadal.

Jóvenes ¿sobradamente preparados?

La nueva generación viene dándose trastazos durante años, pero se supone que en algún momento esas jóvenes promesas se convertirán en realidades. Lo que hay que ver, que no es sencillo, es si dan el perfil para plantar cara a la leyenda. El más llamativo de todos es Alexander Zverev, que con 21 años ya ha ganado torneos importantes y anda cuarto en el ránking mundial. Aunque por el momento naufraga cuando tiene que jugar al mejor de cinco sets, lo cual hace un poco más complicado que sea candidato al cetro de Rafa en París. También es cierto que su juego no se adapta del todo bien a la tierra batida. Hay, además, un partido reciente que recordó al mundo la distancia que hay por el momento en ese partido. La pasada semana se enfrentaron en la Copa Davis y Nadal no tuvo piedad, le dejó a una distancia sideral, como diciéndole que se podía olvidar de esta gira, que no es su territorio.

La mayor esperanza podría ser Dominic Thiem, que el año pasado emergió como un jugador muy sólido, especialista en tierra, capaz de hacer sudar a Nadal e incluso ganarle en los cuartos de final de Roma. Todos los datos que llevan a pensar en él como adversario perfecto para buscarle las cosquillas al número 1. Y eso era así hasta que se vio el partido de los cuartos de final de Montecarlo. 6-0 y 6-2, por si alguien tiene dudas. El austriaco, que sigue entre los diez mejores, puede poner en dificultades a Nadal, pero no parece que vaya a ser este el año del cambio de guardia.

Hay otros nombres, como Lucas Pouille, que tiene un juego vistoso y en ocasiones ha encadenado semanas a alto nivel. La pregunta, como en todos, es si su juego tiene la calidad suficiente para plantar cara de verdad a la mayor leyenda de la tierra batida. En cuanto a Nick Kyrgios... si los astros se alinean, puede competir, porque tiene un tenis exuberante, válido para cualquier tipo de lugar. Asumido eso, ¿qué opciones reales hay de que alguien tan volátil como él pueda acorralar en un partido de cinco sets al cuadriculado Nadal?

Los otros

Hay muchos más jugadores de élite en el circuito, pero por unas cosas o por otras todos parecen fallar en algo. Quizá Grigor Dimitrov, su rival este sábado en las semifinales de Montecarlo, es el más completo de los que quedan, pero nunca termina de dar el salto, más aún de la tierra batida. Juan Martín del Potro, además de la calma a la que obliga su vida de lesiones, nunca fue un especialista en tierra y su lentitud en el paso lateral lleva a pensar que Nadal, en París, podría volverle loco.

Luego está el regimiento de sacadores, jugadores como Marin Cilic, Kevin Anderson o John Isner que en este momento se encuentran entre los diez primeros de la clasificación mundial. Aunque alguno de ellos ha dado un salto adelante en su juego, y han logrado hacerlo más diverso, siempre queda la duda de si serían capaces de mantenerse en la pista contra un especialista total en un terreno que no es el suyo. Nadal, especialista en marcar su ritmo, lleva una carrera entera abusando de sacadores en arcilla y ellos tampoco tienen demasiado más que aportar.

Quizá los casos más intrigantes sean los de Milos Raonic y Kei Nishikori. Ambos están lejísimos en el ránking después de varias lesiones de consideración, pero son jugadores peligrosos. El japonés ha ganado un par de veces en Barcelona, prueba de que es muy competitivo en tierra. Claro que no a la altura de Nadal, que siempre que se lo ha encontrado sobre la arena ha terminado desmontándole. El canadiense es un caso un poco extraño, porque es un cañonero, pero tiene un poco más que eso. Se mueve bien en tierra, pero como tantos otros no parece una alternativa creíble al tenis de Nadal.

¿Y los españoles? Grandes especialistas, pero muchos de capa caída y casi todos incapaces de desafiar a Nadal en un partido. El balear es uno de los mejores de siempre, pero es que además parece disfrutar el doble cuando se cruza con un compatriota. Ferrer, Verdasco, Carreño, Bautista, Ramos... todos ellos pueden hacer buenos papeles en esta fase de la temporada, serían temidos por cualquiera, pero probablemente no por Nadal.

Queda, eso sí, un rival temible que puede tumbar a Nadal pero nunca ganará un torneo: las lesiones. El número 1 parece imbatible, pero sale de dos meses sin jugar y en su carrera ha tenido varios episodios físicos que le han apartado de los mejores títulos. Siempre es una opción, la más indeseable, también la más clara para que se evite lo que parece inevitable.

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